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Ellas me enseñaron

"Ma, había mucha gente grande. Vi varias mujeres incluso de la edad de la abuela. Eso me encantó", me decía mi hija de 16 años sobre su experiencia voluntaria e iniciática de participar en una marcha en reclamo de los derechos de la diversidad sexual, que copó de colores la plaza del barrio hace varios meses.

Domingo 11 de Marzo de 2018

"Ma, había mucha gente grande. Vi varias mujeres incluso de la edad de la abuela. Eso me encantó", me decía mi hija de 16 años sobre su experiencia voluntaria e iniciática de participar en una marcha en reclamo de los derechos de la diversidad sexual, que copó de colores la plaza del barrio hace varios meses. "Es que hay mucha gente que ocultó su orientación sexual por años y hoy puede expresarla en libertad", le explicó su papá, mi compañero. Sentí que algo estaba cambiando desde la raíz. Sentí orgullo por esa adolescente, por ese hombre, por la lucha de tantos.╠

Entonces volví a pensar en los procesos de transformación más profundos de la historia y reviví sus dinámicas, esas que requieren transitar dos planos: el de la movilización masiva y la visibilización, y el de la puesta en acto cotidiana.╠

Pero para ese despertar no fueron necesarios ni los libros ni los debates de la juventud. Fueron suficientes (o acaso necesarias, nuevamente) las palabras de mi otra hija quien con apenas 14 años y ante mi preocupación sobre el despertar de su vida independiente me escuchó decir: "¿Vas a ir con ese short en el colectivo? ¿Te parece?". Su respuesta fue clara: "¿Por qué no puedo? ¿Qué tiene de malo?".╠

Estas mujeres volvían a ponerme frente a mis prejuicios sin preámbulos. Como cuando les pareció indiscutible plantearle a su papá que yo no debía cocinar aquellas noches después de toda una jornada de trabajo en el diario, y varias tareas domésticas previas .╠

Entre debates intensos con mis compañeras de trabajo sobre cómo protagonizar el 8M este año, recordé la consigna de Las Sufragistas —el movimiento que reinvidicaba el derecho al voto de la mujer a principos del siglo pasado— y la frase "mejor que decir, es hacer", que se repite en la película que hoy Netflix pone entre las opciones preferidas de su menú. También algunas páginas de la oportuna lectura de Mika, la biografía novelada sobre Micaela Feldman, rosarina, anarquista y única mujer con rango de capitana frente a una columna de milicianos del Poum en la Guerra Civil Española. Pero sobre todo recordé a mis hijas —que asumen su vida de mujeres de otra manera— y respiré tranquila, porque esa pelea por nuestros derechos que venimos dando ya prendió en las nuevas generaciones. Ellas me lo enseñaron.

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