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Fotografías que encuentran belleza donde hubo dolor

Entretiempo es un trabajo de la fotoperiodista Silvina Salinas, quien retrató a Cecilia Augsburger durante el tratamiento que debió enfrentar por un cáncer de mama. La muestra, que incluye textos de la protagonista de las imágenes, puede verse hasta fin de mes en el espacio cultural Coad.

Domingo 04 de Agosto de 2019

No lo esperaba. ¿Pero quién lo espera? Un día la vida cotidiana se modifica de manera abrupta, imprevisible. El trabajo se altera, el ritmo se altera, la sonrisa, el sueño, los anhelos. Sólo hay preguntas en momentos acuciantes, que pulsan por irrumpir en la conciencia.

En 2013, durante un autoexamen de mamas, Cecilia Augsburger palpó algo extraño. Se había hecho los controles correspondientes cada año, y habían dado bien, sin embargo, esa bolita, ese quiste, ese nódulo, estaba ahí. Después de varios exámenes le dieron el diagnóstico: cáncer.

Y mientras la vida la encontraba cerca de cumplir los 50, criando hijos adolescentes, en pareja, dedicada con entusiasmo al trabajo, ese "algo" irrumpió, alteró todo o casi todo.

Comenzaba un ciclo distinto, el de recorrer consultorios, el de las esperas de resultados, el de la incertidumbre que te despierta en el medio de la noche o te ahoga en el momento menos esperado. El de la esperanza, el de los miedos profundos, el de "la vida depositada en el cuerpo". Entonces, Cecilia quiso compartir parte de ese proceso con su amiga la fotoperiodista Silvina Salinas, a quien llamó para tomar un café y contarle su idea: que retratara ciertos instantes durante el tratamiento. El resultado visible de esos meses de acompañamiento, de complicidades, de idas al médico juntas (una para curarse, la otra cámara en mano) se puede apreciar en la muestra Entretiempo que desde el viernes y hasta fin de mes se exhibe en el espacio cultural Coad (docentes e investigadores universitarios, en Tucumán 2254). Allí están las fotos de Silvina unidas a textos de Cecilia.

"Fue un pedido de ayuda, sí", enfatiza la mujer que es psicóloga, profesora universitaria e investigadora, cuando explica por qué recurrió a su amiga para que la fotografiara. "Fueron meses de mucha ansiedad, de algo novedoso. Mi vida cotidiana, la que yo tenía, se vio completamente alterada. Hubo cortes abruptos con mi trabajo y dejé de salir... en todo caso salía para ir al médico o cumplir con el tratamiento, y el hecho de coordinar con ella, de arreglar horarios y momentos para las fotos le puso un color distinto a ese proceso, que tiene etapas duras", cuenta.

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Silvina Salinas —fotoperiodista de La Capital— dice que aceptó la invitación al instante: "Me lo propuso con mucha prudencia, sin ninguna presión. Ella consideraba, por haber visto mis fotos durante años en el diario o en mis trabajos personales, que yo podía encontrar belleza en cosas que no son bonitas”.

Cecilia quería lograr “que las imágenes sublimen el miedo, la desesperación, el desasosiego o la tristeza”.

Yo no tengo ese don. Auxiliame. Mezcla de envidia y admiración por los que pueden ver con otros ojos. A través de sus ojos. Lo concreto, lo aplastante, lo insignificante, lo devastador es descubierto por un ojo que identifica el detalle, el color, o la magia de un instante. Es un don ver allí donde otros estamos ciegos.

“Estuve presente en muchos momentos. Siempre esperaba que ella me llamara. Algunas instancias de la quimioterapia, por ejemplo, son difíciles, muy difíciles. Pero no elegimos hacer fotos en situaciones dramáticas. Nunca fue el objetivo fotografiarla en aquellos días en los que ella no estaba nada bien. A veces me convocaba para algunas de las sesiones de quimio, o cuando tenía que sacarse sangre, o cuando se le empezó a caer el pelo por efecto de las drogas. Todo un mundo que yo no conocía... y ella tampoco”, recuerda Silvina, y agrega: “Ojo que también hubo momentos en los que nos reírnos, pudimos hacer fotos al aire libre, en distintos lugares... con ese espíritu lo encaramos”, rememora Silvina.

Las fotos se hicieron hace cinco años. En ese entonces ninguna de las dos imaginó que parte de ese trabajo se fuera a mostrar en público. “Hace unos meses me llamaron de Coad, donde abrieron un hermoso espacio cultural, y me preguntaron si quería exponer algo. Inmediatamente la llamé a Ceci, le conté de esta oportunidad y me dijo: ¡vamos!”.

Cuerpos desnudos, agitados, imperfectos, mareados. Cuerpos con curvas, excesivos, voluminosos, deformes, excedidos, incontenibles. Cuerpos marcados, con cicatrices, cortados, interpelados. El cuerpo propio.

Para Cecilia, el tratamiento para el cáncer de mama fue un antes y un después. Fue también un durante (en el que pasaron muchas cosas) donde además del dolor y el temor a lo incierto aparecieron los espacios para leer y mucho, para ir al cine (“me vi todas las películas que podía, incluso esas en las que hay pocas personas en una sala, a las 3 de la tarde). “Sin dudas, un tiempo distinto”, afirma.

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Entretiempo es el nombre que Silvina Salinas eligió para mostrar las fotos. Amante de las palabras, se tomó con calma la búsqueda del título. “Pensaba en esa irrupción que vivió mi amiga, en lo inesperado, en los cambios que se producen. Y lo ligaba con contratiempo, pero no, finalmente sentía que no era exactamente un contratiempo. Pensé que Entretiempo reflejaba más las situaciones de las que había sido testigo. Eso que te pasa en un momento de la vida, cuando estás pensando en otras cosas y toca algo inesperado que no es fácil de enfrentar...”, menciona.

Mirar videos. Ponerse pañuelos, probarse sombreros. Hay que quedarse pelada, ¿eh?

El encuentro de dos amigas, de dos mujeres transitando un período similar de la vida, cada una con sus avatares. La mirada y el talento de la fotógrafa para captar la vulnerabilidad, y el coraje de quien se expuso amablemente a la lente de la cámara. La enfermedad resignificada. “En vez de ver sólo lo espantoso sabía que Silvina podía hallar otra mirada”.

Ya lo había dicho Cerati: “Sacar belleza de este caos es virtud”.

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