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Francia toma la posta en la lucha contra el cambio climático

El embajador galo en la Argentina explicó que su país no permitirá la utilización de glifosato a partir de 2022. E insistió con la necesidad de que los agricultores argentinos "tomen en cuenta la expectativa de los mercados" en relación a criterios ambientales.

Domingo 08 de Julio de 2018

Francia se posicionó en los últimos años como líder mundial de la lucha contra el cambio climático. Tras el final del mandato de Barack Obama en Estados Unidos el país europeo recogió el guante y asumió el desafío de ubicarse como referente de la defensa del ambiente a través de varios hechos que repercutieron en todo el planeta: uno fue la conferencia COP de París de 2017 —donde se firmó el primer acuerdo vinculante mundial sobre el clima—. Otro, seguido muy de cerca en Argentina, fue el debate social y político que llevó a que Francia decidiera prohibir el glifosato a partir del año 2022 con el objetivo de "preservar la vida humana y la biodiversidad".
   Así lo entiende y lo explica Pierre Henry Guignard, actual embajador de Francia en Argentina y la persona que estuvo a cargo de la preparación y de la organización de la COP de París.
   El diplomático repasó con Más, en Buenos Aires, algunos de los grandes temas ambientales del momento y subrayó que, más temprano que tarde, los productores agrícolas argentinos "tendrán que tomar en cuenta la expectativa de sus mercados para vender".

    —¿A dos años de la COP de París, qué balance hace del acuerdo logrado?
   —La COP de París fue más de lo esperado, no se pensaba que se iba a llegar a un acuerdo. Fue una decisión tomada por el entonces presidente Hollande contra sus propia administración, que creía que no había acuerdo posible. Pero poco antes se publicó un informe del IPCC (el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) que demostró de forma científica los riesgos del calentamiento, y eso terminó de convencer a la dirigencia política francesa de que había que actuar contra los desajustes climáticos. A partir de allí avanzamos y nos dimos cuenta que hacía falta conectar la forma y el contenido: materiales, comida, alojamiento debían mostrar coherencia y adaptación y por eso la cumbre tuvo una huella de carbón un 70% menor a la prevista. El 80% de los participantes usó el transporte público y produjimos cero desechos. Todo se recicló o se reutilizó. Mostramos que se podía hacer algo diferente, que es asunto de voluntad. Lo que el humano destruye lo puede reparar.

   —La amplia participación que tuvo la sociedad civil fue clave también.
   —Fue algo inédito, ya que los representantes de la sociedad civil estaban junto a los funcionarios, y eso fue un gran cambio. Teníamos que tener a la sociedad civil dentro de la conferencia, porque es el actor que está en el origen de esta batalla. De los 45 mil participantes solo 16 mil representaban a los estados. Eso consolidó la emergencia de un multilateralismo participativo, que implica que los Estados no pueden quedarse en su torre de marfil y deben abrirse a la sociedad civil en temas como este.

   —La cumbre coincidió con el cambio de gobierno en Argentina...
   —No olvidamos que la primera decisión de Macri como presidente electo, antes de asumir, fue mandar un nuevo equipo e instrucciones para que Argentina cambiara su posición, y eso fue muy apreciado ya que Argentina se unió al consenso. La revisión de la contribución argentina fue un gesto muy fuerte y le dio más ambición a la postura del país, que es muy vulnerable frente a los desajustes climáticos.

   —¿Cómo evalúa el cambio de postura de Estados Unidos respecto al cambio climático?
   —El G20 debe avanzar por consensos y no somos los únicos actores en esto, por eso queremos un diálogo. Los ministros Nicolas Hulot y Sergio Bergman están intentando que el G20 se dedique más al clima a pesar de la resistencia de Estados Unidos. Conocemos la posición de Trump, pero también consideramos que la adhesión de la sociedad civil estadounidense a la lucha contra el calentamiento global es muy fuerte. Muchas empresas ven el momento como una oportunidad y están yendo hacia las energías renovables.

   —¿Qué pasa con las otras potencias?
   — China empieza a tener grandes problemas con su opinión pública y la Unión Europea sigue muy firme con sus compromisos, aunque somos grandes emisores. Por supuesto no quiero que ocurran catástrofes pero vemos que es la fuerte contaminación en China la que provoca un cambio en el gobierno de ese país, o la casi inundación de Manhattan la que hace cambiar posiciones. El calentamiento global es un hecho y vemos sus efectos regularmente, así lo está entendiendo la sociedad civil y espero que bajo la presión de las opiniones públicas logremos nuestras metas. El marco jurídico ya existe y hay una voluntad de tener impacto global sobre el medio ambiente en el marco de Naciones Unidas. Son elementos positivos, no debemos pararnos en las resistencias de algunos líderes. Francia empujará en esa dirección y Argentina también.

   —¿Cómo aborda Francia la defensa de la biodiversidad?
   —La biodiversidad es un tema muy vinculado con el clima y queremos tener una política ambiciosa en ese campo. El presidente Macron aceleró la prohibición de uso del glifosato pero todavía recibimos quejas por no ir lo suficientemente rápido con eso. Ese es uno de los argumentos de quienes se oponen a que importemos granos de países que utilizan glifosato en sus producciones, nos están exigiendo más limites a eso. Nuestra ambición de llegar más rápido a una prohibición total del glifosato se ha cumplido y logramos ganar algunos años en relación a los proyectos iniciales a nivel europeo. A nivel país prohibiremos su uso en 2022.

   —¿Puede impactar esto en las relaciones comerciales entre los dos países teniendo en cuenta que Argentina es glifosato dependiente?
   — Nosotros tenemos la voluntad de llegar a un acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur y no se está utilizando ese argumento para no hacerlo. Es una posibilidad que haya negociaciones para que los productos que se importen no estén afectados o estén libres de productos prohibidos en la Unión Europea. El interés de esa negociación es grande y lo estamos viendo. El gobierno piensa que avanza en una buena dirección pero los Verdes piensan que no hemos hecho lo suficiente, es un tema de debate constante.

   —¿Los criterios ambientales comenzarán a tallar en los acuerdos comerciales internacionales?
   —Cuando Macron se reunió con Macri en enero de este año le recordó cuáles eran nuestras metas en el marco de la negociación entre la Unión Europea y el Mercosur, y recordó que el mandato de esa negociación era de los 90 y que por lo tanto la negociación debería tomar en cuenta los acuerdos de París. No podemos negociar como en los 90, si los 29 países europeos y los del Mercosur adhieren al acuerdo de París éste debe ser tomado en cuenta. Ya hay un precedente en ese sentido cuando se renovó el acuerdo entre la UE y México.

   —¿Cómo evalúa la postura argentina?
   —Vemos que Macri permitió la adopción del acuerdo de París y vemos que el país tiene una contribución nacional de emisión de gases que ha sido revaluada. Qué hace Argentina cada día en su voluntad de reinserción es un asunto interno, pero en algún momento los productores agrícolas argentinos tendrán que tomar en cuenta la expectativa de sus mercados para vender. Ya hemos tenido problemas con Estados Unidos por el tema de las hormonas en la carne que usan los productores estadounidenses y eso hizo que esa carne no se vendiera más en Europa. El productor se tiene que adaptar para vender.

   —¿Por qué razones Francia va hacia la prohibición del glifosato?
   — Para preservar la vida humana y la biodiversidad. La primer preocupación vino por casos de enfermedades graves registradas en agricultores que usan pesticidas, entre otros el glifosato, lo que terminó con casos en la Justicia. El principio de responsabilidad preventiva lo convierte en una inquietud de salud pública para garantizar la protección de los agricultores. Además hay otro criterio más amplio que es proteger la biodiversidad, porque esos pesticidas tienen efectos sobre el conjunto del ambiente. Pensamos que hay maneras de trabajar la tierra más limpias o responsables, que hay una nueva agricultura emergiendo. La voluntad de los consumidores es cada vez más fuerte y los agricultores deberán adaptarse a eso.


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