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"Bancársela es hacer ruido contra la opresión"

Estoy acá. Mujeres sobrevivientes fue publicado este año por Grupo Editorial Sur. Un libro que nació directamente del corazón de su autora y de las experiencias de víctimas de abuso. Zuleika Esnal hace temblar la tierra y el alma con sus textos.

Domingo 16 de Septiembre de 2018

Con voz dulce, firme, potente y paciente, ella dice "estoy acá". Con brazos fuertes y cálidos contiene y abraza a sus lectoras reafirmando su presencia, pero ahora, en silencio, y con la fuerza de un tornado. El micrófono en mano. Zuleika Esnal suelta sus historias, reales, que muestran crudamente la violencia machista y consigue poner la piel de gallina de quienes la escuchan. Esta vez en Rosario. Sin pelos en la lengua denuncia y opina cuando de abusadores se trata. Sin sonrojarse, con la emoción, el amor y el aplomo necesarios invita a ingresar en un mundo tan cercano y negado desde hace siglos, que duele, que necesita salir de las sombras, porque existe y existió, y los gritos acallados de muchas quieren gritarlo, y ella, Zule, los pone en papel. Les da forma. Pone su cuerpo en juego en cada uno de sus relatos.

Nació en Buenos Aires, en septiembre de 1976. Actriz, feminista y escritora, aunque dice que no lo es. Lo cierto es que Zuleika, con sus narraciones, fuertes y apasionadas, está haciendo ruido, mucho ruido. Será por su honestidad, pasión y sencillez que, quienes la leen, ya no pueden dejar de hacerlo.

Todo comenzó hace dos años. "Nunca imaginé que de una publicación iba a surgir todo esto. El 30 de mayo de 2016 yo estaba trabajando en un call center, en condiciones infrahumanas, te diría. Hasta teníamos que pedir permiso para ir al baño... Entonces leí en las noticias que en Brasil más de 30 hombres habían violado a una chiquita de 16 años y no conformes con eso subieron al Facebook la foto del cuerpo inconsciente de esta piba, así como vos subís una foto al lado del lobo marino en Mar del Plata, ellos la subieron con leyendas tales como por acá pasamos los 33, acá le hicimos el túnel. Yo escribí escondida lo que pensaba —no se podía usar el celu ni mucho menos redes sociales— . Hice un primer posteo que luego fue relato, se titula Báncatela, lo subí a mi página "No me calmo nada", y ocurrió algo muy raro, en 20 minutos el posteo alcanzó los 2.000 me gusta, lo compartieron más de 34.000 personas y dije: esto no es normal", cuenta Zuleika. "En la versión digital del diario El País en España la publicación alcanzó los 6.000.000 compartidos. Es más, revisando mis mensajes no leídos del Facebook tenía más de 50 relatos de mujeres de toda Latinoamérica contándome sus historias de opresión y abusos: no podía creer que tanto pasara en 48 horas".

"Empecé a relatar las historias de estas mujeres. Yo no sabía qué palabras usar, simplemente decía «Estoy acá»" y ellas: «Zule, me arrepentí, tengo miedo». Y yo repetía: «Estoy acá»". Y no es joda, porque para muchas de esas mujeres nadie nunca estuvo. Decirle a alguien "Estoy acá" y estar en serio....Empecé a escribir las historias y se armó un quilombo bárbaro".

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Ola verde

No es casual que con tanta ola verde, que con tanta voz encendida, los relatos de Zuleika se viralicen y se compartan tantas miles de veces. No es casual que más de 100 mujeres le escriban diariamente para compartir sus historias. Son"sobrevivientes" y ni más ni menos desean visibilizar tanta violencia porque el silencio no hace más que multiplicar la opresión y legitimar la injusticia. "Me emociona mucho que se haya sumado tanta gente, hoy te puedo decir quién del público fue abusada. Reconozco los silencios, el modo de sentarse, la forma de moverse. Son dolores muy grandes. Hay que tener paciencia y empatía, no hay nada más", cuenta Zuleika.

"Lo llevo feliz. Lo importante —me decía mi viejo— es no pasar al pedo por acá", menciona la actriz. "Se armó una red enorme con tanto relato. Existe además la Campaña Estoy acá donde cada uno ofrece lo que puede para acompañar a quien lo necesite, desde clases de matemática hasta asesoramiento legal gratuito".

Escribir, escuchar, atravesar

La violencia deja huellas profundas en cada sobreviviente que —al compartir su pesar— otorga más y más fuerza a más mujeres para que lo hagan, para que hablen, con nombre y apellido o anónimamente. Lo cierto es que el cuerpo de quien escribe y escucha también se atraviesa. "Al principio era complicado para mí manejarlo. No soy psicóloga, no soy escritora ni trabajadora social; mi cuerpo se enfermaba mucho, me agarré una neumonía, conjuntivitis tuve cinco veces en un año, cosa que es súper significativa —nadie te protege de lo que ves—. Empecé terapia, necesito estar bien para acompañar", confiesa, y enfatiza: "Dejo en claro que no soy profesional sino un canal para contar una historia. Todas las historias me resuenan mucho".

Se vino el libro nomás

"Lo del libro surge después,. No paraba de escribir y luego de varias propuestas me embarqué en este desafío. Yo sé de actuar pero no de libros. Ni siquiera sé cuántos vendí. Para los giles que dicen que estoy lucrando con el dolor ajeno: ¡no tienen ni idea! falta mucho para que pueda ver un solo peso. Esto va por otro lado", dice Zuleika.

A partir de estos relatos nació Piel de cordero, obra de teatro que junto a sus colegas —y a la gorra— ya presentaron en Rosario el año pasado. "Esta obra se hizo carne desde el ahogo", comenta la entrevistada.

Ante tanto relato violento se mueven muchas cosas, cada denuncia narrada mueve más violencia en el sentido de que a ella le han llegado amenazas que sólo logran que su lucha se reafirme.

"Me asusté una vez a metros de mi casa. Venía tranquila y un señor me reconoció, me preguntó si era yo Zuleika, le dije que sí, y se acercó y me dijo: ¡ah, vos sos la que le está llenando de mierda la cabeza a mi mujer!... Muchos me escriben diciendo todo lo que me van a hacer si sigo, y yo sé que si tengo que denunciar a cada uno de los que me amenazan no tiene sentido, son unos cobardes. El día que me pase algo lo único que yo les pido es que salgan a romper todo y que acompañen a mi mamá porque es mucho lo que estamos haciendo", menciona con firmeza.

¿Hasta donde querés llegar? A cada rincón donde haya una mujer sufriendo, hasta ahí quiero llegar.

¿Te gustaría agregar algo? "Que estoy acá, que somos un montón, que no están solas aunque parezca que sí, que hablar sana, que muchas veces hablar anima a otras y que ¡somos un montón!".

Zuleika afirma que no le dice a nadie lo que tiene que hacer. "No te voy a incitar a hablar, pero lo que te voy a decir es que estoy acá".

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>>> Posteos que se viralizan

¡ME VIOLARON TODOS,ME VIOLARON TODOS, ME VIOLARON TODOS!", gritó Magalí apenas despertó del coma. Trece años tiene. O tenía. La madre no sabe bien por qué parece una nena de seis años. Dice que no habla. Que se arrancó la sonda en medio de una crisis y tuvieron que sedarla. Que tiene la vagina destruida. Que hay quemaduras de cigarrillo en todo el cuerpo incluyendo las orejas. Arañazos en el pecho y el abdomen de cuando intentó resistirse a ser violada, desfigurada a golpes y quemada.

Tiraron el cuerpo al medio de la ruta para que alguien la atropellara y así borrar las huellas. "Estaba oscuro, pensé que era un animal" dijo el conductor de la camioneta. Y agregó que la tiraron a propósito, que no vio quién fue y que no pudo esquivarla. Como a un perro. Peor que a un perro.

A mí no me importa si estaba en una fiesta. Si es chica para estar adonde estaba. Si tomó alcohol o estaba sobria. Si salió con las primas por Tandil cuando debería estar en casa.

Porque lo que verdaderamente importa es que esta nena llegó a la guardia de una sala de emergencias violada, atropellada por una camioneta apenas respirando y más de uno pregunta ¿pero donde mierda estaba para que le hicieran eso? Porque hay mucho forro pregonando que hay lugares donde si te metés, entonces bancatela.

No conozco la idiosincrasia de Tandil. Sé que es un pueblo, sé que hay pibes con plata, mucha plata que se creen con derecho de tomar lo que quieren, cuando quieren, como quieren y eso incluye a Magalí.

Magalí fue a una fiesta con las primas, como fuimos todas en algún momento. Pero claro, como la violaron, de repente es una putita que estaba donde no debía. "La noticia impacta y llena de horror a Tandil", reza el diario local. Acá no ha pasado nada, digo yo. Porque en una ciudad donde todos saben todo, todavía no hay culpables. Guita señores. Hipocresía. Impunidad para los de siempre, como siempre.

Y mientras tanto esta nena, que nunca más fue al colegio, que toma ocho medicamentos por día incluyendo Clonazepan 2 mg. Que tiene un golpe en el cráneo con secuelas de por vida. Que probablemente nunca pueda tener hijos por el útero destrozado. Que sufre pérdida de memoria, involución madurativa, dolores crónicos. Que no sale a la calle desde que pasó lo que pasó hace cinco meses por miedo a que la maten "a que me agarren de nuevo." Recuerda, eso sí, que uno le pegaba, otros dos la sostenían de los brazos y la insultaban para que no se resista. Que le bajaron los pantalones y la violaron por turnos.

"Magalí fue a una fiesta con las primas, como fuimos todas en algún momento. Pero claro, como la violaron, de repente es una putita que estaba donde no debía"

Y seguimos preguntando por qué estaba donde estaba. Si andaba a los besos y después que querés, que se joda. Seguimos cuestionando minifaldas y pelotudeces mientras esta piba se retorcía literalmente de dolor en una cama de hospital. Mientras no sale a la calle porque sabe que están libres y con plata. Mientras echaron al padre misteriosamente del trabajo por atreverse a denunciar.

"Pueblo chico, infierno grande", muy bien. Que arda entonces. Que se prenda fuego. Que se pudra todo. Que no tengan paz. Que dejen de una puta vez de ofenderse por el aerosol en las paredes y "esas putas en la calle". Que indigne lo que verdaderamente importa POR FAVOR que es la vida de esta chica. Y la de todas las demás.

Y mientras siga pasando lo que pasa, mientras aparezcan muertas, calcinadas, cagadas de miedo a denunciar, mientras sigan amenazas, violaciones, morgues llenas de pibas que deberían estar en el colegio, vamos a ser cada vez más putas por las calles. Y ofendete si querés. Perdé el tiempo y la energía en indignarte mirando a la pared. Que por eso pasa lo que pasa.


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