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El arte de ser uno mismo

Una fundación con presencia en 170 países ofrece un curso para jóvenes que tiene como objetivo conectarse con el mundo interior, reconocer los factores de estrés, alejarse de las adicciones y aprender a convivir en paz. La experiencia del instructor Martín Cerezuela

Domingo 11 de Febrero de 2018

Martín Cerezuela nunca imaginó que su vocación lo encontraría alejado de su título de contador público y dando cursos, conferencias y talleres de la fundación internacional El Arte de Vivir, no sólo en la Argentina sino también en toda Centroamérica. Con sus 31 años, es el coordinador del programa Yes!+ Plus de esa organización —destinado a jóvenes de 18 a 32 años—, que incluye distintas herramientas para llegar “al conocimiento profundo del ser”.
   En la intersección de Sarmiento y Córdoba, en Rosario, lo que abunda es el caos. Es una tarde sumamente calurosa. Los autos y colectivos hacen más vibrante el asfalto. Las personas están apuradas, mirando sus teléfonos celulares y evitando el contacto con los demás transeúntes. Empujones, gritos, insultos. Todo eso forma parte de un cotidiano que emula una verdadera jungla urbana.
   A pocos metros de este escenario se encuentra la sede local del Arte de Vivir, una ONG humanitaria, educativa y sin fines de lucro, fundada en 1981 por Sri Sri Ravi Shankar. Su trabajo, en más de 170 países, está enfocado en el manejo del estrés y en las iniciativas de servicio para el bienestar de la comunidad.
   Martín Cerezuela vino a la ciudad para brindar uno de los programas para jóvenes y contó a Más su historia, con la intención de que su propio ejemplo se expanda hacia todos aquellos que quieren hacer un cambio en sus vidas.

—¿Cómo decidiste dejar de ser contador para ser instructor del Arte de Vivir?
—Fue interesante. Ahora viéndolo en perspectiva hubo mucho aprendizaje. Yo estaba frustrado porque mi corazón me llevaba a encontrar lo que amaba pero al mismo tiempo estaba estudiando algo que no me hacía feliz. Esa frustración y esa tristeza me llevaron al Arte de Vivir. Tomé un curso que fue un sacudón en mi vida. Me encontré con ese Martín que veía a chispazos, en momentos específicos, con amigos o familia, pero yo quería que esa versión mía estuviera siempre. Lo encontré y fue una sensación de volver a enamorarme de mí mismo.
Eso vino de la mano de un deseo muy fuerte de compartirlo. Fue como un “yo tengo que hacer algo”. Ahora me siento muy bien y quiero compartirlo. Fue natural. Sentí que no hubo decisión, fue como que sucedió. Desde ese lugar terminé mi carrera porque necesitaba cerrar una etapa y empecé a viajar por todo el país. Me especialicé en los programas para jóvenes que buscan darles un lugar donde encontrarse con ellos mismos, divertirse sin necesidad de drogas o alcohol, y que tiene un costado de servicio. Empecé a enseñar mucho en universidades, primero en Argentina y luego en Centroamérica.

—¿Qué es el programa Yes!+ Plus?
—Este programa tiene alrededor de 17 años. Nació en la India, como todo El Arte de Vivir, y se expandió rápidamente en EEUU. Es un programa que actualmente es una materia en las universidades de ese país. Acá en también se aplica. Está dirigido a algo muy simple: todo nuestro sistema educativo está orientado a habilidades duras —ingeniería, contabilidad, derecho, comunicación— pero lo que tiene que ver con la parte blanda —relaciones con el otro, el manejo de las emociones, elevar nuestro nivel de energía, claridad a la hora de tomar decisiones— no se integra. Sí hay una necesidad muy fuerte de hacerlo.

—¿Cuál es el planteo de las universidades?
—Nos comentan que su principal problema es la deserción. Por un lado los alumnos que dejan el primer año, que es algo típico, y por el otro los que avanzan pero no terminan. Eso tiene un costo muy alto en lo económico pero también en lo vocacional. Sólo el 10% de los que comienzan se recibe. El programa Yes! + Plus está apuntado a que las personas puedan llegar a terminar sus carreras pero también disfrutar el proceso educativo. Hoy miro hacia atrás y no disfruté el estudio. Tenía ataques de nervios antes de ir a rendir, mal humor. Canalizaba eso en alcohol o drogas. Para mí es muy fácil de entender porque carecemos de herramientas para lidiar con la frustración de que algo nos salga mal. Nosotros lo normalizamos: “La universidad es así. Te prepara para ser más fuerte”. Si, definitivamente está buenísimo ser más fuerte, pero la preparación puede partir desde otro lugar. No tiene que haber sufrimiento para prepararse para algo.

—¿Qué herramientas brinda el programa para hacer frente a estas cuestiones?
—Nos enseña sobre respiración, meditación, yoga, conocimientos sobre el cuerpo, la mente, como es nuestra energía. Cosas que son básicas pero muy profundas y concretas. A mí me fascina porque es un programa muy práctico. Uno de los puntos del curso se llama Time Management y tiene que ver con el manejo del tiempo. Una de las frases más comunes de este momento es “no tengo tiempo”, y así con un montón de cosas, pero no tiene que ver con eso sino con cómo lo administramos. Yes! + Plus va haciendo distintos procesos para soltar traumas, estrés, emociones no deseadas y experimentar una verdadera libertad. La propuesta es un poco desafiante porque te lleva a lugares nuevos, a salir de la zona de confort pero también trae mucho crecimiento desde un lugar divertido, liviano y en un contexto de grupo de gente que está en la misma que vos. Compartir con los jóvenes me lleva a un lugar de asombro. Hay mucho aprendizaje ahí.

—¿Qué problemáticas surgen en los distintos lugares donde llegan con esta iniciativa?
—Estuve por toda la Argentina y viví dos años en Guatemala y El Salvador montando El Arte de Vivir allá y trabajando con universidades. Una de las cosas que más me llamó la atención es la cantidad de jóvenes que toman pastillas para dormir, ansiolíticos y antidepresivos. De un curso de 20 personas, casi un 50 por ciento —y en algunos casos más— estaban saliendo de adicciones o tenían algún tipo de trastornos con drogas o alcohol y eso también ocurre en nuestro país. Es un tema tabú, que los avergüenza. Y este programa ayuda a que paulatinamente puedan dejar esos hábitos. Según la zona y la universidad las problemáticas son distintas. Te doy algunos ejemplos: En Buenos Aires (y otras grandes ciudades), por ejemplo, se ve más el libertinaje. Por una cuestión de rebeldía llegan a espacios de mucho sufrimiento ya sea con la sexualidad, las drogas, el alcohol o la relación con los padres. En el noroeste argentino la problemática es que los chicos están como apagados, sin vida y quizás su rendimiento no es tan malo pero tampoco están felices. Lo que me sorprende, para bien, es que curso no falla. Hay una psicóloga de Bahía Blanca que también es voluntaria de la organización que me dice: “Lo que logra el curso en cuatro días, a veces yo lo alcanzo en 3 o 4 años con un paciente”. Esto es así por el espacio que se genera, los procesos, lo dinámico, intenso y la técnica de respiración que es muy profunda y permite conectarte con lo más lindo que hay en nosotros. Yes! + Plus acerca el costado espiritual que todos tenemos latente, es inherente al ser humano, y lo hace desde un lugar libre, sin bajada de línea, invitándote a decidir. Las personas encuentran sus propias respuestas. Las cosas empiezan a suceder cuando tu mente está más clara y podes tomar decisiones desde ese lugar.

—¿Cómo es la devolución luego de finalizar el curso?
—El feedback de los chicos es muy lindo. Se escucha: “Esto me cambió la vida; ahora me puedo conocer más”. En lo personal me sucedió que sentía que la felicidad era una cosa puntual y al conocer estas herramientas y vivirlas fue como otro descubrimiento: “En realidad era algo más grande y mi mente lo estaba restringiendo”. Ahora siento que todos los días soy feliz. Hay días más desafiantes, a los que tengo que ponerles más ganas, desde ya, pero en mi hay una decisión, pase lo que pase o venga lo que venga.
—¿Cuál es la filosofía que sostiene la fundación?
—Es un programa muy transformador. El Arte de Vivir creció mucho y muy rápido. Ya estamos en más de 170 países y todo es movido por voluntarios. No hay intereses económicos ni personales ni del ego sino el deseo que más personas conozcan y experimenten esta felicidad. El crecimiento se logra porque no hay partidos políticos o religión involucrados. En el 2016 se festejaron 35 años de la entidad y se realizó un evento por la paz con 4 millones de personas. A mí me pareció una locura. Cada grupo llevaba la bandera de país. Incluso, había personas que estaban en guerra con otros pero en ese momento estaban abrazados. El Arte de Vivir tiene esa filosofía de poder dejar atrás nacionalidad, política, religión, cuadro de fútbol. Esto tiene que ver con profundizar en lo que querés pero al mismo tiempo estar en paz con las personas. Una cosa no limita la otra.

—¿Cómo se sustentan económicamente?
—Por cursos y donaciones. Esos ingresos permiten costear la implementación de programas en espacios donde no hay recursos, por ejemplo, cárceles, zonas de emergencia, villas, sitios donde hubo algún desastre natural. Los voluntarios dedicamos parte de nuestro tiempo a estar presentes, dar charlas, cursos o eventos públicos.

—¿Cómo es el programa en las cárceles?
—Es uno de los más fuertes. Instructores de tiempo completo dan cursos con un impacto muy potente, generando lo que la cárcel debería hacer: reinsertar a los presos en la sociedad. El programa les permite mucha paz para salir de allí desde otro lugar.

—Volviendo al programa que viniste a dar a Rosario, ¿por qué hay uno específico para jóvenes?
—Porque vamos a ser los líderes del futuro y tener las herramientas necesarias puede generar un cambio muy fuerte. Yo siento una necesidad imperiosa de que nuestro sistema educativo, por ejemplo, incluya el aprendizaje de la respiración, porque la relajación pueden cambiarlo todo. Me pone feliz que en otras instituciones ya esté sucediendo. Es algo natural que siempre estuvo ahí pero se perdió. Y ahora, la idea es volver a conectar con eso. Lo siento de vital importancia por lo que puede generar. Es muy importante entender que somos factores de cambio cada uno de nosotros y en el lugar donde yo estoy ya puedo generar algo sólo con mi presencia. Estar ahí, con mi sonrisa o mi energía. Y los jóvenes tienen mucha energía y tiempo para generar ese movimiento que, cuando se vive adentro, empieza a trasladarse a todos lados. La pregunta central es: “¿Qué estoy haciendo yo para generar un cambio?”.

Georgina Paladino

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