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La vuelta del tren a Rufino, la fiesta se vivió dentro y fuera de los coches

Miles de personas celebraron la recuperación del emblemático servicio de pasajeros. Alegría y esperanza, factores comunes en todas las poblaciones que celebraron el retorno del tren.

Domingo 01 de Marzo de 2015

Retiro-Rufino. Enviado Especial.— Como una verdadera fiesta, con alegría, euforia, un poco de nostalgia y mucho de esperanza. Así se vivió la vuelta del tren entre Retiro y Rufino de la mano de la operadora ferroviaria Trenes Argentinos, después de 22 años de desactivación. Un viaje que fue recibido en cada andén por multitudes, pero que adentro de los coches contó su propia historia, en la que no faltaron charlas interminables, mateadas y hasta una guitarreada para coronar el trayecto de 434 kilómetros entre ambas ciudades, con la perspectiva de un futuro servicio que llegue hasta Mendoza.

Impecable, el convoy hizo el recorrido con sólo algunos minutos de demora que no respondieron a cuestiones técnicas sino al parate forzado al que lo sometieron las miles de personas que lo fueron esperando en las paradas, y terminó su recorrido en Rufino con un recibimiento multitudinario. LaCapital hizo todo el trayecto, y pudo ver cómo se vivió la experiencia, no ya desde los andenes, sino desde adentro de la misma formación, donde recordaron aquel 10 de marzo de 1993, cuando el tren dejó de andar, y no quisieron perderse este retorno. Recuerdos, anécdotas, reflexiones. No faltó nada en un pasaje donde abundó gente que supo hacer ese trayecto dos décadas atrás. Esta es la historia.

Desde el vamos. La vieja estación del ferrocarril General San Martín no dejaba de recibir pasajeros en su andén, con las plantas altas en construcción de la Villa 31 como telón de fondo y balcón privilegiado al apeadero de donde saldría el flamante tren que empezaba a rodar.

Ya en el hall de la estación, un grupo del Ateneo Arturo Jauretche de Chacabuco desplegaba un cartel de bienvenida a la formación ferroviaria. Una máquina, un coche de servicio, dos pullmans (uno de ellos adaptado para personas con capacidad reducida), un comedor y tres coche de primera completaban el convoy, pintado de celeste y blanco y la leyenda "200 años. Bicentenario Argentina".

Desde los talleres, José Vaca miraba el espectáculo. Trabaja en el ferrocarril hace 32 años, hoy tiene 65 y está por jubilarse. "Esto es lo mejor que puede pasar, compañero", le dijo a LaCapital. "Yo ya me jubilo, pero tiene que venir la gente joven y hacerse cargo de esto, que da trabajo".

Ya en el andén, la gente se sacaba fotos, como en un espectáculo. Los guardas, de camisa blanca, esperaban el ingreso del total de pasajeros en la plataforma de la San Martín, donde el tren volvió a rodar después de 22 años, aunque ya lo venía haciendo la deficiente emprea Ferrobaires.

Puntual. El tren arrancó puntualmente, a las 16.10, como estaba previsto. "Lamento venir sin mi señora, pero nos merecíamos esto", fue lo primero que le dijo al cronista Hugo Lucanera, de 77, apenas se le sentó al lado. Hugo es un jubilado empleado de comercio que vive en Junín y llegó a Buenos Aires con su hijo en auto. Pero no se quiso perder la vuelta del tren, que tomó toda su vida.

El convoy arrancó en medio de aplausos adentro de los coches. "¡Si señor, coches, no vagones, esos son para la carga, los pasajeros viajan en coche!" alertó un ex ferroviario con el dedo índice admonitorio. Los pullman tienen dos hileras de asientos, una de dos y otra individual. Como todos los demás, tienen aire aconcionado y carteles les que indican la hora, la temperatura externa e interna. Uno de ellos tiene menos asientos porque un espacio lo ocupa el baño para discapacitados y una plataforma para sillas de ruedas.

Los de primera clase no tienen mucho que envidiarles. Con las mismas características, los diferencian los asientos más angostos y ambas hileras de a dos. Los rufinenses no tardaron en identificarse, y lo hicieron a los gritos. "¡Rufino, aquí! Vengan todos para la foto", gritó alguien, y empezaron a saltar de las butacas para armar el pogo, con bandera y todo: "Volvemos a nuestra querida Rufino en tren", rezaba el cartel que llevaban las familias Montero, Andrada y Vicente.

