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La biodiversidad resiste entre ladrillos y cemento

En el rincón verde más cercano existe la posibilidad de levantar la vista y observar a las aves que pueblan la ciudad. Un recorrido por el parque Urquiza, de la mano de una guía experimentada, permite descubrir un tesoro natural con pájaros, árboles y flores de lo más variados.

Domingo 01 de Julio de 2018

Alzar la vista, detener la marcha, hacer silencio: esa secuencia simple y antigua poco frecuente en el ritmo ciudadano es suficiente para convertirse por un rato en un observador de aves urbanas, una actividad al alcance de todos para la cual no hace falta irse a un parque nacional ni al medio de la isla, sino caminar hasta el parque más cercano.
Las aves están en todos los rincones y nos recuerdan que entre el asfalto, el cemento y los ladrillos hay lugar para la biodiversidad. Rosario es un buen lugar para eso, ya que cuenta con una red de espacios verdes extendida que alberga una variedad interesante de flora y fauna importada y autóctona.
Desde hace siete años, la médica veterinaria Mónica Díaz asumió la tarea de mostrar parte de esa biodiversidad que muchas veces se nos escapa a través de recorridos urbanos para avistar pájaros y valorar los árboles, arbustos y flores que le ponen verde al paisaje rosarino.
Con ese motivo un grupo de mujeres de edades variadas se dieron cita un sábado temprano en el parque Urquiza: un lugar que combina su belleza natural con recuerdos que construyen la memoria histórica argentina como las batallas para defender la Independencia o la primera exportación de cereal del país.
Según explicó Nora Pombo, de la asociación de Amigos del Parque Urquiza (que tiene una biblioteca ecológica dentro de su centro cultural) en el parque se censaron 67 especies de aves y 60 especies vegetales con la particularidad de que su cercanía con el río y las islas lo convierte en un receptor de pájaros del Humedal.
Dos horas y el invierno conspiran para llegar a ese número, pero una caminata por los senderos internos alcanza para encontrar torcazas, gorriones, calandrias, horneros, cotorras, picabueyes, zorzales y chingolitos.
La oferta de vegetación no se queda atrás: mezclados a lo cambalache se intercalan las especies nativas con las importadas, muchas de ellas traídas desde otros continentes en las largas décadas durante las cuáles intentar parecerse a Francia o a Estados Unidos era el paradigma dominante incluso en cuestiones paisajísticas.
Álamos plateados, lapachos rosados, ibirás pitá, ñangapiríes, aguaribayes, ceibales, palos borrachos y timbós decoran con sus contornos verdes y marrones la vida matutina del parque, que a esa hora alberga algunos paseantes y varios perros.

