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¿Dios adentro nuestro?

Calmar la agitación mental y dejar correr los pensamientos y emociones son los primeros pasos para "sumergirse en el Universo". Una experiencia enriquecedora

Domingo 19 de Noviembre de 2017

La historia oficial, la que escribe la ciencia occidental, no da cuenta del fenómeno de "ampliación de la conciencia" por fuera de estados perturbados, propios de intoxicaciones o ciertas patologías del sistema nervioso. Pero si desentrañamos la versión oriental, la cosa cambia: ya sabe que donde el pensamiento occidental se encuentra en penumbras, el pensamiento oriental suele iluminar.

La modalidad de conciencia ampliada existe, y la vía para alcanzarla puede ser la meditación, práctica presente en muchas tradiciones milenarias como el hinduismo, el budismo, el taoísmo y el sufismo. En mi opinión, creo que es muy similar a lo que le ocurre al católico cuando se sumerge en sus rezos: una vez que alcanza esa profundidad la mente se despeja del tormento de pensamientos desordenados y ligados al ego para entrar en una dimensión diferente. Lo mismo sucede con cualquier trance en el que se repitan frases, cantos, mantras y demás. Más allá de cualquier religión o creencia, cuando la mente deja de funcionar en la modalidad ordinaria para salir de su eje y saltar de órbita, entonces un modo diferente toma lugar. Allí la mente sale del ego, sin oponerse ni ponerse a favor de nada, liberándose de los propios condicionamientos para observar, imperturbable, una nueva experiencia, otro plano de la existencia. Lo que contempla no es producto de la conciencia ni del inconsciente, sino que es el fruto de otro estado de conciencia: lo que encuentra es muy diferente respecto a lo ya conocido.
No es lo habitual integrar en la experiencia la modalidad de conciencia extendida. Eso parece marginado a alguna eventual situación particular, y no más que eso. Tampoco forma parte de nuestra vivencia cotidiana que lo que nos sucede tenga que ver con lo que sucede en el fondo del océano o en algún otro punto del cosmos. No es lo común profundizar en la red de relaciones que, fiel al concepto de interrelación, debería convocar hasta la última partícula del universo para alcanzar una explicación acabada de un suceso determinado. La mente ampliada o extendida libera la conciencia de estas ataduras para penetrar en la Realidad de la interrelación, fluyendo de manera natural y sin detenciones.
Cuando se da este salto, por más que sea sólo un instante, efímero, la experiencia aparece entonces desprovista de mente, pura, sin condicionamientos. El mundo no está ahí afuera, ni tampoco adentro; los ojos cerrados al mundo ven sólo lo que dicta la mente: la Realidad está en la interacción.
"El Creador, Dios o como cada uno quiera llamarlo vive dentro nuestro. En realidad es un todo, indivisible. Pero no siempre nos damos cuenta"

No hay adentro y afuera

En la década del 90, investigadores de la Universidad de Pennsylvania estudiaron a través de neuroimágenes por tomografía de emisión de positrones (PET) la activación de zonas del cerebro específicas, en relación a la experiencia de vivir en la interrelación. La actividad se intensifica en la parte frontal del cerebro cuando se desarrolla la concentración en la meditación. Concomitantemente, existe un descenso de la actividad en la región de los lóbulos parietales, donde se desempeña la función para ubicarnos témporo-espacialmente, facilitando así la dilución de la frontera que distingue al "yo" de los "demás". En ese momento se posibilita la experiencia mística o de fusión, aquella que permite a un individuo trascender su individualidad para identificarse con la totalidad. "Esto hace que se alcance un estado de trascendencia extasiada y de totalidad, que trasmite tanto poder y fortaleza que se tiene la sensación de experimentar una realidad absoluta" (Newberg, D'Aquili y Rause 2001).

A esta altura uno se podrá dar cuenta de que el Universo está adentro nuestro, dado que no hay división. El Creador, Dios o como cada persona prefiera llamarlo vive en su interior; en realidad, para expresarlo con mayor precisión: no hay un adentro y un afuera. En este todo indistinguible están Dios, la naturaleza, el potus del rincón del balcón, el gato Benito, usted y yo, todos juntos. ¿Se da cuenta?
Así que es tiempo de tomar conciencia de que sólo tiene que programar el GPS para encontrar aquello que está adentro suyo y, a la vez, lo trasciende. Por si no lo sabe, el GPS (sistema de posicionamiento global) es un aparato que te informa tu posición en cualquier lugar del mundo (vía satélite) para poder marchar y encontrar el destino.
Las experiencias místicas en todo el mundo muestran que el contacto con eso que está "arriba" (es sólo una forma de decirlo) es posible; sólo hay que aprender el camino. Y a esta altura podrá darse cuenta ya por dónde viene la mano, ¿no? Sí, exactamente: la vía es la expansión de la conciencia, liberando la mente, aunque sea por un instante, de su modo habitual. La experiencia de quienes meditan, en cualquier lugar del mundo y a lo largo de toda la historia, conecta con eso que nos trasciende. Y en todos los casos, la vivencia subjetiva de la "experiencia religiosa" nos debe hacer suponer que existe un fundamento neurológico que lo permite. Algunos dicen que Dios nos dejó esa suerte de chip en el cerebro para que aprendamos a encontrarlo. ¿Será así?
"No es usual la percepción de esta modalidad de conciencia, dado que se sale de los sentidos ordinarios para conocer el mundo"

Programar el GPS de la mente
La vivencia subjetiva de la "experiencia religiosa o mística", al darse de hecho, permite suponer que debe tener un fundamento neuronal. Andrew Newberg y Eugene D'Aquilli, entre otros científicos que investigan en un campo hoy denominado neuroteología, descubrieron que el estado de meditación modifica el funcionamiento de ciertas zonas del cerebro, permitiendo que la persona pueda transitoriamente salirse de sí mismo, como si se diluyeran las fronteras, ya sin distinguirse de los demás y lo demás. Y de este modo llega a sentirse identificado con una totalidad que lo trasciende. Bajo Spect, un escáner que mide el flujo sanguíneo relacionado con la actividad cerebral y que permite adquirir imágenes en tridimensión, pudo observarse y confirmarse durante la meditación la presencia de los cambios en el funcionamiento cerebral antes señalados. En estas modificaciones tiene lugar el origen de las percepciones espaciales y temporales anormales y la pérdida del sentido habitual de uno mismo, ¿recuerda? Así, superando la fragmentación cuerpo-mente y trascendiendo su identidad individual para identificarse con la totalidad, Dios, el Universo, o como usted prefiera llamarlo, puede ser encontrado.
Si la mente logra modificar su normal funcionamiento, ese modo analítico y racional en el que funciona habitualmente, entonces el encuentro con el Creador es posible. Romper la ilusoria frontera con lo externo es una de las paradas en este camino: derretir la piel es posible en la experiencia, fundiéndose las entrañas con el resto del universo.
En este mismo movimiento el ego se diluye en el océano, sin poder ahora identificarse un adentro y afuera: de esto se trata ese fenómeno que reconocemos en el estudio de la mente como "despersonalización". Y todo comienza a ponerse extraño, distinto; no es usual la percepción de esta modalidad de conciencia, dado que se sale de los sentidos ordinarios para conocer el mundo: esta vivencia es nombrada usualmente como "desrealización". La realidad comienza a verse distinta. Eso sí, tenga cuidado cuando esté frente a ese paisaje: si enciende la mente, entonces dejará de estar plenamente en la experiencia. Y ahí se perderá inmediatamente del camino.
Esté alerta de no querer prolongar esta sensación para siempre, recuerde que el tiempo es también cosa de la mente, la intención misma es cosa de la mente. ¡Atención! Tampoco busque explicar lo que está pasando, otra vez la mente metiendo la cola: es en este punto donde muchos desvían el curso de la experiencia hacia lugares horrorosos, terrores inmanejables o, sencillamente, simples palabras. No tenga miedo de lo que está pasando, si eso le pasa, tenga presente que es la aparición de esa incertidumbre que pervierte la claridad de la vivencia: una vez más la mente haciendo ruido. En cambio, si esta sensación es vivida con atención plena, en paz y con franca compasión, en un instante eterno sin que la mente aparezca para poner palabras, para calificar la experiencia como buena o mala, linda o fea, entonces el GPS marcará el destino a un solo paso de distancia.


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