Maciel. — A 65 kilómetros al norte de Rosario, esta localidad del departamento San
Jerónimo, Capital Provincial del Tango, todavía añora sus memorables jornadas de música ciudadana,
el empuje del frigorífico y la pujanza del histórico molino harinero. No obstante con la fuerza de
sus pymes, su actividad comercial y la movida nocturna durante los fines de semana este pueblo, que
tiene casi 6.000 habitantes y está atravesado por la ruta 11, en los hechos es una cabecera del sur
provincial.
No tiene puertos, ni tampoco grandes industrias, ni megainversiones,
pero posee un capital realmente envidiable, que es la inquebrantable voluntad de su pueblo que
sigue apostando al crecimiento y nunca bajó los brazos, aún en los momentos más difíciles que le
tocó atravesar a lo largo de su historia.
Declarada por ley Capital y Sede Permanente de la Fiesta Provincial del
Tango resultaron memorables las veladas en ambos clubes que registraron en la memoria colectiva
visitas ilustres como Martín Podestá, Aníbal Troilo, Enrique Dumas, Floreal Ruiz y Juan
D’Arienzo, entre los más destacados.
Sin embargo promediando los 80 estas veladas llegaron casi a
desaparecer, siendo ahora recreadas con espectáculos de canto y bailes de música ciudadana que
reúnen a jóvenes valores de la zona y la provincia, demostrando el apego de la comunidad macielense
por conservar las tradiciones que la caracterizan.
Inicios. La historia del pueblo comienza en 1886 cuando el estanciero José Manuel
Maciel decidió colonizar parte de sus campos, y el núcleo poblacional primitivo del pueblo fue el
casco de su establecimiento, ubicado en lo que hoy es la sede del Club Atlético Alba Argentina.
Los primeros colonos fueron de origen italiano, entre los cuales
destacan las familias Carlino, Allione, Morante, Giudice, Fabbro, Dominicci, entre otros, y el
trazado de las primeras cuadras del pueblo se realizó alrededor de la estación del ferrocarril.
Además de la actividad agropecuaria de sus pobladores, en ese entonces
los llamados “almacenes de ramos generales” le imprimieron una impronta mucho más
urbana a Maciel que la que tenían por aquella época el resto de los pueblos vecinos.
Molino y frigorífico. Sin lugar a dudas tanto la actividad del Molino Harinero,
fundado en 1898, como la del Frigorífico Maciel han sido el estandarte por excelencia del
crecimiento de esta localidad.
El Molino llegó a tener en su esplendor más de un centenar de
trabajadores, sin embargo hoy —merced a las tecnologías de automatización— sólo emplea
a unos 35 operarios.
Por otra parte el frigorífico fue un ícono de la exportación de carnes y
era común ver a rabinos de la comunidad judía fiscalizando la faena para el envío de carne vacuna a
Israel, por ejemplo. Eran épocas donde más de 400 operarios se desempeñaban en la planta, y el
cierre de su actividad por años fue un golpe muy duro para la comunidad.
Hoy, pese a los intentos de reposicionarlo tras haber sido reabierto
hace unos años, su actividad es acotada, no exporta y sólo cuenta con 70 empleados.
Maciel tiene una vía de acceso a la autopista en el sur del distrito,
está conectada por la ruta 95 con Puerto Gaboto y se ubica a 100 kilómetros de la capital
provincial y a 65 de Rosario.
Clubes con historia. Pero la actividad de estos dos establecimientos y su
influencia en la comunidad no se limitaba solamente a la producción, en 1909 se fundó el Club
Atlético Alba Argentina y, en 1941, nació el Club Atlético Maciel, entidades que dividieron los
corazones de esta comunidad profundamente futbolera.
La gente del frigorífico se identificó con el club Alba y se ganaron el
apodo de “Triperos”, mientras que la del Molino se apegó a los “Rojos de
Maciel”, y se llevaron el mote de “Empolvados”.
Los clubes de Maciel compiten en la Liga Sanlorencina de Fútbol, donde
las entidades deportivas han tenido siempre destacadas actuaciones.
El clásico caliente es entre “Triperos” y
“Empolvados”, no obstante no debe olvidarse jamás la histórica rivalidad con Oliveros.
Arquero mundialista. A la hora de buscar figuras de Maciel que se destacaron a
nivel deportivo, indudablemente, viene a la memoria el nombre de Héctor Zelada, arquero que después
de militar en Rosario Central pasó a la liga mejicana a jugar en el América donde reside hoy.
Muchos lo consideran allí el mejor arquero de la historia de Las Aguilas.
La familia Zelada vive en Maciel, y Héctor fue parte del plantel que de
la mano de Diego Maradona ganó la copa del mundo disputada en México 86. Era común ver entonces en
el estadio azteca una bandera que pedía al técnico Carlos Salvador Bilardo su inclusión como
titular.
Otro deportista que también tuvo una labor destacada es el
basquetbolista Esteban “Gallo” Pérez, quien integró en varias ocasiones el seleccionado
argentino, participó del Juego de las Estrellas donde fue goleador en 1998 y también fue campeón de
la Liga Nacional con Gimnasia y Esgrima Pedernera Unidos de San Luis.
Pasión por las letras. La Pampa Gringa ha sido en más de una ocasión la musa
inspiradora para los amantes de la escritura y la poesía, y en este caso Carlos Carlino lo reflejó
en cada una de sus obras.
Vivió mucho tiempo en Buenos Aires donde se afirmó en la labor
periodística que le permitió viajar por América y Europa. Escritor de poesías, prosas y guiones
teatrales describió el drama de los colonos radicados en la zona de Maciel, no sólo por las
contingencias de la lucha por la tierra y las amenazas de la naturaleza, sino de las maniobras de
que eran objeto por los grandes capitalistas.
En su carrera obtuvo distinciones como el Premio Nacional Regional de
Literatura por “Poemas con labradores”, el de poesía de la provincia de Santa Fe por
“La voz y la estrella”, el Nacional de Teatro, el de Argentores por “La
biunda” y el Martín Fierro 1960 por libretos para televisión.




























