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"Crecí pensando que el hombre valía más que la mujer"

Valeria Kechichian se subió por primera vez a la tabla de longboard a los 28 años. Animada por esta pasión que cambió su vida fundó Longboard Girls Crew, una comunidad de chicas patinadoras con presencia en 80 países.

Domingo 04 de Noviembre de 2018

"Lo más importante no es tanto el skate como deporte sino como herramienta para reconciliarse con uno mismo y sentir cosas diferentes", confiesa Valeria Kechichian, fundadora de la comunidad Longboard Girls Crew. Este equipo de chicas tiene presencia en 80 países y se dedica a fomentar los deportes de acción entre las mujeres, y en especial el skateboarding. "Comenzamos patinando entre amigas en Madrid, y a partir de una actividad que nos divertía mucho, creamos una comunidad. Queríamos cambiar la forma en que fuimos retratadas y percibidas por la sociedad a lo largo de la historia, y transmitir que cualquier niña o mujer podía patinar", explica la patinadora que se subió por primera vez a la tabla recién a los 28 años.


"El skate verdaderamente cambió mi vida", valora la joven cada vez que se presenta en alguna charla o exposición, quien asegura además transitar sin una residencia fija y "vivir en la carretera". Valeria es argentina pero hace casi veinte años que reside en España y otros países de Europa. Recientemente participó en Rosario del encuentro de "Mujeres en la era digital", organizado por la alianza Movistar y la organización Media Chicas. En este evento, varias expositoras relacionadas con la innovación, el emprendimiento y la tecnología compartieron sus experiencias para promover la inclusión digital de la mujer.

"Antes dependíamos de cómo nos sacaban en las revistas, hoy tenemos el dominio sobre las herramientas tecnológicas, decidimos a través de las redes sociales cómo y cuánto nos exponemos, y qué decimos", reflexiona la joven acerca de un recurso que hizo expansivo el alcance de la comunidad del skate a través de las redes sociales. A partir de su experiencia comenzaron a grabar videos que inspiraron a más mujeres a patinar, mostrándoles que también podían hacerlo, que además era accesible y divertido", explica la skater respecto de esta experiencia que se difundió en muchos países.

"Soy una fuerte defensora del cambio y de hacer las cosas de manera diferente". Así desarrolló una de las comunidades femeninas más grandes del mundo que empodera y promueve el skate para que más niñas y mujeres lo practiquen. También apuesta a conformar una ONG que se transforme en una plataforma de contribución humanitaria, llevando esos mismos valores de fortaleza y camaradería a países islámicos y lugares remotos.

Patinar de grande

"Crecí pensando que el hombre valía más que la mujer", continúa Valeria Kechichian, nacida en el seno de una familia armenia. Hasta que descubrió el skate, su infancia y adolescencia transcurrieron bastante alejadas de los deportes. "Siempre quise empezar a patinar hasta que me encontré atravesando una época difícil de mi vida donde debía dejar algunos malos hábitos, y para lograrlo debía ocupar los espacios libres y tiempos de ocio. Así que comencé a patinar, también a tocar la batería y tomar clases de baile, pero ninguna de estas dos actividades duraron mucho tiempo. Sólo el skate logró cambiar mi vida", aunque admite que también le gustan otros deportes de tabla como el surf, el snowboard y el wakeboarding.

Los primeros años patinaba en la calle o en el parque de El Retiro, en Madrid, animándose a un deporte que al principio no le resultaba fácil y aprendiendo de cada caída. "Tuve que intentarlo muchas veces porque no soy de esas personas que tienen una habilidad innata. Se trata de una práctica que se vale de la gravedad porque nos deslizamos por la carretera a mucha velocidad, donde frenamos haciendo derrapes, con las ruedas y las manos, todo depende de cada uno y de alguna manera nuestro cuerpo se convierte en la carrocería. Por supuesto que existen las propias limitaciones, y que a veces algo que puede en una persona generar miedo, en otra parece sencillo". Así presenta la longboarder a este deporte de tanta adrenalina y pasión. A diferencia del skate, el longboard es un deporte que se realiza con una tabla más larga, algunas modalidades son iguales como el freestyle que consiste en hacer trucos y derrapar, otras en cambio difieren bastante como el downhill donde se baja en pendiente a alta velocidad.

"Cuando empecé a patinar era extraordinario descubrir cómo la gente en la calle se daba vueltas para observarme, porque encontrar en España hace casi diez años a una mujer patinando era una cosa rarísima", recuerda de esta práctica que surgió de un interés y necesidad personal y que entusiasma cada vez más mujeres y niñas en distintas partes del mundo. "Hemos cambiado de alguna manera la industria del longboard que estaba asociado casi exclusivamente a los hombres, y que hoy convocatoria de mujeres para las campañas publicitarias supera a la de los varones", agrega.

Con la fuerza de la gravedad

"Con el skate en la mano me muevo para todos lados", y cuenta que nunca se separa de su tabla, gracias a un bolso especialmente diseñado, donde sus ejes y ruedas son los mismos de la maleta. Patinar en paisajes naturales es lo que más disfruta, también los derrapes rodeada de montañas o en el bosque, y pasear por la costa. "Cualquier carretera que tenga buen asfalto sirve para derrapar", explica sobre este deporte que se practica en la calle, generalmente se aprende en soledad y tiene cada más escuelas de longboard en el mundo. "Las comunidades crean en cada ciudad ese ambiente a salvo y protegido que de alguna manera anima a las mujeres a empezar y no sentir miedo o vergüenza de hacerlo. Algo cambió, por eso muchas argentinas hacen skate y longboard, y este despertar de la mujer es a nivel global", explica en referencia a una disciplina que busca integrar a todos los géneros y que tiene a la argentina Sabrina Ambrosi en el segundo puesto a nivel mundial.

"Cuando patino me siento plena, y más aun si es con amigos y amigas. El longboard es ideal para empezar hacer algo de ejercicio y pasear, es un deporte que no tiene grandes dificultades, y además es divertido", dice la patinadora que siempre encuentra cosas positivas para destacar de este deporte, aunque ya no pase tantas horas subida a la tabla, y dedique casi todo su tiempo a la administración de la comunidad y el emprendimiento de la ONG.

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