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Proyectos agroecológicos a la vuelta de la esquina

Con asistencia estatal quinteros del periurbano rosarino adoptaron métodos agroecológicos de producción de alimentos en los que el trabajo intensivo y el manejo reemplazan a los insumos químicos. Relatos que hablan del amor por la naturaleza y el respeto por el otro.

Domingo 11 de Febrero de 2018

Juan José Bruschi, Juan Lescano y David Maizares son tres productores periurbanos que decidieron darle una chance a otra forma de trabajar la tierra. Después de décadas de "hacer convencional", se sumaron hace dos años a un proyecto estatal de transición agroecológica que hoy los encuentra satisfechos con su labor y más convencidos que nunca de que otro modelo agrícola es posible y necesario.
   Con el apoyo de los gobiernos municipal y provincial (de Rosario y Santa Fe) estos tres quinteros dejaron de lado el paradigma químico para volcarse hacia otro abordaje de producción de alimentos que hace eje en la salud y que privilegia una relación directa con los consumidores, cada vez más atentos a la forma en la que se elabora la materia prima que llega hasta la mesa de todos los días.
   Algunos de los pilares más importantes del trabajo agroecológico son el manejo de los lotes, el diseño del predio, la instalación de corredores biológicos y la mejora permanente del suelo respetando la biodiversidad. En este enfoque de producción de alimentos ni todos los insectos son plaga ni todos los yuyos son malezas.
   La mano del Estado fue clave para apoyar la reconversión de estos productores que forman parte de un grupo más amplio que engloba a una veintena de quinteros en un proyecto de transición agroecológica que busca reconvertir lotes productivos del sudoeste de Rosario que comenzó con una hectárea en 2015 y que hoy abarca unas 40 hectáreas.
   Según explicaron Raúl Terrile (de la secretaría de la Producción) y Daniela Mastrángelo (de la secretaría de Ambiente), el programa también incluye herramientas para formalizar el trabajo de los productores hortícolas, un sector históricamente asociado a formas de empleo informales que los mantiene alejados de los circuitos crediticios o de comercialización.
   Es que la agroecología es un proyecto que incluye tres patas que deben priorizarse por igual para que los programas sean exitosos: lo social, lo económico y lo ambiental. "Si no es rentable no puede ser sustentable", dijo Terrile.
   Con solo dos años de trabajo encima algunos lotes ya fueron certificados como "sin agroquímicos" por el laboratorio de la Bolsa de Comercio de Rosario, el más prestigioso de la región, un sello que le otorga prestigio y certeza ante los ojos de los consumidores.
Un trío dinámico

