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"En las familias ensambladas los hijos suelen ser los grandes olvidados"

Violeta Vázquez es terapeuta, puericultora y escribió varios libros dedicados a analizar los vínculos afectivos. Los primeros días de abril sale su último trabajo en el que ahonda sobre las nuevas parejas de los adultos, los hijos propios y ajenos y el impacto de las decisiones de los más grandes en los niños. Una charla a fondo sobre el amor, el dolor, las ausencias, la incertidumbre y el deseo.

Domingo 24 de Marzo de 2019

Violeta Vázquez siempre tiene presentes la mirada y las necesidades de los niños. En su vida cotidiana, en su trabajo como puericultora y terapeuta, y en sus libros. Hay en ella una necesidad, algo que se le impone, algo que la lleva una y otra vez a bucear hasta en las más oscuras profundidades en ese sitio particular que los hijos e hijas ocupan en el océano de las relaciones familiares.

Es que allí estuvo, como todos, sintiéndose perdida y hasta ahogada en algún momento.

Las infancias, todas ellas, no son fáciles, es cierto, pero algunas se viven en contextos más enmarañados que otros. Las que transcurren, por ejemplo, en familias ensambladas, en ocasiones, más de un vez.

Encastre tras encastre. Los tuyos, los míos, los nuestros. Los hermanos de los tuyos, los hermanos de los míos. Los hermanos de los hermanos de los tuyos. Mi hijastro, mi hijastra, la tuya. Los abuelos y los tíos de los míos que hacen de abuelos y tíos de los tuyos. Yo madre, yo madrastra, yo maternando a los míos, a los tuyos. Vos cuidando a los tuyos pero a veces más a los míos que a los tuyos. Tu ex reclamando. Tu última ex, divina, aceptando. Mi reciente ex que no aparece, mi primer ex que sí pero reclama. El amor, las distancias, lo conocido y lo desconocido. Los adultos sufriendo, deseando, rearmando, intentando, y en el medio, a veces sin verlos, muchas veces sin verlos, los hijos.

Es que la lista de "enroques" puede ser interminable y hasta sorprendente, sobre todo para quien no lo ha vivido. Violeta sabe de este tema y por eso dedica su último libro Ensambladas a esas familias cada vez más frecuentes pero todavía raras y por cierto más complejas que otras de estructuras tradicionales. El bienestar, claro está, no depende de los moldes. Es más, en ocasiones, son los moldes los que lo destruyen, pero ¿estamos preparados al menos un poco para encontrar placer, alegría, alivio en esas "uniones" de personas que se encontraron de adultos y que vienen de historias tan diferentes, que conviven con hijos de unos y otros y que tienen modos de crianza completamente distintos? ¿Qué lugar ocupan las mujeres en estas formas de encuentro? Y sobre todo ¿cuánto se escuchan, se miran y se atienden las necesidades de los hijos en la inmensa marea que generan todos estos movimientos? ¿Se puede vivir el amor adulto más de una vez, con intensidad, con pasión, con coherencia, y convertirlo en una pareja , en una familia feliz cuando hay hijos que no son los que se tuvieron juntos?

Hija de una madre que la crió prácticamente sola, con cuatro hermanos por parte de su padre a los que vio poco de chica (su padre y hermanos vivían en otra ciudad) pero con los que tiene contacto y los siente familia, Violeta está separada dos veces. Tiene dos hijos de dos padres diferentes y está en pareja actualmente con un hombre que tiene también dos hijos de dos madres distintas. Por eso sabe. Sabe y siente. Sintió mucho. Por eso habla, por eso lo cuenta, y también por eso sigue buscando, preguntado. Porque sabe, pero eso no significa que tenga todas las respuestas.

Este nuevo libro (su sexto libro) es otra búsqueda, una que le permitió arrimarse a algunas certezas. Por ejemplo ésta: en las familias ensambladas muchas veces los hijos son los grandes olvidados.

—Las familias ensambladas, ¿son un lío importante?

—(Risas). Casi siempre, pero no necesariamente. Los que crecimos en ese tipo de familias o las construimos de adultos sabemos que hay cosas geniales, divertidas y otras que nos cruzan con cuestiones muy oscuras, complicadas. Por eso escribí Ensambladas, que les puede interesar a todos aquellos que vengan o formen parte de una familia donde hay miradas, voces y deseos que se han experimentado o se experimentan, muchas veces de modos muy distintos entre sus miembros. También pensé en los terapeutas, las puericultoras, los maestros, los pediatras, parteras, los que en definitiva están en contacto con las familias. Los jóvenes y adolescentes también pueden ser lectores de esta propuesta. Lo que quiero, lo que creo que busqué, es honrar a todos los tipos de familia, incluso a los que socialmente están cuestionados o señalados. Le puse humor y amor, acá hablo mucho desde mis experiencias pero también de muchas vivencias que me hicieron conocer otras personas, como una mujer que me contó que adoraba al hijo de su pareja pero cuando tuvo al suyo no quería que ese hijo se le acercara. ¿Raro, chocante? Sí y no, porque todo, todo es posible. Y lo que vale es hablar de eso...

—Los hijos, el gran tema...

—Desde ya, porque por más buenos y generosos que seamos los adultos, cuando estamos viviendo nuevas historias de amor, enganchados con alguien, reinventando vínculos, intentado reparar dolores, los chicos suelen ser los grandes olvidados. Lo digo en el sentido de que se les habla poco o nada de lo que está pasando. No se les pregunta qué sienten, cómo se sienten con las elecciones de los adultos. Cómo están, qué necesitan. Muchos hijos (ahora adultos) que vienen de familias ensambladas me dicen que no recuerdan para nada qué les dijeron cuando su mamá o papá se fue a vivir con otra pareja. O que no saben ni siquiera si les explicaron por qué de un día para otro iban de visita a la casa de otro hombre o de otra mujer, donde quizá había otros hijos que de repente eran "hermanos". Es la gran deuda que tenemos como sociedad.

" A una se le sube como un fuego interno cuando los hijos van a la casa de la novia del papá. Pero ahí hay algo de lo propio que se juega algo que no ha madurado"

—Vivir armoniosamente en esos contextos complejos, ¿es posible?

—Lo es. Hay mucho trabajo que hacer, sin dudas. Las elecciones de los adultos expresan la complejidad de quiénes somos y hasta de quiénes deseamos ser. Somos dinámicos, cambiamos, deseamos ahora una cosa y años después otra. Y todo eso repercute en los armados familiares y como decía, en los hijos. Creo que estamos actualizándonos en forma permanente aunque resistamos eso, aunque el contexto social nos indique otra cosa. Muchas pero muchas frustraciones nuestras (que trasladamos a los hijos) vienen de no aceptar los cambios.

—Es un momento de muchos replanteos sobre el rol de la mujer... ¿Qué mirada tenés al respecto?

—Veo claramente que se le está dando un lugar preponderante a analizar el lugar de la mujer. Estamos poniendo luz con la ola feminista. Y me parece genial, pero también me parece muy importante visibilizar las maternidades. No hay que olvidarse del lugar que tenemos las mujeres como madres. Madres llenas de amor pero también repletas de autoexigencias. ¿Qué nos pasa a las mujeres cuando devenimos en madres; qué pasa en el puerperio, del que poco se habla? ¿Dónde queda eso que sabíamos hacer y que era importante, nuestras profesiones, nuestros deseos? Mucho de eso queda pausado con la maternidad que nos presenta nuevas realidades y las mujeres, luego de que nace el niño y mientras es pequeño, nos dedicamos a hacer nido, porque por otro lado eso es lo que necesita un niño. Bueno, yo siento que hay que exponer más esto, hablar más de esto...

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—Hace pocos días, en twitter, explotó el hashtasg #Yo crío sola y miles de mujeres decidieron contar allí sus experiencias de crianza sin un hombre presente o poco presente...

—Expresar esas sensaciones es muy válido pero veo también que lo que se perdió es la ayuda de las generaciones anteriores. No sólo muchas veces se cría sola a los hijos porque no hay hombre, es porque tampoco hay redes. Al "yo crío sola" le agregaría "y me siento sola". Porque de hecho hay una soledad que se siente cuando una como madre está con el bebé que es muy intensa aunque haya una pareja. La soledad de estar con el bebé suele ser más grande que la de estar sola en una casa cuando no se tienen hijos. ¡El lugar de la demanda es tan alto! Y no todas tenemos eso de poder responder naturalmente, sin angustia, sin conflictos, por más adultas que seamos. Insisto: la demanda es mayor incluso que la energía que podemos dar. Yo escucho mamás que me dicen: "estoy agotada, quedé devastada", después de los primeros meses de crianza. Somos las madres las que más allá de los quehaceres quedamos a cargo de la cuestión emocional. El bebé sigue necesitando un útero, ahora externo. Pero nosotras, que somos las que se lo brindamos, podemos pasar por momentos muy angustiantes, emocionalmente muy fuertes y no necesariamente felices cuando toda la sociedad te dice: "Tuviste un bebé, ¡tenés que estar contenta!".

—Volviendo a Ensambladas, ¿cómo aparece esa idea y luego se plasma en un libro?

— Hace 10 años vino a mi grupo de crianza, que tengo en Buenos Aires, María Andrea Gonzáles, que justamente hizo toda la parte gráfica del libro. Con ella empezamos a hablar mucho de qué puede sentir un niño que es parte de una familia ensamblada, con los deseos y caprichos de los adultos. Pero incluso, antes de meternos en el tema de los chicos creo que una madre o padre con un niño pequeño (que tiene la necesidad de armar una nueva familia) debe mirarse, conocerse, preguntarse. Antes de visibilizar el deseo del niño es crucial visibilizar el deseo de su cuidadora, por ejemplo, porque entonces, recién después de vernos podemos ser adultos para escuchar a un hijo y comprender qué le haría realmente bien, en ese contexto. Así que el primer punto es poner en palabras. ¿Es complicado? Lo es, porque por un lado en un nuevo enamoramiento los chicos quedan en un segundo plano, y está bien darle lugar a eso nuevo que nos está pasando, pero ese niño no puede quedar desprotegido en ese proceso. Cuando hablo de acompañar hablo de la mejor manera en la que podamos hacerlo nosotros mientras rearmamos nuestra vida afectiva de pareja, pero también hablo de darle valor a la red. Los hijos nos tienen a nosotros pero también hay otros y otras que pueden cuidarlos. Los chicos necesitan a sus familiares cerca, no sólo a su madre o padre. No debemos olvidarnos de esa red de acompañamiento.

—En las familias ensambladas se amplía mucho el círculo de afectos y de apoyos, o al menos podría ser así, pero en general aparecen los resentimientos, los reclamos de los ex, los celos...

—Claro, hay mucho de eso. La mayoría de las personas tienen broncas acumuladas y dolores respecto de su ex pareja. A veces eso se transmite directamente a los niños. Yo tengo dos hijos de dos padres diferentes y tengo una pareja con dos hijos de dos madres diferentes...Y me pasa de compartir cosas con las nuevas parejas de los padres de mis hijos, o recibir al más chico de los hijos de mi pareja que tiene apenas dos año y duerme conmigo que no soy la madre...Hay que abrir mente y corazón para esto.

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—¿Y cuesta mucho ubicarse de un modo determinado en ese rol? Hago de madre pero no soy la madre...

—Ufff, claro que cuesta. No hay algo establecido para las "nuevas madres". En el libro tomamos muchos testimonios, y yo propongo resignificar eso de la madrastra y el hijastro, por ejemplo. La madrastra, palabra horrible que sólo es linda si se usa con mucho humor, se asocia con lo malo, lo malvado. Pero es complicado porque de alguna manera la tenemos que llamar, los chicos necesitan nombrar. La ley les dice madre afín o padre afín, y hoy hasta se les pueden reclamar alimentos a la madre afín o al padre afín, pero ¿ese es el nombre? Lo que veo finalmente, en mi experiencia y en otras, es que los chicos se las ingenian para ubicarlos y nombrarlos, más allá de las confusiones de los adultos. Mi hija, cuando tenía seis años festejaba el día del padre con su papá y cuando lo hacía luego con su padrastro decía "es el día del papa frita", con su segundo padrastro dijo "el día del papa al horno". Por ahora espero que no llegue el día de una nueva papa (se ríe)...

—Naturalizar un poco la situación...

—Claro, porque por otro lado no es antinatural. Sucede todo el tiempo aunque parezca cosa rara todavía. Yo creo que es muy importante que el niño sienta que la familia es toda. Porque para ellos, los hijos de la nueva pareja o los "hermanastros" con los que ya no convive siguen siendo muy importantes. Los adultos debemos habilitar todas esas llegadas, esos vínculos, no ponerles límites. Me parece vital rescatar la visión del niño. Ellos, por ejemplo, si el "medio hermano" tiene otros abuelos quieren ir con esos abuelos, y está re bien. La disponibilidad de los adultos es fundamental, la flexibilidad, ser solidarios, comprensivos, amorosos, corrernos de los celos, de las broncas del adulto y habilitarlos, abrirles la puerta. Creo que es más sano por ahí. Aunque tampoco se trata de caretearla a cualquier precio como si nada pasara, porque los chicos se dan cuenta de todo. Yo lo viví de chica...

—Los hijos no nos pertenecen...

—Exacto. Pero a una se le sube como un fuego interno cuando se van a la casa de la novia de papá. Hay algo ahí que se juega que es lo propio. ¿Cómo que ellos tienen un mundo en el que no estoy? Son instancias difíciles, aspectos de nuestra vida emocional que no han madurado. No somos muy inteligentes en lo vincular. No tenemos inteligencia vincular ni las herramientas para enfrentar estas situaciones. Seguimos pensando en términos de tuyo y mío. Pero la elección de la crianza es uno de los actos más importantes y soberanos de los adultos. No estamos hablando de qué tipo de televisor me voy a comprar. Hablamos de los hijos. De niños que necesitan vivir lo más felizmente posible su infancia. Con cuidado, con amor, siendo abrigados, siendo respetados y escuchados.

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