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"Es un tiempo de júbilo para las mujeres, pero traerá dolor"

Irene Meler, destacada psicoanalista, escritora y estudiosa de género, admite satisfacción por la potencia del reclamo feminista y su correlato en las calles pero cree que ese empoderamiento no estará exento de malestar y nuevas dificultades. "No hay que cantar victoria", advierte

Domingo 18 de Marzo de 2018

Cuando ya tenía trece años como profesional, a fines de 1970, la doctora en psicología y psicoanalista Irene Meler comenzó a involucrarse con los estudios de género que no existían en la Argentina hasta el momento. Ya en 1983 brindaba cursos en la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires revisando el discurso freudiano, particularmente en lo referido a la sexualidad femenina y la feminidad.
   Profesora de posgrado en la Facultad de Psicología de la UBA y cofundadora del Foro de Psicoanálisis y Género es una de las voces con mayor formación y experiencia en el país sobre la subjetividad femenina y el rol de la mujer en el campo emocional y social: en el amor, la familia, la pareja, la maternidad, el trabajo, la política y el disfrute.
   Meler plasmó sus ideas en numerosos artículos, en conferencias, seminarios y libros. El viernes 23 de marzo visitará Rosario donde hablará sobre "Feminidad, feminismo y maternidad, historización de una relación complicada", invitada por el Colegio de Psicólogos. Antes de su llegada a la ciudad charló con Más sobre el brío particular que tomaron las reivindicaciones de las mujeres en los últimos meses en la Argentina y en el mundo. Ofreció su mirada sobre lo que dejó la movilización del #8M, reflexionó sobre el recrudecimiento de la violencia de género, sobre el lugar de los varones en esta coyuntura y desplegó su pensamiento en torno al debate sobre el aborto legal y gratuito.
—A poco más de una semana de la imponente movilización del #8M en distintas ciudades de la Argentina, ¿qué observa? ¿Cómo se siente?
   —Por un lado no puedo evitar una cierta sensación jubilosa. He adherido a las teorías feministas desde que comenzaron los 80. En ese momento las manifestaciones públicas callejeras eran deprimentes por el escaso número de participantes.
—Está hablando de que se daban en plena dictadura militar...
   —Sí, pero la escasa participación no se debía solamente al temor a la represión sino que no había manifestantes porque no eran comprendidos los reclamos feministas por el conjunto. Las nuevas generaciones han logrado esto. Yo siento que es como salir de la marginalidad y ser oficialista.
—¿Esa alegría a la que hace referencia, es plena o tiene preocupaciones por lo que sigue?
   —En realidad tengo cierta preocupación por las consignas en las manifestaciones públicas que no siempre representan a la totalidad y seguramente requieren un proceso de discusión, pero bueno, son los riesgos. Por supuesto que hay denominadores comunes, pero se abre un período donde vamos a tener que involucrarnos en el trabajo teórico, ideológico, y es muy importante reflexionar. De todos modos insisto con que la masividad de la convocatoria no deja de sorprenderme, no sólo por la cantidad de personas en las calles sino por el contenido cualitativo de esa movilización. Igualmente debemos profundizar las reflexiones colectivas y grupales sobre cuál es el rumbo que le queremos dar a esta participación.
—¿Considera que es la discusión en torno al aborto legal, seguro y gratuito lo que divide más las aguas entre las mujeres y la sociedad en general?
   —No lo creo. El tema genera una controversia muy ríspida con sectores confesionales pero la mayor parte de las mujeres está de acuerdo. El apoyo a la legalización es muy grande y casi todas comparten que la interrupción voluntaria no sea penalizada y sea protegida por el Estado... salvo minorías fundamentalistas y conservadoras. Así que no veo resistencia en general. Sí una militancia de sectores confesionales que se apasionan por la vida desde la concepción de una manera tan ferviente que a una le gustaría que se apasionaran así por la vida en tantos otros aspectos.
—¿Cree que están dadas las condiciones para el debate en el Congreso?
   —Hay que ver qué va a pasar. Abierto el debate por la acción de un gobierno neoliberal se puede correr el riesgo de una apertura engañosa que lo abre para después clausurarlo. Por otro lado la fuerza y la masividad del reclamo se hace sentir, y no es tan fácil hacer de cuenta que no ha sucedido nada. Además, hay que tener en cuenta el retraso que tenemos respecto a ciertos países desarrollados. Nuestro reloj atrasa mucho respecto de la marcha del mundo. Un país como el nuestro, que tiene ley de identidad de género y matrimonio igualitario, y a la vez no tiene aborto libre y gratuito y seguro, plantea una incongruencia: ciertas leyes progresistas y esto que es tan retardatario.
—¿Por qué cree que hay tanta resistencia en ciertos sectores?
   —No sé, porque la verdad es que está claro: la despenalización y la legalización del aborto no implican obligación. Es simple. Lo mismo que ocurrió oportunamente con el divorcio. En todo caso que no lo aplique quien tiene una ideología que no es acorde.
—¿Considera que se necesita una mirada de género en la práctica profesional psicoanalítica?
   — Hay buenos y malos terapeutas en todos lados y a veces en el ámbito tan íntimo de una psicoterapia la calidad del profesional es muy definitoria, más que su formación específica, pero sin dudas el enfoque de género habilita una sensibilidad particular y la posibilidad para percibir e interpretar determinadas situaciones que si no permanecen invisibilizadas.