En un terreno de tres hectáreas Bruschi hace aromáticas, hortalizas y plantas para huertas. Bajo un calor de esos que hacen honor al verano rosarino contó a Más que comenzó a trabajar la agricultura "convencional" con apenas 12 años de edad, una labor que prosiguió durante 30 años.
   Tras abandonar las tareas de quintero por un tiempo decidió volver al ruedo pero no quería seguir haciendo lo mismo: "Cuando retomé quería hacer algo diferente porque ya tenía preocupación por la forma del uso de los agrotóxicos". Fue entonces que se enteró del proyecto estatal "y me reenganché", señaló.
   "Venía viendo —en líneas generales en la producción hortícola y de frutas— el uso irresponsable de agrotóxicos permitidos y también prohibidos, esos que no deberían estar en el mercado pero que si están. Hay toda una cadena de irresponsabilidades y por esa preocupación es que yo quise hacer algo diferente", dijo. Fue así que decidió embarcarse en el proyecto del cinturón verde, al que llegó junto a otro puñado de productores que lograron sobrevivir con dificultades al avance de los desarrollos inmobiliarios y de la frontera sojera.
   Maizares, por su parte, trabaja 23 hectáreas (casi todas arrendadas) con cultivos intensivos y extensivos: alfalfa, maíz, trigo y avena (entre otras cosas), siempre con el objetivo de intentar darle valor agregado a la producción a través de la elaboración de harinas y forrajes.
   "Empecé con métodos agroecológicos hace dos años. Había arrancado un tiempo atrás con no aplicación de químicos porque mis terrenos están al lado de una escuela y eso me generaba conflictos. Fue así que surgió la idea de hacer alfalfa sin aplicar nada", recordó.
   Al poco tiempo terminó de convencerse de la idea agroecológica y dejó de usar agroquímicos. Comenzó a elaborar recetas propias en base a cola de caballo, ortigas o derivados del compost.
   Al productor, el tránsito hacia ese sistema "le cambió la forma de ver las cosas". "Yo creía que producía bien y me di cuenta de que no.
Somos productores de alimentos y de forma indirecta siento que envenenamos a la gente si usamos agroquímicos, porque el que dice que respeta los tiempos de carencia es mentira. De esta forma nos aseguramos de que la producción sea sana como debería ser, porque se trata de alimentos", razonó.
   Aunque admite que en un principio tenía muchas dudas respecto a la forma de controlar ciertas plagas, explicó que con el tiempo "eso se despejó" ya que la clave es actuar de manera preventiva. "Con el químico se aplica con la plaga instalada o a la vista, es algo curativo, pero nosotros aprendimos que no todos los insectos son malos y que se puede convivir con muchos, al igual que pasa con los yuyos, ya que no todo lo que nace es maleza".
Cambio de hábitos
Contra lo que muchos pregonan y contra lo que ellos mismos pensaban, el paso hacia una agricultura sin químicos no sólo fue posible sino que se convirtió en una fuente de trabajo eficiente, rentable y saludable en todos los sentidos de la palabra, tanto para los consumidores como para los propios trabajadores de la tierra.
   Así lo relató Bruschi, para quien, en el paso hacia una forma de producción agroecológica, "descubrimos muchas cosas que antes nos parecían imposibles". "Cuando yo hacía convencional hablarme de agroecología me parecía una utopía, pero con el tiempo descubrimos que no era así".
   Por eso, y en base a su propia experiencia de vida, sostiene que el sistema sin químicos funciona "perfectamente".
   "Lo que entendí después de haber sido convencional es que las tres décadas anteriores estuve con los ojos y los sentimientos vendados. Cambiar la forma de producir fue abrir la mente y encontrarse con la naturaleza".
   Incluso su reconversión laboral lo llevó a reinterpretar palabras que —según explicó— tenía olvidadas. "Le encontré otro sentido a la palabra respeto, respeto por la naturaleza y por nosotros mismos, que somos parte de eso aunque el sistema todo el tiempo nos quiera alejar de esa esencia".
   Esa nueva relación con la forma de producir alimentos incluye por supuesto al consumidor, que a partir de un mayor caudal de información busca cada vez mas frutas, verduras y hortalizas sin agroquímicos.
   "Sabemos que muchos consumidores buscan otro tipo de productos y por eso se toman la molestia de ir hasta una feria cuando es mucho más fácil ir a una verdulería convencional donde tenés todo junto", apuntó Bruschi, quien deslizó una confidencia: una mañana en la feria de la plaza Montenegro una señora les confesó que aunque ella tenía una verdulería, las compras para su familia las hacía en los tablones de productos agroecológicos.
   La posibilidad de vender su producción cara a cara con los consumidores es muy gratificante para los agricultores, según coincidieron los tres quinteros: "La venta directa en ferias y plazas me sirve en lo económico y en lo emocional. Los clientes te devuelven el esfuerzo que le pusimos y los comentarios hacen bien, te dan un empujoncito para seguir", confió Maizares.
   Terrile lo confirma: "Hablar con los compradores los motiva mucho, genera otra química y aparece un ida y vuelta que está bueno".
Manejo y trabajo
Pasar del paradigma químico a otro anclado en el manejo y el estudio cercano de los lotes exige mayor dedicación y trabajo. Para reforzar ese cambio en la manera de producir también fue fundamental contar con buena asistencia técnica ya que se trata de un sistema más complejo que el que descansa sólo en insumos de laboratorio.
   Maizares sabe por experiencia que el trabajo agroecológico demanda más trabajo y que todavía tiene algo de tipo artesanal ya que casi no existen herramientas adecuadas y por eso deben apañarse con máquinas adaptadas.
   Pero tras dos años de labor sus conclusiones son claras: la agroecología se puede hacer a gran escala y es rentable. "Estamos contentos. La gente tiene que entender que a veces nuestros productos pueden costar un peso más porque implican mayor esfuerzo y trabajo. Pero lo entienden, sobre todo los jóvenes que son los que buscan alimentos sanos".
   Lescano, que alquila dos hectáreas, pasó de hacer sólo rúcula con químicos (hace apenas dos años atrás) a diversificarse de la mano de otra manera de producir: en sus prolijos lotes se ve acelga, remolacha, ajo, brócoli, verdeo, lechuga y rabanito según la época del año.
   "Yo antes solo hacía rúcula con agroquímico pero me pasé a la transición agroecológica hace dos años. En general me gusta todo porque produzco verdura sana para el futuro nuestro y el de nuestros hijos y para que la gente coma sano. Y eso está bastante bueno la verdad", razonó el agricultor.
   Para darle manejo al lote intercala filas de aromáticas con las verduras y hortalizas, algo que sirve —según confió— para "confundir" a los insectos. "El romero, la lavanda, el orégano, el cedrón y el ajenjo tiene propiedades, algunos repelen y otros atraen insectos, son como pesticidas pero naturales", explicó.
   "Es otra forma de trabajo y se trabaja doble, y por eso la verdura vale un poquito más, porque tiene mucho trabajo encima", aclaró Lascano, quien lleva adelante la labor cotidiana con toda su familia: sus tres de mis hijos y su esposa, con quienes prepara la tierra, siembran, limpian, cosechan y venden. "Está bueno que sea un proyecto familiar", agregó.

