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Los resfríos de verano

Son cuadros infecciosos causados por rinovirus y enterovirus. El contagio es favorecido por ciertas condiciones que produce el calor. Cómo se ve afectado el sistema inmunológico.

Domingo 18 de Febrero de 2018

Los resfríos son cuadros infecciosos que se producen frecuentemente en la época fría del año, pero también pueden ocurrir en verano. Los virus que producen los resfríos de verano son los rinovirus, los mismos del invierno, y los enterovirus, que circulan sobre todo en épocas cálidas. Estos virus pueden transmitirse cuando la persona enferma tose o estornuda y unas pequeñas gotitas (microgotas de Flügge) alcanzan a otra persona. También se transmiten al tocar superficies u objetos (picaportes, teclados) que el individuo resfriado toca después de estornudar o toser, o al estrechar la mano de una persona infectada cuando la usó para cubrirse la boca al toser o estornudar.

Hay ciertas condiciones propias del verano que tienden a afectar el sistema inmunológico, o sea a bajar las defensas, favoreciendo que las personas que entran en contacto con estos virus puedan resfriarse, entre las que se cuentan permanecer mucho tiempo en ambientes con aire acondicionado —ya que ese sistema de refrigeración quita humedad al aire y puede causar un "secado" del revestimiento interno protector de la nariz, lo que disminuye su eficacia defensiva—. También es importante mantener el aire a buena temperatura porque exponerse a una diferencia grande entre el ambiente exterior e interior (mayor a 10 grados) puede afectar los mecanismos de defensa de las vías aéreas.

También intervienen las situaciones de estrés excesivo causado por fechas límites para entregar trabajos, los exámenes estudiantiles; inclusive los preparativos para las vacaciones pueden generar esas condiciones adversas.

Se debe tener en cuenta un factor que por lo general pasa desapercibido: cambiar repentinamente la rutina de actividad física (hacerla más exigente) puede debilitar el sistema inmune. No es algo raro ya que las condiciones climáticas más favorables y la mayor disponibilidad de tiempo llevan a muchos cultores del running o los gimnasios durante el verano a sobreexigirse.

También durante los vuelos de larga distancia, donde se comparte un espacio cerrado y reducido durante varias horas con muchas personas, es posible contagiarse de otros pasajeros que podrían estar enfermos. Asimismo, puede suceder que la persona viaje al extranjero, donde se puede entrar en contacto con cepas de virus desconocidas para el sistema inmunológico, lo cual lo vuelve menos eficiente.

Los síntomas más evidentes de los resfríos de verano generalmente son parecidos a los cuadros que se producen durante el invierno. El proceso suele durar entre siete y diez días, alcanzando su máxima intensidad al tercer o cuarto día. Lo más común es sufrir congestión nasal o sensación de "nariz tapada", secreciones o mucosidad nasal (que suele ser clara), ardor en la garganta, tos seca y estornudos. También puede haber síntomas generales como fiebre, decaimiento, dolores musculares o articulares. Cuando la infección es por enterovirus, además de los síntomas respiratorios, pueden presentarse manifestaciones gastrointestinales como náuseas, vómitos o diarrea.

Dado que el resfrío es un cuadro de origen viral, sólo deben hacerse medidas de sostén hasta que el germen cumpla su ciclo y el cuadro se resuelva espontáneamente. En este sentido es importante descansar bien, alimentarse y sobre todo hidratarse en forma adecuada. Eventualmente pueden utilizarse algunos remedios destinados a mejorar determinados síntomas, como medicamentos para la fiebre, descongestivos.

No hay forma de evitar por completo los resfríos, pero hay maneras de reducir las posibilidades de contraerlos. En este sentido es importante el lavado frecuente de manos, evitar interactuar con aquellas personas que estén resfriadas y mantener el sistema inmune en las mejores condiciones posibles, mediante un buen descanso, evitando el exceso de estrés, no pasar demasiado tiempo en ambientes con aire acondicionado.

Lo que algunas personas denominan "resfrío de sol", en realidad no existe, ya que la exposición al sol no causa infecciones respiratorias de ningún tipo, salvo que sea muy intensa, en cuyo caso se puede producir un cierto estrés del sistema inmunológico. Lo que a veces sucede es que con la exposición al sol se incrementan los síntomas de un resfrío o de una alergia estacional y se interpreta erróneamente que el sol es causa y no un factor agravante, como realmente sucede.

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