—Sin dudas el profesional está atravesado por su cultura y su ideología...
   —Somos personas que pertenecemos a un género, a una clase social, y que si bien buscamos trascenderlos, no dejamos de ser hijos de una época y un ambiente cultural. Lamentablemente, sobre todo en disciplinas no tan rigurosas como lo son el psiconálisis y la psicología, existe una especie de contrabando del sentido común de una clase social que cursa como afirmaciones científicas supuestos que no lo son.
   —Bueno, sucede en el ámbito médico en ocasiones. Con los ginecólogos, por ejemplo. Sabemos que algunos (pocos pero existen) aún mencionan la abstención sexual como método anticonceptivo o reniegan de dar pastillas...
   —Los médicos gozan de una tradicional aprobación social y muchas veces se involucran en ámbitos que no son de su competencia. Las calificaciones médicas están sobredimensionadas. Como dije antes, allí se expresa el sentido común de una clase social determinada. Históricamente, además, los médicos han sido hombres, aunque eso va cambiando notablemente y hoy hay cada vez más mujeres en la medicina y no todas son de la clase social más acomodada, ni mucho menos. Por suerte fue cambiando y veremos más adelante los efectos de este cambio en la composición social de las profesiones...
—Vio que circula un acertijo que dice lo siguiente: un hombre y su hijo tienen un accidente. El hombre muere y al hijo lo trasladan a un hospital. Allí llaman a una eminencia médica que al ver al paciente dice: "No puedo operarlo porque es mi hijo". La pregunta que plantea el acertijo es ¿cómo es posible? Lo cierto es que mucha gente piensa y piensa pero no logra resolver el "enigma", demostrando cuán incorporado tenemos el machismo en nuestras vidas, en nuestras venas... Quienes no consiguen responderlo, cuando finalmente conocen la respuesta suelen sentirse muy mal...
   —(Se ríe). Bueno, eso está hecho para que te sientas mal, tal cual...pero no es sorprendente, estás hablando con una mujer que nació sin derecho a votar. Es muy poco tiempo el transcurrido... No me sorprende que casi todos tengamos una mentalidad tradicional, encubierta tras capas más superficiales de progresismo. Las nuevas generaciones creo que sí tienen esa actitud más instalada. Y no es sólo una expresión de deseo, hay cambios culturales que van en dirección de la paridad. La participación de los varones jóvenes de todos los sectores sociales en la crianza de los hijos es algo notable. No es igualitaria, es cierto, pero cada vez participan más y más.
—¿Y cómo afectan al hombre todos estos cambios?
   —Bueno, vivimos el ocaso del hombre proveedor. Es que la disminución del nivel de vida e ingresos de los sectores medios hace que se requiera de dos proveedores en el hogar y en ese sentido la experiencia vivida hace más que muchos discursos. Esto afecta al hombre. Para las mujeres, por otro lado, ganar dinero les permite una autonomía que antes no tenían. La particular fuerza que toma el feminismo se suma, entonces, a que los varones ven muy erosionada su condición tradicional. Así que no es sólo el ascenso de las mujeres sino también la crisis de la oferta de trabajo. La tercera y cuarta revolución tecnológica contrae los empleos y eso genera una crisis global sin precedentes. Corremos el riesgo de multitudes de personas desempleadas, sin fuentes de recursos. Son avances que van a generar mucho sufrimiento en la transición, hasta que se logren producir los recursos necesarios y redistribuir el producto. Eso, como decía, genera que el rol masculino tradicional —que a partir de la modernidad se basó en la provisión económica— esté en jaque. Esa depresión subyacente en los varones hace que muchas mujeres reciban la violencia que el sistema ejerce sobre los hombres. Es, en cierto modo, un proceso doloroso tanto para hombres como para mujeres, y aunque quienes valoramos el feminismo lo experimentamos como jubiloso (al punto de que es comparable con un ascenso de clases), es claramente un ascenso para las mujeres y un descenso social masculino que constituye una fuente de conflictividad.
   —¿Está en crisis el patriarcado?
   —El machismo o patriarcado están en crisis pero no hay que cantar victoria. Cuando un sistema tan ancestral y universal entra en crisis es de prever que haya muchas consecuencias adversas y situaciones complejas como el incremento de la violencia, de los femicidios. Quienes estudiamos y trabajamos en estudios inspirados en el feminismo hemos sido un poco ingenuas... el cambio cultural no iba a transcurrir sin cobrarse más víctimas. Por eso decía que es un momento de júbilo el que se vive, lo es, pero no está exento de dolores y desafíos.

Conferencia y actividades en Rosario

El viernes 23 a las 19, en el Centro Cultural Fontanarrosa, la doctora Irene Meler ofrecerá una conferencia organizada por el Colegio de Psicólogos y auspiciada por la Secretaría de Desarrollo Social de Rosario. La actividad es gratuita para los psicólogas y las psicólogas. Además, el sábado 24 a las 10, en la sala de conferencias del hotel Splendor Rosario, se realizará la actividad "Diálogo abierto con Irene Meler y Silvana Lerma: psicoanálisis y género hoy". La misma requiere inscripción previa y es arancelada. Para mayores informes e inscripción hay que enviar un correo electrónico a silvanalerma@hotmail.com. O dirigirse a Laborde Libros, en 3 de Febrero 1065.

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