La mano visible del Estado

La decisión política de avanzar hacia otra forma de producir alimentos fue clave para permitir que estos tres productores (entre otros) se animaran a avanzar hacia la agroecología.
   Si bien se trata de un tema más bien productivo, son varias las áreas municipales que están involucradas: Ambiente, Economía Social, Salud y Planeamiento aportan lo suyo y contribuyen a tener una mirada mas global del asunto.
   "La idea es fortalecernos entre todos y también tenemos apoyo de la Provincia", explicó Terrile, quien recordó que el programa comenzó en 2015 cuando comenzaron a hacer un relevamiento de productores y quinteros del cinturón verde local, la mayoría "sobrevivientes" del boom sojero y del avance inmobiliario en las periferias.
   A partir de allí empezaron a trabajar con un grupo de dos decenas de quinteros en un escenario difícil de desvalorización de su trabajo, muy afectado por una altísima tasa de informalidad y por la poca valoración social y económica de los trabajadores de la tierra.
   Según Terrile, eso cambió y hoy ese grupo de productores "se siente valorado y pudo diversificar su producción" gracias a la adopción de la lógica agroecológica. Esa reconversión estuvo acompañada de ayuda para la compra de insumos, capacitaciones técnicas y apertura de nuevas opciones de comercialización como las ferias de la economía social o los canjes saludables.

Dónde y cómo comprar la verdura

Uno de los puntos centrales del programa de reconversión a la agroecología es fortalecer los canales de venta directa entre los productores y los consumidores. Una forma concreta de hacer visible la trazabilidad de los alimentos que se llevan cada día a la mesa, que además motiva y entusiasma a los quinteros que disfrutan del trato con los clientes y los intercambios de información que surgen de forma espontánea cuando vendedor y comprador están convencidos de lo que hacen.
Por el momento, la producción agroecológica de los quinteros del periurbano puede adquirirse en los siguientes lugares y horarios:

Mercado del Patio (frente de la Terminal de Omnibus): en el local 31 donde funciona la verdulería agroecológica "De mi tierra". Abre de martes a domingo de 17 a 22 durante febrero (horarios de verano) y de 9 a 13 y de 16 a 21 a partir de marzo. Recordar que el Mercado del Patio permanece cerrado los días lunes.

Feria de Costa Alta (Costanera norte): durante febrero los puestos de venta están abiertos los domingos de 9 a 20.

Feria de la Plaza Alberdi (Rondeau y Puccio): todos los viernes por la mañana de 9 a 13.

A partir del mes que viene, cuando las actividades retomen el ritmo del año lectivo, los quinteros también ofrecerán sus productos agroecológicos en la feria de La Pérgola que funciona los días los domingos en Roca y el río, en la feria que se instala en la plaza Montenegro los días miércoles (frente al Centro Cultural Fontanarrosa), y por último en las Cuatro Plazas (Mendoza y Provincias Unidas) los sábados de cada semana.

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