mas

En sus nombres, los nuestros

Cuando hace un año el cielo de Nueva York se oscureció de repente, nunca imaginamos que esa oscuridad atroz llegaría hasta nuestra orilla, hasta nuestro cielo, aquí, a miles de kilómetros de distancia, con la noticia de que cinco de los asesinados en ese brutal atentado eran habitantes de nuestra ciudad.

Domingo 28 de Octubre de 2018

Cuando hace un año el cielo de Nueva York se oscureció de repente, nunca imaginamos que esa oscuridad atroz llegaría hasta nuestra orilla, hasta nuestro cielo, aquí, a miles de kilómetros de distancia, con la noticia de que cinco de los asesinados en ese brutal atentado eran habitantes de nuestra ciudad. Y entonces, junto a esa oscuridad, vinieron a nuestro recuerdo otras imágenes, no tan lejanas en el tiempo, ocurridas bajo este cielo, cuando la Embajada del Estado de Israel y la sede de la Amia fueron pulverizadas con la misma saña, con el mismo odio criminal que impulsó la muerte de estos cinco hijos de nuestra ciudad.


La muerte violenta daña al conjunto de la sociedad al que esas personas pertenecen, por eso los muertos que deja enfrente nuestro la violencia fundamentalista no deben ser llorados solo por sus seres queridos, sino por toda la sociedad, sin excepción, porque en sus cuerpos vulnerados, en sus destinos arrasados hay algo profundamente nuestro que en el acto criminal nos ha sido arrebatado de manera cruel.

Fieles a la amistad que cultiva nuestra ciudad en cada rincón, este grupo de rosarinos le mostraron al mundo un camino diferente, lleno de valores inculcados desde su juventud, que se fue haciendo cada vez más fuerte con el paso de los años y que hoy vive en todos nosotros. La amistad en nuestra ciudad tiene un valor particular, distinto al de otras ciudades, muy diferente al de otros países, y ellos lo demostraron ante el mundo entero. Un grupo nacido, criado y consolidado en la entrañable comunidad del Politécnico dejó en claro que aquí hay sentimientos que superan todos los conocidos.

Este tipo de episodios dejan bien en claro que no podemos acostumbrarnos al horror, no podemos consentir que el horror y el miedo formen parte del horizonte de nuestras comunidades. Tenemos derecho a vivir libres de las acechanzas con las que la intolerancia parece haber decidido minar nuestra existencia. Es por eso que en días como estos es necesario y urgente que, junto al recuerdo de los que fueron asesinados, estemos dispuestos a enunciar a viva voz nuestro no consentimiento con la violencia, ratificando sin ambages nuestro compromiso con el valor sagrado de la vida humana, de toda vida humana, sin excepción alguna. Porque todos somos parte de la misma especie, porque tenemos derecho a ser iluminados, todos por igual, por el mismo sol que ilumina cada mañana nuestro rostro. Y porque nadie debiera arrogarse la potestad de privarnos violentamente de ese derecho.

Por eso, en este día tan especial, la ciudad de Rosario abraza cálidamente a las familias y a los amigos de Hernán Mendoza, Alejandro Pagnucco, Diego Angelini, Ariel Erlij y Hernán Ferruchi, cinco hijos de nuestra ciudad que nunca debieron morir.

Y en sus nombres y en la memoria de sus luminosas vidas, nuestra ciudad abraza a todas las víctimas que la violencia se lleva, injustamente, de nuestro lado.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario