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Más de 150 quintas de la región desaparecieron en los últimos años

Hoy quedan en pie poco más de un centenar. Los mercados se abastecen en La Plata. Algunas causas: bajas ganancias, altos costos y pérdida de terrenos por la soja y la urbanización.

Domingo 02 de Octubre de 2011

Más de 150 quintas pertenecientes al denominado Cordón Verde del Gran Rosario han desaparecido en los últimos dos años, o sus propietarios cambiaron de rubro, y hoy las estimaciones indican que quedan en actividad algo más de un centenar.
  La realidad la plantean los propios quinteros, los directivos del Mercado de Productores de Rosario y además el Censo Hortícola del año 2008, realizado por la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR, que para esa fecha relevó unos 170 productores en el departamento Rosario —incluyendo tres del departamento San Lorenzo—, contra algo más de 300 en 1994. Ya en 2001 la cifra había descendido a menos de 250.
  La baja rentabilidad de la producción, el alto costos de los insumos, la ocupación de los espacios para los cultivos intensivos de soja, maíz y alfalfa, la falta de tecnología y de sistemas de créditos y subsidios, la discontinuidad generacional, como también la falta de mano de obra calificada, la construcción de nuevas fábricas y la expansión del sector inmobiliario, son algunos de los factores que incidieron para que muchos productores abandonaran el negocio de la huerta y se dedicaran a otra actividad o directamente quebraran.
  Además de Rosario, el Cordón Verde regional está integrado por productores hortícolas de Villa Gobernador Gálvez, Arroyo Seco, Pueblo Esther, General Lagos, Fighiera, Alvear, Ibarlucea, Granadero Baigorria, Soldini y Pérez. Entre todos abastecen a los mercados de Productores y al de Concentración de Fisherton, aportando aproximadamente un 30 por ciento de lo que se vende en ambos establecimientos. El 70 por ciento restante proviene principalmente del Cordón Verde de La Plata, un cinturón hortícola que, aseguran desde el mercado de 27 de Febrero y Constitución, tranquilamente podría abastecer al país entero.”Ellos cuentan con subsidios nacionales y contra eso es imposible competir”, se quejan.

Un 60 % menos. Es precisamente Héctor Manesi, titular de la asociación civil Consignatarios Mayoristas Productores y Comerciantes del Mercado de Productores, quien tira algunos números en diálogo con La Capital. “En los últimos 10 años el cinturón verde ha decaído fácilmente en un 60 por ciento. Los productores que tenían 50 o 60 hectáreas para producir se fueron a la soja porque era más rentable. El grave problema de esto es la poca rentabilidad de la mercadería; no se podían defender”, explica.
  “Diez años atrás teníamos entre 240 y 300 productores en este mercado; no creo que hoy pasemos los 70”, recuerda el dirigente. No obstante, el número podría superar el centenar, de acuerdo a los datos aportados por el censo hortícola.
  En los últimos años, la rentabilidad de algunos monocultivos, principalmente la soja, desplazó en numerosos casos al trabajo casi artesanal de la quinta. Sin embargo, esa no es la única razón para que éstas comenzaran a desaparecer: la expansión urbana y la necesidad de terrenos para emprendimientos fabriles y urbanos conspiraron contra la actividad, que terminó cediendo espacio físico.
  Los quinteros también plantean que los márgenes de ganancias son escasos en relación a la inversión que realizan en insumos como fertilizantes, semillas —con cotizaciones en dólares y euros—, combustible y electricidad, entre otros. Otro problema que se pone sobre el tapete es el de la mano de obra. “Ya nadie quiere trabajar en las quintas porque no les conviene económicamente; se convirtieron en trabajadores golondrina”, aseguran sobre la actividad.
  El presente del sector es analizado por uno de los productores, Elio Basilone, de Arroyo Seco, quien explica que hoy produce mayormente papa y zapallito y también lechuga y coliflor. “En Arroyo las quintas están desapareciendo. Seremos siete u ocho en este momento, cuando diez años atrás había 40 o 50. Con las ventas no alcanzamos a cubrir los gastos. Estamos vendiendo en pesos la mercadería y pagamos en dólares los insumos. Hoy, una bolsa de fertilizante vale 200 pesos y un cajón de lechuga sale lo mismo que hace ocho o diez años. Entonces, los márgenes de ganancia son mínimos”, razona.
  
“No es rentable”. Para Ramón Burgueño, un productor de Pérez con 25 años en la actividad “las quintas han ido desapareciendo; ya el negocio no es rentable en comparación con los gastos que tenemos con los insumos. Solamente de luz pago por mes unos 2.800 pesos. No sé decir cuántos productores había cuando empecé, pero estoy seguro que hoy, los que vamos al mercado, entre los de Pérez y Soldini no somos más de ocho. Tengo un hijo que me ayuda, pero si la cosa sigue así, no creo que quiera continuar con la actividad. El sacrificio es mucho; no tenemos horario para trabajar, lo hacemos desde que amanece hasta la noche”.
  Es que, sin proponérselo, Burgueño cita otra traba que encuentran los productores: la falta de una continuidad generacional. Mayormente, los hijos de los productores que siguen peleando por subsistir buscan incursionar en negocios más redituables o se dedicaron a estudiar y optaron por su profesión.
  Burgueño trabaja a campo abierto, sin la tecnología adecuada para poder hacerle frente a las inclemencias climáticas, otro factor que muchas veces atenta contra el trabajo de los quinteros. Para ello se debería trabajar con invernáculos —construcción cerrada fija de plástico o vidrio destinada a resguardar los cultivos—, sistemas de riego por goteo y el generador de ósmosis inversa (un sistema de filtrado que permite bajar los niveles de salinidad del agua).
  Mucha inversión, poca rentabilidad, quejas por la falta de apoyo estatal. Así sobreviven hoy los quinteros del cinturón verde del Gran Rosario. Intentando buscar soluciones a una coyuntura que los aprieta y condiciona cada vez más.
 

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