Lucas González.- Esta ciudad entrerriana ubicada a unos 130 kilómetros de Rosario y a 20 al este
de Nogoyá, se vuelve más interesante cuando se conoce a sus cordiales habitantes y en especial a
algunos personajes que rondan la colorida plaza central y el inmenso mástil erigido en homenaje al
centenario de su fundación.
Así encontramos a las empleadas municipales que todas las mañanas a
primera hora barren las calles y después siguen sus tareas de parquización y jardinería en la plaza
que se caracteriza por tener un depósito de herramientas con forma de hongo.
Promediando el mediodía, Silvia Ríos, Julieta Andrade e Hilda González
—“no soy la Chiche”, aclaró bromeando— ya cumplieron con todo el trajín y
entonces se sientan un rato a descansar en un banco y a “ponerse al día”.
Proyectar películas. En eso llega Jorge Maza, un repartidor de quesos, padre de nueve
hijos, que sueña con volver a explotar su ocupación predilecta: proyectar películas en los barrios
y localidades vecinas, como Gobernador Solá y Gobernador Mansilla.
“Yo tenía un microemprendimiento pero me lo quitaron por
cuestiones políticas, y ahora hace dos años que no me dedico a eso”, se lamentó el hombre que
por su tonada se deduce que es bonaerense, pero en su discurso también se nota el profundo amor que
siente por esta pequeña localidad de 5 mil habitantes que lo cobijó hace unos años.
Maza se apoya en uno de los toboganes del parque, y comienza el
intercambio. La novedad del momento es la asunción del nuevo gobierno municipal, a cargo de Zunilda
del Carmen Gobo, una docente jubilada, perteneciente a las filas del justicialismo.
Balance. Entonces fue inevitable el balance de “las buenas” de la gestión
anterior, como la creación de una Banda Municipal de Música cuya dirección encabezan profesionales
de la ciudad de Crespo, y “las malas”, que apuntan fundamentalmente a la falta de
servicios.
“Lucas necesita viviendas, cloacas y por aquí todavía no ha
llegado el gas natural”, se quejó Maza.
Puertas abiertas. “Acá aún se puede dormir con la puerta abierta. Por ahí pueden
desaparecer algunas bicicletas, pero los novios que visitan a las novias dejan las bicis o las
motos en la puerta de la casa, como si nada. El candado por aquí no existe”, dijo Hilda.
Por otra parte, las mujeres no dejaron de mencionar al carismático cura
de la parroquia San Lucas Evangelista, Juan Diego Escobar Gabiglia, de nacionalidad colombiana,
quien “ha hecho cosas que nadie hizo por la iglesia”, comentaron.
“El organiza rifas importantes e incluso para su cumpleaños hace
una cena y todo lo que recauda es para obras. A sus misas de sanación viene gente de todos
lados”, remarcaron.
Otros personajes. Pasadas las doce, las barrenderas se aprestan a regresar a sus hogares para
preparar el almuerzo familiar. Maza se queda en la plaza conversando y enumerando a los personajes
del pueblo, como Romeo Logica, un reconocido autor y compositor local, Lito Pascualín, famoso
organizador de convocantes domas en toda la región y Miguel Luján, “el loco por el
fútbol”, como lo suelen llamar, quien tiene un almacén de ramos generales en donde propicia
furiosas discusiones en torno a ese deporte.
Es tal la pasión de este ex técnico del Club Atlético Lucas González y
que supo conformar el plantel de Unión de Santa Fe, que el deleite de sus clientes es provocarlo
sólo para ver sus exageradas reacciones.
Hablando de personajes, Maza ve pasar en bicicleta al cantor y poeta
Luis Humberto Enrique. “¡Indio, vení!” —le pegó el grito—, y el hombre
clavó los frenos y cruzó los canteros.
El Indio. Sin bajar de su velocípedo, Enrique “el Indio” no se resistió a las
cámaras y esbozó una breve autobiografía con tintes de comicidad. “En el año 1945, cuando se
tiró la bomba de Hiroshima, nació este hermoso muñeco”, comenzó diciendo el guitarrista, que
actualmente se dedica a la colocación de azulejos, cerámicos y pintura.
“Tengo 130 letras mías y he compuesto para mi pueblo y otros
lugares, para mis amigos, también a lo más bello que hay en el mundo que es la mujer, tanto a las
novias como a las madres. Lo mío es de familia, el finado de mi padre tocaba el violín por
partitura y, de parte de mi madre, los varones son todos musiqueros, así que ya vengo de raíz con
la música y voy a seguir hasta el día que me muera”, afirmó.
Junto al cordobés José Ferreira, conformó el dúo Dos Provincias, con el
que recorrió varios escenarios bonaerenses. Recuerda que en ese entonces estaba Roberto Galán con
su programa “Si lo sabe, cante”.
“Fuimos a participar y ganamos, el canario”, memoró entre
carcajadas. Enrique acumula varios galardones que recolectó en festivales de la zona y actuó en
importantes fiestas provinciales, como la Nacional del Lino que se celebra en enero allí mismo, en
Lucas González.
“Hace unos días fui a concursar a Nogoyá para competir en un
festival folclórico que se hace en Villaguay y en el que hace unos años llegué a la final, pero
lamentablemente perdió mi caballo. Mala suerte. Ahora voy a probar otra vez, aunque más que nada me
gusta ir porque allí tengo muchas amistades y como soy un poco burrero, muchos conocidos por el
tema de los caballos me invitan siempre para que vaya”, expresó.
Polideportivo. Llama la atención el papel preponderante que tiene el deporte en esta
población, y el signo más evidente es el imponente polideportivo municipal que posee una pileta de
natación olímpica que por sus dimensiones se la considera como única en la provincia.
En el complejo ubicado a la entrada de la ciudad funciona de lunes a
domingo la colonia de vacaciones y una escuela de deportes gratuita, en donde se puede aprender a
jugar vóley, fútbol, básquet y paddle, entre otras disciplinas.
Recientemente se terminó la obra de ampliación del polideportivo, con un
imponente gimnasio que posee dos canchas profesionales de vóley y básquet.
En el lugar funciona, además, un confortable camping con todos los
servicios para los acampantes.
La Chinchivira. En los primeros años de Lucas González, se instaló allí el inmigrante
italiano Héctor Lupi, quien explotó una licorería, elaboración de soda y bebidas gaseosas.
Este modesto pero no obstante progresista industrial trajo por aquel
entonces una moderna maquinaria para el gasificado y llenado de las botellas.
Por muchísimos años, los luquenses y comunidades vecinas y de una amplia
región conocieron la refrescante Chinchivira —cuyo envase contenía una bolita para contener
el gas—.
Era fabricada en exclusiva por esta familia hasta bien entrada la década
del 60, y de la que mucho se ha escrito, especialmente por sus vínculos con una famosa gaseosa, de
origen estadounidense.
Lo que sí ha quedado acreditado en numerosas publicaciones es que Felipe
Lupi (padre de Héctor y tío abuelo de Federico) viajó a Atlanta (Estados Unidos) a finales del
siglo XIX, donde por casualidad conoció al farmacéutico John Pemberton, de quien llegó a hacerse
muy amigo.
Sabor muy similar. Años más tarde, se inventaría la Coca Cola caracterizada por un sabor muy
similar al refresco que los Lupi vendían desde 1869 en su Italia natal, y que luego fuera conocida
en la Argentina como Chinchivira, gracias a la obra de Héctor.
Estos datos —poco conocidos por muchos— se encuentran en el
libro “Recuerdos Luquenses”, de Juan Luis Torres de septiembre de 1992.























