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"Deseo que los chicos trasplantados tengan una vida parecida a lo normal"

Horacio Vogelfang cambió el presente y el futuro de miles de chicos. En el Hospital Garrahan, en Buenos Aires, hizo el primer trasplante cardíaco pediátrico en una institución pública del país, realizó intervenciones médicas sin precedentes e incluso consiguió la costosa maquinaria Berlín para "sostener" a niños que esperan un órgano. Una vida dedicada a dar vida.

Domingo 29 de Octubre de 2017

El hospital es el lugar al que normalmente se acude cuando se presenta un problema de salud. Pero no siempre. De hecho no es lo que ocurre cuando adolescentes de alrededor de 15 años visitan el Garrahan, en Buenos Aires, para encontrar al cirujano cardiovascular infantil Horacio Vogelfang y decirle: "Hola doctor, usted me operó cuando yo tenía 6 meses".

   Es que el actual Jefe de Servicio de Trasplante Cardíaco de esa institución fue clave en la intervención de muchísimos chicos de entre 0 a 16 años a lo largo de sus casi 30 años de carrera en el emblemático efector público. Un hombre que se planteó metas que consiguieron posicionarlo como un referente en la entidad y en el país. Entre sus logros más importantes están haber inaugurado en 1996 el primer banco de homoinjertos, que permitió congelar y guardar arterias y válvulas para después ser implantadas, y luchar para que en 2006 se consiguiera el equipo Berlín Heart, conocido como "corazón artificial", que se implanta a los chicos que esperan un órgano.
   Pero quizá su mayor hito haya sido haber inaugurado en el año 2000 el primer programa de trasplante cardíaco pediátrico en un hospital público. Y cuatro años después, haber sido artífice de una operación sin precedentes en el país y con muy pocos casos a nivel mundial: un trasplante de corazón con donante no compatible a la por entonces pequeña Abril Dispenza, quien hace poco cumplió 15 años.
   Con todo, detrás de cada operación hay un paciente, su familia y una historia. Y Vogelfang las recuerda. Porque entre todos los desafíos que se planteó a lo largo de su carrera estuvo el de que los chicos a la espera de un corazón tuvieran "una vida parecida a lo normal", con paseos, escolaridad e incluso visita de sus ídolos.
En una extensa charla con Más el médico realizó un recorrido por su trayectoria, por esas historias dentro y fuera del quirófano, dentro y fuera de lo estrictamente profesional. Reflexionó sobre su vocación y explicó que no quiere que lo llamen héroe.
— ¿Cuándo surgió la inquietud de convertirse en cirujano y abocarse al corazón de los niños?
— La decisión de seguir medicina la tuve de chiquito, pero la parte de cirugía fue modelándose. En un principio quería dedicarme a la investigación o la psiquiatría, hasta que un año antes de recibirme hice guardia en el hospital Fiorito de Avellaneda, donde los practicantes entrábamos mucho al quirófano para ver y ayudar. Ahí me empezó a gustar. Después encontré apasionante abocarme a las cardiopatías congénitas, a las enfermedades del corazón de los chicos. Y ya como cirujano cardíaco infantil empecé a plantearme diseñar un programa de trasplante, que todavía no estaba instituido en forma programática en un hospital público.
— Usted comentó en otras oportunidades que tuvo polio de chico. ¿Esa enfermedad influyó en su vocación?
— Yo creo que más que en la vocación, la polio influyó en sentir que yo debía tener desafíos y demostrarme a mí y no sé a quién más que podía hacer cosas. Decidí ser médico porque me gustaba, pero ¿por qué no ser psiquiatra, psicoanalista, pediatra, o investigador, donde se está sentado y tranquilo en lugar de exponerme a estar parado horas y horas en cirugías quilométricas cuando lo que yo tenía era una secuela en la pierna? Seguro que la enfermedad sí tuvo que ver a la hora de superar obstáculos, ya que se opera de pie por seis o siete horas.
— Durante una charla TED que ofreció, bromeó acerca de que había aprobado la materia Cirugía "raspando"...
— Me río de eso porque en una época de la carrera lo quirúrgico no era mi prioridad. Me dedicaba más a las cuestiones del intelecto médico que a lo práctico y lo manual. Y la materia Cirugía la rendí en esa época de mi estudio, en donde por ahí sacaba 8, 9 o 10 en asignaturas de otro tipo, pero Cirugía, bueno, había que aprobarla, y la aprobé raspando con 4. Después vino el desafío de demostrarme que ese 4 era el piso y no el techo.
— Y se abocó a los trasplantes. Pero sabemos que esa no es una tarea solitaria. ¿Cómo está compuesta la cadena para que los operativos funcionen?
— Cuando recibimos un llamado del Incucai para anunciar que hay un donante se desencadena un operativo en el que participan al menos 30 personas. Damos aviso a dos o tres integrantes de la terapia intensiva y cuando se termina el trasplante se ocupan cuatro o seis médicos y 20 enfermeros. En cuanto a la tarea de ablación, una parte del equipo sale a buscar el corazón en un vuelo, y mientras tanto en el hospital preparamos al receptor para que el corazón sea implantado en forma inmediata, porque cuando ese órgano se quita del cuerpo humano, tiene una vitalidad de cuatro horas, como máximo seis.
— ¿Cómo se conserva un corazón?
— Primero se le inyectan sustancias que bajan por completo el metabolismo de la célula del músculo cardíaco. El órgano se detiene y deja de latir cuando ingresa esa sustancia, que posee componentes que protegen a la fibra muscular y reducen las necesidades de oxígeno y de sangre de las fibras del corazón, que quedan como dormidas. Además el órgano se coloca en frío, se guarda un triple envoltorio estéril y ese envoltorio se coloca dentro de una heladera de transporte con hielo, que no toca al corazón porque puede quemar las fibras.
— Hablemos de los hitos que usted impulsó en el hospital, como por ejemplo, la inauguración de banco de homoinjertos en 1996.
— Pudimos traer al país una técnica para guardar arterias y válvulas en un banco. Se conservan con frío. Y cuando el cirujano necesita una prótesis para el paciente, se pide las pide al banco, se descongelan y se implantan. Así dispusimos de un stock de prótesis humanas biológicas extraídas de seres humanos donantes para reemplazar tejidos enfermos del corazón. Esos tejidos pueden no ser de niños, ya que la arteria del corazón de un joven o de un adulto puede servir para reemplazar o arreglar una arteria enferma del corazón de un chico. Esta técnica empezó a realizarse en Inglaterra, por lo que en 1992 viajé para aprender cómo conservar esas porciones de corazón, que se extraen de un órgano donado que no sirve para ser trasplantado. A esas válvulas y arterias se les hace un tratamiento especial con sustancias nutritivas y antibióticos para descontaminarlas. También aprendí en el extranjero cómo se hacían las ablaciones del corazón.
— ¿Qué puede decirme de la creación del programa de trasplante infantil?
— Al programa lo iniciamos anotando pacientes en julio de 2000 y el primer trasplante lo hicimos en octubre del mismo año en una nena de 8 años. El del Garrahan fue el primer programa de trasplante cardíaco infantil en un hospital Público. Es importante que este tipo de especialidades se realicen en instituciones públicas, porque la cantidad de pacientes pediátricos es mucho menor a la de adultos (se calcula un niño por cada 10 adultos). Realizarlos en ámbitos privados limita mucho la experiencia que puede tener todo el personal, que tiene que estar en permanente entrenamiento. No es lo mismo operar del corazón a un chico por mes, que estar operando dos o tres por día. Por otro lado es garantizar la universalidad de esta práctica independientemente de si el chico tiene o no cobertura, porque es muy costosa, y más aún cuando se requiere de un corazón artificial. Son muy pocos los pacientes infantiles que pueden trasplantarse el corazón por año, entre cuatro y seis. Si no se centraliza eso en un lugar o en dos, se aislan los casos.
— ¿Y del famoso caso de Abril, el trasplante de corazón "imposible"?
— Recuerdo que era enero de 2004. Yo estaba por empezar mis vacaciones y como Abril estaba internada desde hacía un tiempo y empezaba a estar muy mal, la decisión de mi familia fue no ir a la costa argentina ni a un lugar lejano por si aparecía un donante, ya que somos pocas personas en el equipo de trasplante. Decidimos alquilar una casita en un country y aunque estaba de vacaciones, recibía las noticias. Quien había quedado a cargo en el hospital era mi compañero el doctor Gerardo Naiman, que un día me llamó para decirme que otro médico más joven le había acercado un trabajo de un equipo canadiense que había hecho un protocolo que, al modificar la sangre del receptor, se podía aceptar un corazón incompatible de otros grupos sanguíneos. Esto se podía realizarse en chicos de hasta 12 meses y en ese entonces, Abril tenía 16 meses. Era algo descabellado, la primera vez que teníamos noticias de este tipo. Pero se sumaba un recurso en tiempos en que no contábamos en Argentina con el corazón artificial. De pronto Incucai llamó para avisar que había un donante, pero de otro grupo sanguíneo. La decisión fue meditada y ensayamos este protocolo con la copia del artículo. Con el servicio de Hemoterapia se cambiaron diferentes componentes de la sangre de Abril, como plasma y plaquetas en el momento de las cirugías. Así se produjo una sangre mixta y todo salió bien. Además se le reforzaron las drogas anti rechazo. Parecía un trasplante imposible, pero hoy Abril está muy bien y el 9 de septiembre fui a su fiesta de 15. Ella estaba hermosa. Los médicos, que estuvimos invitados, lo pasamos genial, y comimos y nos divertimos mucho.
— ¿Cómo lograron que el Garrahan tenga un "corazón artificial"?
— Después de una lucha importante, conseguimos el equipo y los insumos descartables, que se usan en un paciente y que se sacan junto al corazón enfermo. Buscamos ver cómo podíamos adquirirlo sin dañar el presupuesto del hospital, que necesitaba abastecer todas sus áreas. Por suerte el Ministerio de Desarrollo Social colaboró mucho en ese entonces, compró el aparato y lo donó al hospital y a la vez compró insumos que alcanzaron para los primeros 10 pacientes. En 2006 implantamos el primero, y actualmente llevamos 44. Por supuesto es un sistema con riesgos y complicaciones, pero más de 60% de los pacientes implantados con corazón artificial llegaron al trasplante. El Garrahan es la única institución del país que cuenta con un corazón artificial propio.
— A lo largo de sus casi 30 años en el hospital imagino que tendrá muchas historias. ¿Alguna que recuerde especialmente y que quiera contar?
— Hay muchas, tanto en chicos trasplantados como operados del corazón. Nos da mucha satisfacción todo que lo podemos hacer por los chicos para generar una infancia parecida a lo normal. Porque hay pacientes que viven dos o tres años en el hospital con un corazón artificial esperando que aparezca un donante. Entonces nos esforzamos para generar situaciones de paseos, gimnasia, escolaridad chicos visitas ilustres, como ídolos deportivos, artistas. Por suerte, cuando levantamos el teléfono, la respuesta es positiva y hay mucha gente que se acerca anónimamente como cantantes, jugadores de fútbol, de básquet y artistas de todo tipo, que vienen a visitarlos, así como a trabajar por el hospital, sin querer que esto se divulgue.
coldplay garrahan
Corazones solidarios. El jefe de transplante cardíaco del Garrahan acompañó al cantante de Coldplay en su visita al centro médico.
Corazones solidarios. El jefe de transplante cardíaco del Garrahan acompañó al cantante de Coldplay en su visita al centro médico.
— ¿El ídolo que hace la visita es a pedido de los chicos?
— A veces sí. Recuerdo el caso de un chiquito conectado al corazón artificial que llevaba más de 11 meses viviendo en el hospital. Un día me dijo "qué lástima que yo nunca voy a poder ver a (Martín) Palermo y a (Juan Román) Riquelme", porque él tenía miedo de fallecer antes. Eso quedó como marcado a fuego: había que conseguir que vinieran Palermo y Riquelme. Lo logramos, lo que iba ser una sorpresa total para él. Pero el día que iban a venir, justo apareció un donante y se suspendió todo para operarlo. El chico nunca supo eso, pero después de trasplantado, poco antes de que se fuera de alta, sí vino Riquelme, acompañado de otros jugadores de Boca. Le dijimos al nene que viniera a la oficina con la excusa de hacerse algún control, pero cuando entró y vio a su ídolo por sorpresa no lo podía creer, rebozaba de la felicidad. Y hay más ejemplos como ese. Incluso llegó a visitarnos Chris Martin de Coldplay aprovechando que estaba en la Argentina. Hay una solidaridad muy grande del medio artístico, cuando uno piden están sin exclusión.
— ¿De qué están pendientes los médicos a la hora del trasplante, y después?
— En el trasplante, si todo transcurre bien, hay un momento crítico y mágico, aquel en el que se implementan los pasos quirúrgicos para que el corazón empiece a latir. Se utilizan técnicas específicas con las que debería hacerlo, pero nunca sabemos, porque puede pasar que tras estar en una caja con hielo por cuatro horas no se acuerde de latir. Después están las 48 o 72 horas iniciales de posoperatorio, donde puede haber complicaciones muy serias. Además se agrega el fantasma del rechazo, que puede darse hasta años después. Por eso los pacientes tienen que tomar de por vida medicación inmunosupresora, que baja la respuesta inmunológica y hace que no se rechace al órgano, un elemento ajeno y extraño. Pero como esta medicación baja las defensas, la persona debe tomar extremos cuidados contra las infecciones. Nosotros nos encargamos de dar consejos higiénicos para que los chicos estén lo menos expuestos a contagiarse una infección que en cualquiera puede curarse a la semana, pero que en ellos puede ser grave. Incluso no recomendamos las mascotas, porque pueden revolcarse en el pasto y traer un germen capaz de agredir a un chico inmunosuprimido.
— ¿Qué siente cuando lo llaman héroe?
— No lo acepto, no es algo que me entre, ni me quepa. Porque si hay héroes esos son los pacientes, los donantes y sus familias. Nosotros hacemos un trabajo que nos gusta para el cual estamos entrenados. Claro que no puedo perder de vista el componente social, emotivo y solidario de mi trabajo. Lo hago con gusto, pero eso no es algo heroico. Decirnos héroes es una mentira.

El Garrahan "no excluye"

Hace pocos días que falleció un adolescente correntino de 13 años que, según manifestaron algunos medios de comunicación, había sido rechazado por el equipo de trasplante del Hospital Garrahan para una intervención de corazón a causa de su situación socioeconómica. Los directivos del nosocomio emitieron de inmediato un comunicado negando esto. A pedido de Más, el médico Horacio Vogelfang también se refirió a lo sucedido.
   "Eticamente no corresponde tratar el tema de las decisiones médicas adoptadas con un paciente en forma personalizada a través de los medios de comunicación. En el caso del Hospital Garrahan, acerca de la atención que se les brinda a los niños de nuestro país que tienen un origen humilde, los hechos hablan por sí solos (el lugar es referente en la atención de chicos de recursos socioecómicos escasos).
   "Las características sociales, en el caso de los trasplantes, siempre se toman en cuenta para incluir a los pacientes pero no para excluirlos", enfatizó el médico.
   "Es nuestra responsabilidad saber si los pacientes cuentan con las condiciones de vivienda adecuadas, así como si tienen la posibilidad de tomar una medicación todos los días. Un chico que está inmunosuprimido por las drogas antirechazo no puede volver a su casa con piso de tierra o mínimas condiciones sanitarias porque, por ejemplo, aspirar partículas suspendidas puede causarles infecciones severas. Por eso tenemos que asegurarnos que regrese a su casa de material con condiciones higiénicas adecuadas, que tenga sanitarios, que tenga cloacas. Y si no posee estas condiciones tenemos la obligación de lograr que alguien se lo provea, sea alguna ONG, la nación o el municipio", comentó.
   "Sabemos que un paciente pediátrico, un bebé de meses o un niño, no puede hacerse cargo de tomar un medicación por día y por eso también debemos asegurarnos de que haya un adulto responsable de esto, de modo que todos los días de su vida cuente con la medicación y que todos los días la reciba de la manera adecuada", agregó Vogelfang.
   "Como médicos tenemos la obligación de saber si están dadas esas condiciones y si no lo están asegurarnos de conseguirlas para incluirnos, pero insisto: jamás para excluirlos", remarcó.
   El especialista mencionó que "desde ya hay que aclarar que hay pacientes que hechas las evaluaciones multidisciplinarias por parte de los equipos de profesionales que los evalúan, pueden encontrar alteraciones multiorgánicas graves que contraindican la realización del trasplante y que el trasplante no podría revertir".

Y las estrellas brillaron por ella


Entró al salón de la fiesta de sus 15 con el tema Yellow, de Coldplay ("Mira las estrellas, mira como brillan por tí"). Fue una manera de completar su sueño porque Abril Dispenza ya se había dado un abrazo el año pasado con Chris Martin, el cantante de esa banda británica, y uno de sus ídolos. Desde entonces había deseado que su música fuera protagonista en una noche tan especial. En esa celebración, tan conmovedora para muchas jóvenes, ella estaba radiante. Y a diferencia de la mayoría de las quinceañeras, Abril no entró a la fiesta del brazo de su padre, sino que ingresó con el papá de la bebé que 13 años atrás fue la donante del corazón que le permitió vivir.
   En ese recinto —donde confiesan los que estuvieron que, todos, desde los familiares hasta los mozos lloraron a mares al ser testigos de la escena— también estuvieron presentes los médicos que fueron responsables de una verdadera hazaña: en 2004 la operación a la que fue sometida Abril fue la primera en la Argentina, y una de las pocas en el mundo, entre dos personas no compatibles, como eran ella y su donante.
   El cirujano Horacio Vogelfang fue el artífice de ese logro y uno de los invitados destacados del cumpleaños del que habló el país y que permitió recordar que esa adolescente vestida de rosa y con una corona de princesa recibió hace 13 años, y con sólo 16 meses, el corazón de Ayelén, otra bebé de apenas un año y medio que no logró sobrevivir a un accidente de tránsito en Santiago del Estero. La historia fue conocida por entonces como la "del corazón imposible", un hecho que gracias al talento y el coraje profesional fue más posible que nunca.

Celina Abud
Especial para Más

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