mas

"La lectura nos salva de la oscuridad"

Autora de numerosos cuentos infantiles la rosarina Sarah Mulligan acaba de ser elegida representante de la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil. Su mirada sobre la importancia de acercar a los chicos a los libros para profundizar sus recursos

Domingo 20 de Agosto de 2017

Sarah Mulligan es escritora de cuentos infantiles y acaba de ser designada corresponsal en Rosario de la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil (Aalij). Antes, ejerció la abogacía durante años y se desarrolló como especialista en Derecho Procesal Civil, pero su verdadera pasión pudo más.

Así, en 2014 dejó su tarea profesional como abogada y se dedicó a escribir, ilustrar y editar sus propios libros. A fin de ese año ganó el segundo Premio Literario ConSoDis y publicó su primer libro: "El niño de los ojos de río y otros cuentos". En el 2015 fue el momento de "El niño del corazón de fuego y otros cuentos", "Bernardita, la estrellita" y "Al agua, patos", que pueden leerse en su página web www.sarahmulligan.com.ar.

Respecto a la importancia de representar en la ciudad a esta Academia, la escritora mencionó que "la presencia de la Aalij en el país es cada vez más importante. Ya cuenta con corresponsales en Ciudad de Buenos Aires y en Jujuy, Tucumán, Salta, Córdoba, Misiones, Buenos Aires, Comodoro Rivadavia, Santa Fe y Trelew. Nuestra ciudad es un foco cultural de gran relevancia y creo que hay mucho por hacer. No sólo en aras de recuperar del anonimato a muchos autores talentosos de la zona sino también en cuanto a la difusión de las actividades de promoción de la lectura, que es uno de los objetivos de la Academia".

Sobre la importancia de leer, el rol de las escuelas y de las familias, y su mirada sobre el placer que los libros ofrecen, la autora habló con Más.

—¿Piensa que la escuela puede sustituir la indiferencia que existe en algunas familias respecto de la lectura?

— La mirada del maestro es fundamental para el niño. Sin ir más lejos, la escritora Fernanda Macimiani, (corresponsal de la Academia en 3 de Febrero), me comentaba que, si bien en su casa no se leía, ella se sumergía en la biblioteca de su escuela y fueron sus maestras quienes detectaron esta inclinación, la incentivaron y hasta la hicieron participar en un concurso que después ganó. Recién cuando fue madre sintió la necesidad de narrarles a sus hijos desde un lugar más hondo y personal y comenzó a escribir cuentos. Creó una web (www.leemeuncuento.com.ar) y ganó premios Pregonero y Hormiguita Viajera por su trabajo en promoción de lectura. Hace muy poquito, y por casualidad, encontró un delantal de la primaria con la firma de una maestra que le decía: "Fernanda, la escritora de la escuela". Ella no recordaba esa inscripción. Sin embargo, ese sello invisible pero poderoso, el de la mirada y el reconocimiento de su maestra, marcó su camino como escritora. Este es un caso claro de cómo un docente puede llenar vacíos, inspirar o despertar vocaciones.

—¿Cuál es la importancia de que la literatura se enclave en esa etapa tan especial que es la infancia?

—Lo que sembrás en la infancia, ya sabemos, no se olvida jamás. Las palabras que aprendés en esa época formarán parte de tu haber, de tu background. Son monedas de un tesoro que no se gasta, sino que se multiplicará adentro. Las palabras, al igual que los perfumes, son como frasquitos pero lo que importa de ellas es el aroma que contienen. Es el componente de "significado" lo que las hace valiosas. Franz Kafka decía que "La literatura es más pobre pero más clara que la vida", y aunque esos frasquitos se queden cortos para albergar la inmensidad del "sentido" los necesitamos igual porque nos desenmarañan y nos esclarecen lo que de otro modo no podemos. La literatura nos alivia.

—¿Entonces, leer literatura de algún modo salva?

—De alguna manera, sí. Conozco a una mujer que fue abandonada por su madre a los cuatro años. La señora que la crió y para quien trabajó desde muy pequeña, la mandó a la escuela y allí aprendió a leer. En aquella casa había muchos libros y cuando tenía un momento en que dejaba de limpiar se buscaba un rincón y se evadía leyendo. A los doce años ya había leído La Ilíada y la Odisea. Hoy lee a Borges y a Quiroga. Me recuerda al personaje de René en la "Elegancia del erizo" de la francesa Muriel Barbery. Su manera de descifrar las instancias que, en su orfandad, debió atravesar, la ennoblece y me confronta. De eso se trata la lectura. De la apertura de universos múltiples que nos salvan de la oscuridad y del dolor, que nos engrandecen con el acopio de una riqueza incalculable. La literatura te muestra tantas maneras de ver al mundo como autores puedas leer. Acercar a un niño a su maravilla es estimular su potencial para imaginar sus posibles horizontes, es darle armas para ayudar a otros y para rescatarse, inclusive, de las garras de sí mismo.

—¿Y escribir literatura también rescata?

—En mi caso sí porque no concibo mi ser sin escribir. Pero creo que todos necesitamos ponerle letras a los que nos pasa. Justamente porque al ponerlo en palabras notamos que nuestro universo interior empieza a desenredarse. De pronto sentimos que hacemos pie. Cambia la percepción de nuestra propia existencia. El existir, con su gran dosis de incertidumbre, se vuelve asible a partir de que podemos comprenderlo. No podemos controlar el futuro, es cierto, pero podemos interpretar el "para qué" nos sucede lo que nos sucede.

—¿Qué otros objetivos se propone la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil?

—Esta institución, presidida actualmente por la escritora Zulma Prina, una mujer admirable cuyo empuje y fortaleza son dignos de mención, busca construir las bases para una historia de la literatura infantil y juvenil en la Argentina. En pos de eso la entidad publicó "Ensayos de literatura infantil y juvenil" en tres tomos que fueron presentados en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en la Feria Infantil y en Venado Tuerto de la mano de su corresponsal, Gabriela Perrera.

—¿Qué les dirías a los padres y madres que no leen o no lo proponen a sus hijos?

—No soy buena dando consejos. Sólo contarles que de mis noches de cuentos —acurrucada en el abrazo de mi padre antes de ir a dormir, y en el de mi madre, quien durante toda su vida nos contó entusiasmadísima cada libro que leyó— aprendí que leer junto a otro es un acto de amor que deja una huella eterna. Esos momentos quedan guardados en el corazón de un hijo para siempre.

"Las palabras son como frasquitos, lo que importa de ellas es el aroma que contienen"


Mini bio

Sarah Mulligan es escritora de cuentos infantiles. Venadense por nacimiento y rosarina por adopción, es abogada, especialista en Derecho Procesal Civil, autora de artículos de doctrina jurídica y diversos comentarios a leyes, disertante y docente de posgrados universitarios. En 2006 fue distinguida en unas Jornadas Internacionales de Derecho y viajó a España a disertar. A mediados de 2014 se volcó de lleno a escribir, ilustrar y editar sus libros y en diciembre de ese año ganó el 2º Premio Concurso Literario "ConSoDis" y publicó su primer libro ilustrado. En 2015 presentó sus libros: "¡Al agua, patos!", "Bernardita, la estrellita" y "El niño del corazón de fuego y otros cuentos". Publica periódicamente cuentos y columnas en diversos diarios del país. En Facebook se la puede ubicar como: Los cuentos de sarah mulligan. Y en la web: www.sarahmulligan.com.ar


¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario