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"Queremos que los afiliados a Pami aprovechen al máximo las propuestas recreativas"

El director de la agencia Rosario, Arístides Lasarte, comentó que el abanico de talleres es amplio. Asegura que están buscando darles mayor contención a los más vulnerables.

Domingo 15 de Julio de 2018

Pami es la obra social de más de 280 mil personas en Rosario y zona. Pero además de cumplir con la asistencia en salud brinda subsidios a los centros de jubilados para que puedan ofrecer talleres y actividades recreativas. Las propuestas, que llegan de todos los barrios de la ciudad y pueblos cercanos, se renuevan año tras años aunque en algunos centros hay actividades que se vienen realizando desde hace décadas. "Cuando visitamos los centros advertimos de manera contundente lo importante que es la compañía, el encuentro con otros jubilados y jubiladas, la posibilidad de pasar una tarde aprendiendo cosas nuevas o despejando la mente. La verdad es que nos gustaría que los afiliados aprovechen al máximo todas las propuestas", dijo Arístides Lasarte, director local, en un encuentro con Más.

—Además de ser una obra social, Pami tiene como objetivo funciones de contención y asistencia por fuera de lo estrictamente relacionado con la salud.

—Exacto. Además de la parte prestacional médica, Pami tiene una función social que está vinculada, no sólo con los centros de jubilados, sino con el hecho de darle contención a cualquier afiliado que tenga un nivel más alto de vulnerabilidad y al que hay que asistir de una manera particular. Respecto de los centros de jubilados, puntualmente, Pami subsidia los talleres que se brindan. La cantidad de propuestas de cada centro depende mucho de lo que necesita y solicita cada uno de estos espacios, y por supuesto también de la demanda. Supongamos que hay un grupo de afiliados que quieren hacer folclore en tal lugar. Bueno, presentan la solicitud de subsidio, Pami cumple con la normativa y se les asigna lo que pidieron. Hay talleres de reiki, otros para agilizar la memoria, de dibujo, de gimnasia. Hay uno en la zona de Armstrong que trabaja con familiares de personas de Alzheimer (aunque este tipo de actividad no es las más típica).

—¿La demanda pasa más por lo recreativo?

— Sí, y eso no es azaroso. Pami busca trabajar en la prevención, en lo que tiene que ver con la contención social, con sacar al afiliado del encierro, del aislamiento. Cuando nosotros vamos a visitar los centros de jubilado las historias se repiten. Muchos hablan de la soledad, de lo que consiguen cambiar en estos espacios. Hay afiliados que van a talleres que les quedan lejos de su casa porque en ese centro en particular tienen amigos o amigas. Van a la tarde y el fin de semana organizan salidas. Hay muchos vínculos que exceden las actividades del centro de jubilados que muchas veces funciona como una buena excusa para encontrarse, para acompañarse. Además Pami tiene convenio con UNR donde ofrece más de 70 cursos en lo que denominamos UPAMI. En verano hacemos convenios con los distintos municipios para darles a los afiliados de diferentes localidades —no sólo de Rosario— la opción de las colonias de verano. En invierno, por ejemplo, hacemos acuerdos con piletas cubiertas para los que desean hagan aquagym. El abanico de propuestas es muy amplio.

EM_DASH¿Los subsidios para los talleres son de renovación anual?

—Son anuales, pero la verdad es que hay actividades que hace 20 o 25 años que se vienen desarrollando. Está muy bien que aparezca la novedad y también que se sostengan aquellos talleres que funcionan bien. Y hay muchos que crecen. Son lugares de contención muy importantes.

—¿Cómo está funcionando el turismo social?

— ¡Bien!. En los últimos cuatro meses se hicieron cinco viajes. A Embalse Río Tercero y a Tucumán, por ejemplo. Se invita a los afiliados a que se anoten en una lista y participen de esta posibilidad. El viaje es gratuito. En estas experiencias se dan situaciones muy especiales. Es que muchos lo disfrutan como si fuese una especie de viaje de estudios, con mucho entusiasmo, nos dejan notas con mucho afecto después de esos viajes. Siempre tomo esa cita que dice: más zapatillas y menos pastillas. Obviamente hay patologías y situaciones que no admiten ponerse las zapatillas, está claro, pero queremos que los jubilados aprovechen al máximo estas opciones, que les den uso porque es un derecho. Nuestra gente, desde Pami, va en forma permanente a los centros a difundir estas acciones y a escuchar qué otras cosas quieren hacer. Conocer el terreno es fundamental. Conocerlos a ellos...

—¿Cree que hay suficientes centros de jubilados en nuestra región?

—Hay en toda la ciudad pero quiero aclarar, ante todo, que son personas jurídicas distintas a Pami. Los centros no son de Pami. A veces los afiliados vinculan directamente al centro de jubilado a la obra social y van allí a pedir determinadas cosas o hacer reclamos. El centro no da esas respuestas, no es responsable. Es como un club social al que Pami lo acompaña dándole subsidios para el taller o lo que denominamos autocuidados (enfermería, pedicuría). Tiene que quedar claro eso. En los pueblos ocurre más. La gente confunde el centro con el propio Pami. Los afiliados van enojados porque les falta tal cosa, una medicación, una prestación. Lo cierto es que deben recurrir siempre a la agencia Pami de la localidad en la que viven. De todos modos, muchos centros colaboran recogiendo las quejas y nos lo informan. Eso es de enorme utilidad, son un gran nexo, pero no están obligados.

—¿En los pueblos funcionan talleres?

—Sí. Nos comentan que antes se quedaban durmiendo la siesta o aburridos en la casa y ahora van a bordado, a dibujo, a gimnasia. Por eso insistimos en que hay que invitarlos a participar y también decirles a los jubilados que se animen, que vayan, que se acerquen. Y apelo a las familias para que los apoyen a ir, que los incentiven a conocer un centro de jubilados. Eso es muy importante. Acompañarlo o acompañarla, la primera vez, para estimularlos y para que no se queden solos. Averiguarles en el barrio donde está el centro de jubilados más cercano.

EM_DASH¿Siempre hay más mujeres que hombres?

— La mayoría son mujeres. Por diversos motivos. Notamos cierto prejuicio en el varón...Eso debería cambiar.

—¿También entregan bolsones los centros de jubilados?

—El centro gestiona ese pedido. El bolsón tiene determinados alimentos, supervisado por una asistente social y una nutricionista. Eso lo brinda Pami.

—¿Cuáles son los ejes de su gestión?

—Yo asumí hace un año. Mi primer objetivo sigue siendo tratar de reorganizar administrativamente la UGL ya que había algunos desajustes. Eso generaba demoras, que la respuesta no sea siempre óptima, sobre todo en prestaciones médicas. Acá hay dos grandes planos: la obra social que brinda prestaciones médicas y una función social, como dije, vinculada a los centros de jubilado pero también a la contención de los hombres y mujeres que están en estado de extrema vulnerabilidad. Lo hacemos mediante subsidios y apoyo de profesionales, asistentes sociales. Esto torna a Pami en un instituto atípico dentro de la categoría de obra social.

—Dar respuestas a los afiliados es la clave, más en el contexto en el que nos encontramos...

—Brindamos cobertura a más de 280 mil afiliados. Desde Puerto General San Martín hasta Rufino. Son 23 agencias. 180 mil afiliados son del Gran Rosario y el resto del interior. Nos encontramos con realidades completamente distintas y prestaciones totalmente distintas porque, se sabe, que en Rosario tenemos una cobertura casi total. Rosario está a la vanguardia en medicina. Delegamos muy poco en Buenos Aires. Y Pami tiene prestación de servicio con casi todos los efectores rosarinos. Pero cuando uno sale de la ciudad, la realidad es muy distinta.

— ¿Creció la demanda de los más vulnerables en este último año?

—A la vulnerabilidad Pami la entiende perfectamente y se le ha dado prioridad a una normativa que no se estaba aplicando correctamente y que es el 100 por ciento de cobertura en medicamentos. Había una normativa que indica que se deben cumplir determinados requisitos. Nosotros tenemos un área de asistentes sociales que determina que —aun cuando no se cumplen esos requisitos— , si se comprueba la vulnerabilidad de la persona, se le otorgan todos los beneficios. Pero si no tiene esa cobertura hay que tener en cuenta que Pami cubre entre el 50 y 80 por ciento de todos los medicamentos del PMO. Y si hay enfermedades de alta complejidad o crónicas (como diabetes) la cobertura de por sí es del 100 por ciento. En este año trabajamos particularmente en este aspecto: llegar a la mayor cantidad de afiliados y revisar todas las situaciones de los que están en mayor vulnerabilidad para darles la cobertura total. Al 90 por ciento de los reclamos que se presentaron se les dio curso. El resto se estudió a fondo y no se encuadra en la normativa.

—¿Cuál es el área de mayor conflicto en Pami Rosario? ¿Qué le preocupa?

—El invierno, en lo inmediato. Porque las enfermedades son mucho más frecuentes y el nivel de demanda es altísimo. Hemos trabajado en los últimos seis meses con convenios, contratos, para tener mayor capacidad de respuesta. Después me preocupan los reclamos que están en auditoría por el tema del plus que cobran algunos médicos. Y los turnos, desde ya. Sacando una urgencia, lo ideal sería que dentro de la semana esté el turno para los afiliados. También es cierto que en el sistema de salud en general esto no está ocurriendo. Pero Pami es una obra social con una población con una vulnerabilidad mayor y tenemos una directiva de nivel central de poner el acento en las auditorías para que en todas las áreas donde Pami tiene convenios el afiliado sea atendido en tiempo y en forma, tal cual lo necesita.

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