Eran una banda: Alicia Montero, su madre, sus hermanas Cristina y Stella, su prima Olga y su sobrina Carolina. Emocionada, contó que viven en Buenos Aires, pero que tienen a toda la familia en Rufino. "Dijimos que la primera vez que rodara el tren, iríamos, y aquí estamos. Allá está toda la familia esperándonos, como lo hacían cuando éramos chicas. Teníamos un tío, Tomás Andrada, que estaba en las boleterías de Junín, y como el tren paraba a cargar agua, bajábamos a saludarlo.

Los recuerdos eran una constante en buena parte del pasaje, algo que los pocos chicos que viajaban no podían entender bien. "Este trayecto lo hacíamos siempre, hasta que el tren dejó de rodar en el 93". Alejandra Arrbaillaga no podía ocultar su euforia. Hija de un trabajador ferroviario, volvía a vivir el periplo que tantas veces había hecho. "Papá trabajaba en Vía y Obras del San Martín. Viajábamos a Buenos Aires, San Juan, Mendoza. Ojalá vuelva a ser como antes, que ruede el Sanjuanino, el Zonda, el Libertador, el Sanrafaelino", enumeró, entre entusiasta y escéptica. A su lado, Marcelo Amadeo Carrizo iba recordándole datos. "Estamos viviendo una fiesta, no se puede explicar con palabras, esta es la esperanza, la renovación", reflexionó, y Alejandra siguió: "Esto le dará vida a los pueblos. ¿Sabés cuántos quedaron detenidos cuando se fue el ferrocarril?".

En pleno viaje. El tren ya había tomado velocidad y adentro de los coches era todo festejo. La gente iba de un vagón al otro, se paraba, charlaba, hablaba de los viejos tiempos, de la importancia del servicio, de las perspectivas de crecimiento y de los obstáculos que habría que sortear. De pronto, todo el pasaje era experto en política y estrategia ferroviaria.

Tres técnicos chinos iban y venían hablando su idioma a los gritos, controlando paneles, supervisando el recorrido. Eran parte del espectáculo. Los integrantes de una FM sindical hacían entrevistas a los pasajeros, los muchachos de la revista Crónica Ferroviaria hablaban entre ellos y con quien quisiera escucharlos. Saben. Sergio Canzonetta vive en Buenos Aires y siempre va a Junin con su camioneta, pero este viaje no se lo iba a perder. Su número de asiento lo decía todo: 01. "Primer pasajero", dijo con orgullo, y recordó que en Junín llegaron a trabajar 4 mil personas en el ferrocarril. Su abuelo, un inmigrante italiano, trabajaba en mantenimiento de las máquinas a vapor. Conoce de la historia del ferrocarril y no se olvida cuando en la época de Frondizi empezó el paulatino desmantelamiento, que terminó en la década del 90 con el desguace.

La formación tomaba velocidad. Pasando Pilar, dejó la zona urbana y empezaba a acelerar la marcha. Ya estaba en pleno viaje. Oscar Besuzzi es un ferroviario de toda la vida. Trabajó en reparación de locomotoras. Hoy está jubilado, después de 40 años de servicio. "Esto es buenísimo, ojalá se pueda mantener. Todo dependerá de muchos factores. Cuando se armó la Operadora Ferroviaria Sociedad del Estado yo pensaba que tenían que reactivar el tren Retiro-Junín. Si era un tren confiable, la gente lo usaría", pensó.

Eran las 18 y el coche comedor, con sus 12 mesas con asientos para dos personas de ambos lados, era un bullicio. Los pasajeros ya se conocían, todas las caras resultaban familiares. Allí estaban los ocho estudiantes de Gestión Ferroviaria de la Universidad de San Martín. La carrera funciona desde hace cuatro años y tiene tres de duración. Algunos de esos chicos ya consiguieron trabajo en el ferrocarril, otros están como pasantes. No querían perderse este viaje y ahí estaban, mate en mano, hablando con el resto de la gente.

Federico Palles parecía llevar la voz cantante. "Nos preparan en el rubro ferroviario como empleados integrales, que puedan incorporarse a cualquier área, nos formamos en temás políticos, administrativos y técnicos", contó. "La aparición de estas carreras está vinculada a la reactivación. El ferrocarril es un recurso humano, por eso ahora empieza a estudiarse. Esto es una esperanza. Evidentemente alquien está pensando que esto debe continuar", confío.

A esa altura, todo servía para pasar el tiempo. Cartas, mate, galletitas, bizcochos, todo empezaba a salir de los bolsos, aunque el mejor pasatiempo seguía siendo la comunicación entre la gente. En cada localidad, aunque el tren no parara, la gente se agolpaba en las calles, al lado de las barreras, a saludar a la formación.

Fiesta en el andén. Eran las 19.45 cuando el tren llegó en punto a Chacabuco, la primera parada. El pueblo se había volcado, como lo haría en las siguientes, a la estación para saludar. Pero ahí había un ingrediente extra: el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, eligió esa estación para abordar el tren y dirigirse al próximo andén: Junín. El tren se volvió un pandemonio de funcionarios, colaboradores y sobre todo periodistas que buscaban a los apretujones tomar la foto y la declaración de rigor.

"El 5 de marzo estamos por Rosario para la prueba", fue lo primero que le dijo a La Capital el funcionario en una breve charla. Y después volvió sobre el fenómeno de la reactivación (ver aparte).

Randazzo se dio el gusto de recorrer el tren y saludar uno por uno a los pasajeros. Desesperado, el personal del servicio iba cerrando las puertas para que destrás del funcionario no siguiera marchando el ejército de periodistas y curiosos. En Junín, otra multitud esperaba el descenso del ministro, que bajó aplaudido por la gente que se apelotonaba contra las vallas que habían puesto para evitar un desastre. Los guardas estaban atentos a la escena. Un error y todo se arruinaba. Pero la fiesta siguió. La localidad de Vedia no fue excepción en cuanto al recibimiento. Allí ya no se veían carteles ni expresiones partidarias, eran banderas argentinas y caras de felicidad. El tren hizo una corta parada y siguió su curso hasta Juan Bautista Alberdi, localidad cercana a la frontera con Santa Fe y penúltima parada antes de Rufino. Allí, se repitió el recibimiento.

Con guitarra y todo. Ya habían pasado las diez de la noche. El tren empezó a tomar velocidad. A la altura de la laguna La Picasa, donde se hizo la vía completamente nueva sobre un pedraplén, el tren alcanzó los 120 kilómetros por hora. La noche impidió ver el espectáculo externo del tren pasando por el medio del agua. Pero adentro, ya se había armado la guitarreada, con Jorge Magaña y Pelusa Mederos en los instrumentos y Carlolina Tabasso en canto. Carolina vive en Pilar y tiene a toda su familia en Rufino. No se privó de pararse en el pasillo y cantar. Pero tampoco se quedó atrás el pasaje: "porque viví, siempre viví?", y todo el coche: "a mi maneeeraaa". También se celebró el cumpleaños 82 de Aníbal Osvaldo Ruiz Díaz, que vive en Pilar, se fue a Junín dos días y dejó todo para celebrar su cumple arriba del tren.

"Hace 40 años, cuando teníamos 20, hacíamos este trayecto todos los fines de semana. Nos la pasábamos guitarreando", recordaron al unísono Magaña y Mederos, después de tocar "La Balsa". A esa altura, la fiesta incluía a todos. "¡Un aplauso para el guarda!", gritó uno, y todos fueron a sacarse la foto con el joven ferroviario. "¡Un aplauso para el chino!", y más fotos con el técnico oriental.

Recibimiento. Apenas había pasado la medianoche y el convoy llegó a Rufino, donde ya se había desarrollado un acto y podría decirse que todo el pueblo estaba en la estación y la plaza. Un cartel de la Juventud Sindical Ferroviaria rezaba: "Luche y vuelven los ferrocarriles". La Unión Ferroviaria se identificaba con paraguas verdes y blancos, mientras los bombos y los redoblantes hacían sonar una verdadera batucada. En la plaza, la gente seguía apostada, nadie quería irse, salvo aquellos que ya habían tomado la calle céntrica para sentarse en bares y restaurantes, todos abiertos y repletos.

Allí estaba nuevamente Randazzo, que había alcanzado el lugar por otros medios después de bajar en Junín, hablando con la gente. Junto a él, el secretario de Transporte, Alejandro Ramos, se sentía en territorio propio. Ya en tierras santafesinas, la gente gritaba su nombre. "Se empieza a ver el trabajo de años. Hoy es Rufino, la semana próxima haremos las pruebas en Rosario" y anunció que "el próximo paso en la provincia es la renovación de las vías hasta Venado Tuerto y Soldini".

La fiesta siguió hasta bien entrada la madrugada. Y como corolario, se pudo ver a los pasajeros y a la extenuada tripulación del tren cenando tardísimo en un mismo bar. Parecía que al viaje le quedaba un minuto más.

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