mas

Las aventuras (científicas) de Tintín

Es una de las obras más importantes del género del cómic. En sus álbumes pueden encontrarse algunas curiosidades científicas que demuestran el cuidado que el autor ponía en los detalles.

Domingo 03 de Diciembre de 2017

En 1928 el diario belga Le Vingtième Siècle comenzó a publicar un suplemento infantil llamado Le Petit Vingtième. Ahí aparecieron, al año siguiente, Las aventuras de Tintín, del dibujante Georges Remy (Hergé). El protagonista era un reportero adolescente de edad indefinida que viajaba por el mundo acompañado por su perrito Milú y enredándose en diversas aventuras.
   Las primeras historietas eran muy simples, tanto en los dibujos como en los argumentos. Pero con el correr de los años se fueron perfeccionado y haciéndose cada vez más detallistas. Cuando Tintín viaja a otro país, las calles, los autos y la ropa de la gente son los que corresponden a ese país en la realidad. Por ejemplo, en El asunto Tornasol los protagonistas viajan a Suiza y pasan por el Hotel Cornavin. Este hotel, vecino a la estación de trenes de Ginebra, existe y los dibujos de Hergé coinciden con la imagen real del establecimiento.
   Estos detalles alcanzan a veces a cuestiones científicas. En Tintín en el país de los Soviets, la primera de las aventuras, el protagonista cae a un lago congelado y emerge encerrado en un bloque de hielo. Milú encuentra una bolsa de sal y la esparce para ayudar a derretir el hielo.
   Quienes vivimos en zonas donde no hay nieve oímos esta historia de que la sal ayuda a derretir la nieve y podemos pensar que se trata de un mito. Pero es real.
   En el agua líquida las moléculas están "sueltas". Cuando volcamos un balde de agua podemos imaginar que el balde está lleno de pelotitas de ping pong. Las pelotitas se desparraman por el piso porque están sueltas, se mueven libremente unas respecto de otras, como ocurre con las moléculas de agua. Por eso, en esas condiciones, el agua es líquida.
   Cuando baja la temperatura, las moléculas pierden movilidad y comienzan a juntarse, formando una estructura regular parecida a una pila de naranjas como las que vemos en una frutería. Esa estructura se conoce como cristal: el hielo es agua cristalizada. Y es sólido porque sus moléculas ya no se mueven. Cada una se mantiene unida a las que la rodean.
   Si el agua tiene sal disuelta, las partículas que forman la sal, átomos de cloro y de sodio, se interponen entre las moléculas de agua y dificultan la formación de cristales. Las moléculas tratan de acomodarse pero no pueden porque hay otras moléculas en el medio molestando. Así, el agua se conserva líquida a una temperatura a la que debería congelarse. Este fenómeno se llama "descenso crioscópico": descenso del punto de cristalización del agua.

A Luna

La exactitud de los detalles científicos alcanzan un máximo en Destino, la Luna y su continuación, Aterrizaje en la Luna. Publicadas entre 1950 y 1953, cuentan una misión a la Luna organizada por un país imaginario llamado Syldavia y con la dirección técnica del profesor Tornasol.
   Esta aventura contiene muchos detalles científicos interesantes. Por ejemplo, el cohete que lleva a los protagonistas a la luna está propulsado por un motor atómico. Sin embargo, el profesor aclara que también hay un segundo motor, convencional, que funciona durante el despegue ya hasta que el cohete se encuentra suficientemente lejos de la tierra. Y es así: un propulsor atómico produciría una gran cantidad residuos radioactivos que lo harían completamente inadecuado para funcionar en la tierra y sus proximidades. También el funcionamiento de un reactor nuclear es descripto con mucho detalle por el profesor.
   Por otra parte, hay dos grandes diferencias entre este viaje y las verdaderas misiones a la Luna: el viaje dura solamente cuatro horas, contra los cuatro días que tardaban las Apolo, y los tripulantes experimentan normalmente la gravedad cuando en una nave espacial se flota en un ambiente de ingravidez. Ambas cuestiones están relacionadas y muestran de nuevo la exactitud de las descripciones del autor.
   Los astronautas de las misiones Apolo no experimentaban la gravedad porque su nave se movía libremente, cayendo hacia la Luna. Los motores solamente funcionaban durante los primeros minutos del viaje y cuando había que hacer alguna corrección. La mayor parte del viaje se hacía bajo los efectos de la atracción gravitatoria, de la Tierra y de la Luna. En esas condiciones no se experimentan los efectos de la gravedad y la duración del viaje resulta ser de unos cuatro días.
   Una forma de simular a bordo la gravedad terrestre consiste en acelerar la nave en forma continua. Los efectos de la aceleración son equivalentes a los de la gravedad. Por ejemplo, cuando el auto en el que viajamos acelera, nos sentimos aplastados contra el asiento así como la gravedad nos aplasta contra el piso. Cuando el auto frena, "caemos" hacia el parabrisas. Esta equivalencia entre gravedad y aceleración es uno de los postulados de la Teoría General de la Relatividad de Einstein.
   Por supuesto, al acelerar continuamente, la nave de Tintín alcanza velocidades muy superiores a las de las misiones Apolo y por eso pueden llegar a la Luna en solamente cuatro horas. Y esto no es solamente una observación cualitativa. En diversos momentos a lo largo del viaje se da información que permite verificar la exactitud de los datos. Por ejemplo, cuando llevan 25 minutos de viaje, el centro de control informa que el cohete se encuentra a 8000 kilómetros de la Tierra y que avanza con una velocidad de 11 kilómetros por segundo. Puede calcularse que, si suponemos una aceleración constante equivalente a la de la gravedad, eso ocurriría aproximadamente a los 25 minutos de vuelo.
   Hergé murió en 1983, a los 75 años. Dejó inconclusa una última aventura, Tintín y el arte alfa, que se publicó en 1985. Nos quedan sus historietas, su cuidado en los detalles y, ¿por qué no?, la posibilidad de aprender algo nuevo cada vez que leemos un texto suyo.

Claudio H. Sánchez
Periodista y divulgador científico

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario