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A las palabras no se las lleva el viento

Una campaña que lanzó un instituto de Rosario en las redes sociales intenta que se reflexione sobre el lenguaje en relación a la discapacidad. La forma de nombrar puede incluir o excluir

Domingo 25 de Marzo de 2018

Retrasado: dícese de una persona a la que se le ha hecho tarde. Ejemplo: "Me quedé mirando una película y ahora estoy retrasado". Si usted se refiere a una persona con discapacidad intelectual, dígalo sin temor.

Así reza uno de los tantos flyer (volante, imagen con texto) que circulan por estos días en las redes sociales y que son parte de una renovada campaña del Instituto Universitario del Gran Rosario (Iugr) que apunta a nombrar apropiadamente como una forma más de incluir.

"Necesitamos hablar de inclusión porque aún hace falta seguir peleando por los derechos de personas con discapacidad", reflexiona la licenciada Bernarda Guerezta, de la institución educativa.

De qué modo nos referirnos a las distintas personas con las cuales convivimos cobra importancia al asentar las bases del respeto que cada uno merece como miembro de una sociedad. Con el lenguaje se puede incluir o excluir. Lamentablemente se siguen reproduciendo conductas discriminatorias que se sostienen en lo discursivo. "¿Cómo llamar a la discapacidad? ¿Es lo mismo decir inválido que persona con discapacidad motriz? ¿La discapacidad hace especiales a las personas? ¿Es un padecimiento? ¿Cómo le hablo a una persona con discapacidad? Son preguntas indispensables que todos debemos hacernos", remarca Guerezta.

"Esos interrogantes son los disparadores de esta campaña. Reconociendo que en el lenguaje podemos expresar, voluntaria e involuntariamente, respeto o discriminación —y asumiendo que la discapacidad arrastra prejuicios desde donde se construyen estereotipos difíciles de desarmar— la propuesta es reflexionar sobre conceptos socialmente naturalizados, y que asocian la discapacidad con dolor, soledad o dependencia", agregó Guerezta.

Algo muy común es, por ejemplo, decir que las personas con discapacidad son "especiales", de ese modo, se les otorgan particularidades que se alejan de la propia discapacidad —como cuando se les llama "angelitos" a los chicos y chicas con síndrome de Down o cuando se le reconocen "capacidades diferentes"—. Es frecuente que se diga, por ejemplo, que una persona con discapacidad motriz es inválida o que un ciego es "no vidente".

"El lenguaje nos posiciona frente al otro de una manera determinada. A través de las palabras nos vinculamos con los demás, construyendo un sentido que puede estigmatizar o acercar", reconocen desde el Iugar.

La idea es que todos y todas reflexionemos sobre nuestro lenguaje, nuestra mirada y sentimientos en torno a la discapacidad. Es el primer paso para la inclusión real y sostenida.


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