“Lucifer”, el más polémico entre los nombres extravagantes aceptados
Así le puso una pareja a su hijo nacido en Rosario, y se aceptó. Los hay también Panambí, Tabita y Cheniel. Cosas del nuevo Código. Lucifer quiere decir en latín, "portador de luz"

Viernes 02 de Octubre de 2015

La decisión del Registro Civil de Santa Fe de autorizar a una familia a llamar “Lucifer” a su hijo recién nacido se convirtió en una noticia que recorrió el país, y puso en el tapete los nombres extravagantes que, desde que rige el nuevo Código Civil nacional, comenzaron a escucharse en los distintos despachos del organismo. Es que, ahora, los padres tienen mucha más libertad para elegir el nombre de sus hijos, siempre que éstos existan en algún idioma y no resulten ofensivos. En el caso de Lucifer, para los padres no lo era, y esto ameritó una consulta a las autoridades de la provincia, que finalmente lo aceptaron.
  El caso tuvo un antecedentes en la provincia de Córdoba, donde un matrimonio quiso ponerle el mismo nombre a su hijo, y fue rechazado por extravagante. La explicación fue que tal nombre no estaba permitido y que no figuraba en los listados. Sin embargo, esto fue antes de la vigencia del nuevo Código Civil. Ahora las cosas cambiaron. La responsabilidad recae mucho más sobre los padres, que tienen incluso la instancia de la Justicia si el Registro Civil se los rechaza. “La premisa es que el chico se tiene que inscribir sí o sí y nosotros tenemos que acostumbrarnos a estos nuevos nombres”, manifestó Gonzalo Carrillo, responsable provincial del organismo, quien recordó sin embargo un nombre que recientemente fue rechazado, “Yerbabrava”, sencillamente porque no existe (ver aparte).

Otros extravagantes. El del nombre que remite al demonio no es el único. Además de Lucifer, también se inscribieron en Santa Fe Panambí (palabra guaraní que significa “mariposa”), Tabita (nombre de origen arameo que significa “gacela”) y Cheniel, deslizaron las autoridades. Sin embargo, aseguran que no son muchos los nombres que terminan en una consulta.
  Lucifer Marcelo, tal como decidió llamarlo su mamá de 25 años, nació hace un mes en la Maternidad Martin de Rosario, desde donde no se recuerda un caso así.También se desconoce si sólo responde a una cuestión de gusto de los padres por el significado del nombre, que es “portador de luz” (ver aparte), o si adhieren a algún tipo de culto de adoración demoníaca, tal como ha ocurrido en otros países con fuertes reacciones.
  Tal es el caso de Gabriel Lucifer Whitcome, nacido en mayo último en la ciudad estadounidense de Salt Lake City, Utah, y aclamado como la “encarnación del anticristo” por su propios padres, que son miembros de la Iglesia de Satán de ese lugar. El caso provocó la controversia entre mormones y comunidades cristianas, alertadas por volantes que anunciaban el “nacimiento sagrado” del mesías de la secta. También en Rusia hace un año una pareja le puso a su bebé el nombre de Lucifer y desató la polémica, ya que parientes indignados y activistas ortodoxos pusieron el grito en el cielo y pidieron a los servicios sociales que se hagan cargo de la criatura, quien, a su juicio, estaría mejor con una familia cristiana.

Responsabilidad. En diálogo con La Capital, Carrillo explicó que ahora no hay que argumentar por escrito, como se hacía antes, los motivos por los cuales quiere ponerse un nombre. “Hoy se apunta a la responsabilidad de los padres, no del Estado. Los padres tienen el derecho de elección. Después, será el chico quien les pregunte”, dijo el funcionario, aunque reconoció que a su juicio, Lucifer “no es un nombre culturalmente bien visto”.
  Carrillo aclaró que se han encontrado con nombres realmente extraños, pero que en general se los ha autorizado. Incluso antes ya se había dado el visto bueno a nombre extranjeros hasta difíciles de pronunciar. No ocurrió lo mismo con Yerbabrava, que “directamente no era un nombre” (ver aparte)
  No obstante, insistió conque “hay una responsabilidad de los padres, y un cambio de sistema. Antes se hacía una consulta a la Dirección del Registro por escrito, y la delegación decidía por sí o por no. Hoy, la idea es simplificar esto, por eso es el oficial público quien decide en el momento, establece si es extravagante u ofensivo. Si la familia insiste, se hace la consulta a la delegación. Pero igualmente, a los padre les queda el recurso de la Justicia”.
 

De “luz” a Satán

Lucifer (del latín lux “luz” y fero “llevar”: “portador de luz”) es, en la mitología romana, el equivalente griego de Fósforo o Eósforo (el portador de la Aurora). El concepto se mantuvo en la antigua astrología romana en la noción de la stella matutina (el lucero del alba) contrapuesto a la stella vespertina o el véspere (el lucero de la tarde o véspero), nombres éstos que remitían al planeta Venus, que según la época del año se puede ver cerca del horizonte antes del amanecer o después del atardecer. En la tradición cristiana, Lucifer representa al ángel caído, ejemplo de belleza y sabiduría a quien la soberbia condujo a los infiernos, transformándose en Satanás, es decir, el demonio.
 

Yerbabrava no era un nombre y se rechazó

Una pareja de Villa Constitución, Santa Fe, intentó inscribir el mes pasado a su hijo en el registro civil bajo con el nombre “Yerbabrava”, en alusión al nombre de su grupo de cumbia favorito, pero fue rechazada. El titular del Registro Civil, Gonzalo Carrillo, consideró que el nombre era “peyorativo” y explicó que “en cuanto a los nombres de las personas, el tema queda a criterio del oficial público quien debe evaluar la situación”.
  Si bien el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación que comenzó a regir desde el 1º de agosto último es más flexible y otorga mayor libertad a la hora de la elección de los nombres, en esta oportunidad la petición fue rechazada por Cecilia Barbizzi, la encargada del Registro Civil del Hospital Samco local por considerarlo “extravagante”.
  “Se presentó un hombre diciendo que ya sabía que la lista de nombres autorizados no regía más y, que venía a inscribir a su hijo. Justamente estaba leyendo el instructivo para saber cómo proceder ante ciertos casos excepcionales y, en ese momento me dice que quería anotarlo con el nombre de Yerbabrava, a lo cual me reí porque pensé que me estaba haciendo una broma”, recordó la funcionaria.
  Acto seguido, “el hombre se enojó mucho y, comenzó a increparme diciendo que tenía derechos y, que yo no me podía negar”, contó Barbizzi, quien explicó que “sólo por excepción, el oficial público puede negarse a inscribir un nombre cuando éste sea del tipo extravagante; ofensivo para el niño o implique un menoscabo a la dignidad humana”. De esta manera, “apelando a mi sentido común, consideré que no se puede inscribir a un hijo como Yerbabrava, me pareció una locura, a lo cual el hombre se fue enojado y, no pude terminar de explicarle por qué me estaba negando”.