Sábado 24 de Diciembre de 2016
El 1º de diciembre la Unesco —Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura— declaró al yoga como Patrimonio Histórico Inmaterial de la Humanidad. "La importancia del patrimonio cultural inmaterial no estriba en la manifestación cultural en sí, sino en el acervo de conocimientos y técnicas que se transmiten de generación en generación. El valor social y económico de esta transmisión de conocimientos es pertinente para los grupos sociales tanto minoritarios como mayoritarios de un Estado, y reviste la misma importancia para los países en desarrollo que para los países desarrollados", se lee en el sitio oficial de la Unesco.
Pero ¿qué implicancias tiene este reconocimiento? Para Mohan Lull, maestro de yoga y meditación con más de veinte años de experiencia, "este tipo de declaraciones tiene un simbolismo muy interesante. Implica que el yoga no pertenece sólo al pueblo de la India que le dio origen sino a toda la humanidad, reconociendo que sus beneficios se expanden a todos".
El experto destacó que, además, el yoga ha sido incluido en el contexto de medicinas y prácticas tradicionales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), estimulando a los países para que aprovechen la contribución potencial de esta práctica al bienestar y la atención de salud centrada en las personas.
Argentina no es ajena a este movimiento. La práctica del yoga se ha extendido a lo largo del país, pero también se ha convertido en un estilo de vida. Las personas que practican yoga manifiestan una mejora en su estado físico pero también dan cuenta de que su práctica les aporta serenidad, relajación o que pueden expresar mejor sus emociones.
Estamos hablando de una filosofía milenaria que dispone de un conjunto de pautas, principios y prácticas para abordar todas las dimensiones del ser humano, incluyendo técnicas posturales (asanas y mudras), técnicas para llegar al estado de meditación (mantras y yantras, entre otros) y técnicas de control de la respiración (pranayamas).
Para Mohan Lull, quien se desempeña también como profesor universitario, "promueve, más que prácticas aisladas, un estilo de vida integral de acuerdo a pautas saludables que facilitan un estado de equilibrio, armonía y bienestar en la vida cotidiana. Asimismo favorece un estilo de vida basado en la alimentación sana y balanceada, la práctica regular de asanas y de técnicas de relajación, la importancia de la meditación y la calidad del descanso como claves esenciales para lograr un buen estado de salud mantenido en el tiempo". Por otro lado —agrega— "brinda herramientas para desarrollar estados de armonía interior que les permitan a las personas vivenciar las situaciones estresantes del diario vivir con una mente calma y serena".
Una persona que se dedica suele ver sus beneficios rápidamente y en distintos aspectos: su mente está más despejada, sus emociones más equilibradas, su cuerpo más flexible y su empatía con el entorno es más alta. "Así, la práctica yóguica se integra en la vida misma; cuando somos conscientes de que cada acción que realizamos está afectando a nuestro entorno y al resto de los seres que nos rodean: familia, compañeros de trabajo, amigos, animales, plantas, entonces, la totalidad de la vida se vuelve yóguica, se vuelve plena, ética y compasiva", afirma Mohan.
En las escuelas
Como actividad es ideal también para mejorar la atención de los alumnos, disminuir niveles de ansiedad y mejorar el clima en las aulas. Por eso ha ido ganando cada vez más espacio en distintos ámbitos educativos.
Actualmente, son muchas las instituciones que incorporan dentro de sus actividades al yoga, debido a sus beneficios para la salud emocional, mental y física.
Consultada al respecto, la licenciada María Eugenia Rovetto, profesora de yoga y reikista, explica que "una técnica sencilla que podría aplicarse en las escuelas es, por ejemplo, enseñarles a estar quietos, callados, en silencio, observándose a sí mismos. Guiarlos para observar no sólo su pensamiento sino aquello que está más allá de este pensamiento. De ese modo, es muy útil incorporar en la educación espacios de contemplación, de meditación, espacios para ser y no para lograr algo. Y hay distintos métodos: técnicas de respiración que inducen a calmar la mente, ejercicios de yoga para lograr la estabilidad del cuerpo y los pensamientos, ciertas lecturas que hablen del aspecto trascendente y espiritual del ser humano. Espacios para reconocer lo que somos en esencia, este es el gran logro de la vida humana para poder vivirla en plenitud", remarca.
Si bien la práctica del yoga se transformó en una oferta más en muchos gimnasios y centros deportivos, es importante que quien es responsable de impartirlo, posea los conocimientos y aptitudes necesarios.
"Esta disciplina milenaria consta de principios filosóficos, técnicas y pautas que requieren de años de estudio y dedicación para que puedan transmitirse haciendo honor al legado de los sabios y eruditos que durante siglos compilaron estos conocimientos" manifiesta Rovetto, quien junto con el doctor Jorge Berra dirige en Rosario la primera Tecnicatura Universitaria en Yoga y Salud Integral en el IUGR, en convenio con la Fundación de Salud Ayurveda Prema, y que cuenta con el aval de la Embajada de la India.
"Existen innumerables textos y soportes bibliográficos, así como excelentes docentes que pueden transmitir las bases filosóficas, teóricas y prácticas del yoga como campo del saber", mencionó.
Por lo tanto, es imprescindible que los profesores cuenten con una sólida formación académica que profundice en las prácticas, fuentes y fundamentos del yoga, con conocimientos específicos sobre técnicas posturales, de meditación, de relajación y de respiración que son propias de esta disciplina milenaria, así como otros conocimientos complementarios que les permitan transmitir, organizar y orientar a grupos e individuos que deseen mejorar su calidad de vida.
"Los profesionales dedicados a impartirlo deben contar con sólidos conocimientos, que partan de una rigurosa base académica con una amplia formación práctica y una cosmovisión integral de la salud, enriquecida desde diversas disciplinas que entienden al ser humano de manera integral", enfatiza.
En primera persona
Mabel Vega practica yoga desde que era adolescente. "Hoy es parte de mi vida", dice, reconociendo que el yoga la ha hecho más consciente en determinadas situaciones de vida.
"No es fácil, pero con el yoga pude ser menos prejuiciosa y pude aceptarme un poco más a mí misma", agrega.
Adoptar esta práctica para la mente y el cuerpo y transformarla en una forma de vida le ha posibilitado también trabajar con ella en espacios de vulnerabilidad como en barrios carenciados y en el Hospital Agudo Avila.
"El yoga me sirvió como una herramienta más para integrar las otras disciplinas artísticas que hice a lo largo de mi vida, fundamentalmente en aquellas relacionadas con actividades para niños y niñas", explica Mabel, quien actualmente ofrece clases de yoga pero además se animó a comenzar una carrera universitaria para sumar toda su experiencia y los cursos que hizo antes.
"Pensé estudiar una carrera universitaria para seguir buscando más herramientas diferentes para la práctica, a la vez que para ordenarme y reconocerme en un grupo diverso motivado por aprender. Yo conocía a varios de los docentes, con los cuales he compartido espacios y actividades, y eso ha hecho que me entusiasme", destaca Mabel, y concluye: "El yoga todo el tiempo me está despabilando".