Cinco reglas que conviene revisar
Cómo se construye el respeto a los niños y niñas. ¿Por qué siguen existiendo los castigos verbales y corporales? ¿Poner límites es coartarles la libertad? Un artículo para pensar cómo estamos criando a nuestros hijos.

Domingo 15 de Diciembre de 2019

Especial para Más

Pueden sonar como cosas irrelevantes, o tonterías, de esas que denominamos verdades de Perogrullo. Pero no lo son. Quizás cuando repases este texto con atención encuentres que muchas veces no tenemos presente lo obvio. Y cuán necesario es.

Una perogrullada es algo que suena necio decir dado que es —o debería ser— claramente sabido por todos; se trata de una calificación que hace honor a ese profeta, mítico o real, llamado Pero Grillo y luego Pero Grullo, quien recaía en expresiones evidentes, casi redundantes por su misma simpleza.

Como este es un buen momento para hacer una pausa (tal vez siempre lo es) voy a invitarte a dudar del sentido común —el menos común de los sentidos— y mirar bien de cerca aquello que suena obvio.

Regla 1. "Quien es bien tratado aprende a tratar bien. Quien es maltratado aprende a maltratar". La pregunta que sigue, a fines de hacer una sincera y honda reflexión, es: ¿siempre tratamos bien a nuestros hijos? Quiero decir...¿no les faltamos el respeto en más de una ocasión? Para hablar de maltrato no hace falta recaer en los azotes o cinturonazos; también son malos tratos los tironeos, empujones y patadas al paso, como toda forma de abuso psicológico. Nada de eso le permitiríamos a un tercero. Nunca dejaríamos que otro haga tales cosas con nuestros hijos? ¿pero nosotros sí podemos? No. Nada nunca justifica ninguna forma de maltrato. Si lo hacemos, les estamos enseñando que se puede tratar mal a los demás, incluidos nosotros mismos.

Regla 2. "A quien se le dicen cosas feas e hirientes aprende a relacionarse diciendo cosas feas e hirientes". No hay nada de malo en enojarse cuando las situaciones que vivimos disparan esta emoción. Del mismo modo, vale ponerse triste, angustiarse o tener miedo frente a determinadas experiencias que nos toca vivir. Lo que no está bien, frente a esto que nos desborda, por momentos con la franca sensación de superarnos, es decirles a nuestros hijos cosas que los hieran. Se trata de palabras que saben ser bien guardadas en algún refugio inviolable de su cerebro, en ocasiones transformándose en los titulares que encabezan los capítulos de su historia, notas salientes de su biografía.

Regla 3. "A quien le ponen límites a los gritos y empujones aprende que está bien gritar y empujar para poner límites". Que los límites son precisos no hay ninguna duda; bien vale tener presente que no poner límites a nuestros hijos es una forma de maltratarlos. ¿De qué manera se van a enfrentar a un mundo en el que no se puede todo, y muchos menos ahora mismo y de la forma en que cada uno quisiera? Pero hacerlo a los gritos o empujones, tirándoles de la oreja o el cabello, eso no (volvemos a la Regla 1). Recurrir a la violencia para poner límites es la constatación del fracaso de nuestros recursos como padres para manejar las situaciones que se nos presentan en la educación.

Regla 4. "Quien no es escuchado de pequeño aprende que vale poco o nada. Quien crece escuchando que no sirve para nada aprende que es un inútil". Si los padres no disponemos del tiempo que nuestros hijos necesitan para contarnos cosas, compartir con nosotros aquello que les pasa en su día a día, entonces ¿quién sí? Valorarlos es prestarles atención y escucharlos con el corazón y la cabeza abiertos cuando así lo precisan, de otro modo lo que entenderán es que si no son importantes ni para sus propios padres. Y peor aún si las tantas veces apresuradas calificaciones parentales abren grietas en su autoestima, dinamitando ese núcleo alrededor del que se construye su personalidad.

Regla 5. "Quien crece en medio de amenazas y castigos entiende que las coerciones son una forma de abrirse paso en la vida". Cuando decimos: si no hacés tal cosa (sin importar si al niño le interesa, gusta o está preparado para hacerlo) entonces va a pasar tal otra. O si hacés eso, entonces te voy a sacar aquello que tanto te gusta. Las amenazas no generan un buen clima para el aprendizaje, tampoco los castigos: ambos desregulan emocionalmente, dejando a los niños con menos recursos para las situaciones que les toca enfrentar. Por otro lado, castigos y amenazas pueden, cuanto mucho, interrumpir o suspender una conducta indeseable a ojos de los padres- pero nada dicen sobre lo que sí es deseable o cómo se deberían hacer las cosas. Estos dos recursos pueden llegar a ser necesarios frente a situaciones puntuales, pero nunca deberían ser la estrategia base de la educación.

Quizás sean cinco verdades de perogrullo, pero me parece conveniente repasarlas cada tanto. ¡Y tenerlas siempre presentes en casa!

"La cultura del terror, la extorsión, el insulto, la amenaza, el coscorrón, la bofetada, la paliza, el azote, el cuarto oscuro, la ducha helada, el ayuno obligatorio, la comida obligatoria, la prohibición de salir, la prohibición de decir lo que se piensa, la prohibición de hacer lo que se siente y la humillación pública son algunos de los métodos de penitencia y tortura tradicionales en la vida de familia (...) Los derechos humanos tendrían que empezar por casa, me comenta, en Chile, Andrés Domínguez". Eduardo Galeano (El libro de los abrazos).