Verde es mejor    

Tal como señala Díaz, que es ornitóloga y docente de la cátedra libre de Fauna Silvestre de la facultad de Veterinarias de la UNR, las ciudades son por definición “la mínima expresión de la naturaleza”.
Si bien Rosario no escapa a esa regla universal es una urbe con un buen promedio de espacios verdes por cantidad de habitantes con alrededor de 11 metros cuadrados por persona. Esos espacios sirven para la recreación y además son fundamentales para sustentar la diversidad biológica de las ciudades.
“Los espacios verdes urbanos nos aportan paisaje, recreación y momentos que generan bienestar a la salud mental y física de los habitantes. La riqueza de su flora y fauna contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas y se considera que a partir de esta valoración o revaloración ayudamos a la conservación de los parques y plazas” explicó la investigadora.
Según su propia experiencia de observadora, el lugar con mayor variedad de aves en la ciudad es el Bosque de los Constituyentes, que además es el mayor espacio verde de Rosario al tener una extensión de 280 hectáreas. Otro buen punto es el parque Independencia en parte gracias al Laguito, que oficia como un humedal artificial.
Díaz tiene algo para aportar sobre cada una de las aves que aparecen durante la recorrida por el parque Urquiza: las calandrias son las “grandes imitadoras” y a su variedad más común en los meses de invierno se sumas las calandrias reales, que llegan hasta esta parte del país desde la Patagonia escapando de las temperaturas más frías.
Los horneros no tardan en dejarse ver: “Es el ave nacional desde 1928, cuando fue votado a través de una encuesta realizada por el diario La Razón”. “Tardan entre 10 y 15 días en construir sus nidos y andan siempre cerca del barro. Una vez que nacen sus crías abandonan las casas de barro, que luego suelen ser usurpadas por otras aves”, explicó.
Por supuesto el parque está repleto de gorriones, “el exótico más común” y también de cotorras, que arman con ramas pequeñas sus enormes nidos en las copas de los eucaliptus. “Son verdaderos conventillos donde conviven varios pares de parejas. Llegan a ser tan grandes y pesados que suelen caer al piso después de alguna tormenta o viento fuerte”.
Las aves son un grupo clave en la naturaleza por sus funciones de dispersión de semillas y de polinización. “Son verdaderos recolectores ecológicos que limpian los campos de desechos orgánicos, ayudan a controlar plagas de la agricultura y a eliminar vectores de enfermedades que afectan al hombre”, subrayó Díaz.
Como ocurre con los insectos o las mariposas, la presencia de pájaros es también un indicador de la salud del medio ambiente.
También pueden ser un recurso en la educación ambiental o en el ecoturismo, una tendencia que crece en todo el mundo pero que —según la veterinaria— “la provincia de Santa Fe no aprovecha demasiado”.
"Las aves son un puente que puede transportarnos al conocimiento y a través de ellas podemos revalorar la naturaleza en la ciudad”, explicó Díaz, quien reivindica la observación de aves silvestres en libertad “como una actividad placentera y apasionante que es un pasatiempo estimulante y al alcance de todos, practicada por millones de personas en el mundo, para todas las edades y en cualquier parte”.
No hace falta irse lejos ni ser un experto: alcanza con arrimarse hasta la plaza del barrio y los parques y paseos de la ciudad o en el propio patio para entrar en el mundo de la observación de aves. Sólo hay que animarse a mirar.

Un club con vuelo

La ciudad de Rosario cuenta con un Club de Observadores de Aves (COA) que depende de Aves Argentinas. “Somos un grupo de observadores de aves aficionados que formamos este COA, que se replica en muchas ciudades del país”, explicó César Giarduz.
Formar parte de un COA significa respetar algunas normas y actitudes respecto a las aves y tener un porcentaje de integrantes que sean socios: “Los socios de Aves Argentinas son miembros, y los otros son participantes”. El COA local se llama formalmente “Federal Rosario” en homenaje a un pájaro, el federal, elegido para identificar a este club en particular.
Si bien el grupo se conformó en 2010 luego se desactivó, aunque ahora está de nuevo en pie.
Las actividades de los COA son esencialmente salidas de observación de aves silvestres en libertad, y también acciones relacionadas con la conservación de las aves como charlas y exposiciones de fotos.
Para Giarduz, Rosario es un excelente punto de observación gracias a lo que significa estar al lado del río Paraná: “Estar al lado del río genera un lugar inmejorable justo enfrente de la ciudad con vegetación nativa, lo que ayuda a que la fauna esté presente en un 100%”.
En las islas hay alrededor de 200 especies de aves, aunque por supuesto es imposible ver todas en una sola jornada ya que muchas son migratorias, otras dependen de la altura del río y otras son muy escasas. De todas formas, en una jornada de avistaje en la isla pueden llegar a verse unas 60 especies en promedio.
La observación de aves urbana o periurbana también es muy interesante en la zona bajo influencia del Predelta del Paraná. “El Humedal nos provee cantidad de especies, por eso se pueden hacer muy buenos avistajes en parques y plazas también”, dijo Giarduz.
Una vez más, todos los laureles tierra adentro son para el Bosque de los Constituyentes, donde se han avistado más de 110 especies de aves: “Para ser un lugar urbano y modificado es muchísimo. Siempre digo que ese espacio tiene un potencial educativo y ambiental muy bueno”.
Para más información sobre el COA local hay que escribir a coarosario@gmail.com.

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