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Científicos argentinos buscan una solución para el síndrome urémico hemolítico

Una investigación ofrece prometedores resultados para evitar que la bacteria escherichia coli ingrese en el organismo. Aún no se probó en humanos. Las opciones para evitarlo en la actualidad.

Domingo 22 de Abril de 2018

Una reciente investigación realizada por científicos argentinos, puede ser "la punta del ovillo" para acabar con el síndrome urémico hemolítico, una enfermedad compleja que puede tener consecuencias graves, sobre todo en los chicos.
   La enfermedad, que es potencialmente mortal, afecta principalmente a niños menores de 5 años, pero puede presentarse a cualquier edad. Las personas que sobreviven tienen alto riesgo de quedar con serias secuelas. La complicación más temida es la insuficiencia renal crónica (IRC) que puede llevar a la necesidad de diálisis para toda la vida o a un trasplante renal. También pueden producirse lesiones neurológicas severas, entre otros problemas, que afectarán seriamente la calidad de vida de la persona afectada, señaló Eduardo Silvestre, divulgador científico de Grupo Medihome.
   El SUH es producido por una bacteria, la escherichia coli (variedad shiga) que ingresa al organismo por vía digestiva y luego se disemina por el torrente sanguíneo produciendo lesiones inflamatorias en los pequeños vasos de todo el organismo y secundariamente rotura de los glóbulos rojos (hemólisis). Esta lesión vascular generalizada puede afectar la circulación de cualquier órgano de la economía pero tiene predilección por los riñones y el cerebro.
   El SUH es la causa más frecuente de insuficiencia renal aguda en niños y es la segunda causa de insuficiencia renal crónica. Es responsable del 20% de los trasplantes renales infantiles. En nuestro país se producen unos 400 casos anuales. El 20% de los afectados tendrá insuficiencia renal, además de otras complicaciones graves.
   La bacteria causante de la enfermedad se encuentra principalmente en la materia fecal del ganado vacuno, aunque también se ha encontrado en otros animales —ovejas, cabras y roedores—. De esta manera se puede contaminar la leche, el agua, la fruta, las verduras y también se puede trasmitir de persona a persona (a través de la contaminación de las manos).
   El cuadro clínico suele comenzar a los pocos días de ingerir el alimento contaminado o bañarse en aguas que contienen la bacteria. Los principales síntomas son: diarrea con sangre, dolor abdominal, vómitos, fiebre, palidez importante, anemia aguda, hemorragias, disminución de la cantidad de orina o falta total de micción anuria. También pueden aparecer presión arterial elevada, convulsiones y otros síntomas neurológicos.    
Opciones de tratamiento

Hasta el momento no hay un tratamiento específico. Una vez que la bacteria ha penetrado en la sangre —a partir del tubo digestivo— solo se puede tratar de recuperar la función de los órganos afectados y evitar mayores daños en otras partes del organismo. Se corregirá además la anemia severa con transfusiones.
   También se debe abordar la insuficiencia renal, y si se presentan, las convulsiones. En relación al tratamiento de las secuelas crónicas, los especialistas sugieren internación domiciliaria para que la persona reciba todo lo que necesita, evitando infecciones intrahospitalarias y estando cerca de los seres queridos, lo que favorece su recuperación.

Cómo evitarla

La prevención primaria reside en evitar que el alimento contaminado con la bacteria penetre en el organismo. Para ello se recomienda: cocinar bien la carne (la bacteria se destruye a 70º C). Utilizar distintos utensilios de cocina para manipular la carne cruda y la cocida, al igual que para las verduras, evitar el contacto de la carne cruda con otros alimentos, consumir lácteos pasteurizados y conservar la cadena de frío. No consumir jugos de frutas sin pasteurizar Lavar cuidadosamente verduras y frutas. Siempre lavarse las manos con agua y jabón al manipular alimentos. Lavarse las manos con agua y jabón después de ir al baño. No bañarse en ríos ni lagunas que pudieran estar contaminados y asegurarse la potabilidad del agua.    

El descubrimiento    

El reciente hallazgo de los científicos argentinos, si bien todavía no ha sido aplicado en seres vivos, es un avance para el tratamiento de la enfermedad. El diseño del experimento cumplió los siguientes pasos:
1. Se inmunizó a una población de hembras vacunas gestantes mediante la inyección de partículas de la bacteria escherichia coli shiga (ECS) .
2. Se comprobó que los animales vacunados habían fabricado anticuerpos (defensas naturales producidas por el organismo) para la ECS.
3. Se recogió el calostro —primera leche— de las vacas previamente inmunizadas y se comprobó que también poseía anticuerpos contra la bacteria.
4. Se hizo un preparado de laboratorio con células intestinales humanas infectadas con la bacteria.
5. Se enfrentó el calostro (que contiene los anticuerpos) con el preparado de células intestinales infectadas.
6. Se pudo comprobar que, ante la presencia del calostro, las bacterias no eran capaces de dañar las células intestinales.
  Si bien esta investigación está aún en fase de experimentación, informaron los investigadores, es un avance para el tratamiento del SUH. Puede ser factible diseñar anticuerpos sintéticos (hechos en el laboratorio) o producir anticuerpos naturales a partir de la vacunación de las personas para evitar que la bacteria dañe las paredes del intestino y así impedir la progresión de la enfermedad y sus severas consecuencias.

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