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La UNR advierte sobre la falta de obras a un año de las inundaciones

Ibarlucea. A un año de las inundaciones que dejaron como saldo en la región pérdida de vidas, un sinnúmero de evacuados y cuantiosos daños económicos, un informe elaborado por la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Rosario...

Miércoles 09 de Abril de 2008

Ibarlucea. A un año de las inundaciones que dejaron como saldo en la región pérdida de vidas, un sinnúmero de evacuados y cuantiosos daños económicos, un informe elaborado por la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) sostiene que tanto las obras proyectadas que no se ejecutaron como la falta de un plan regional de contingencias fueron determinantes para agravar las consecuencias del fenómeno.

El informe, que lleva la firma de los ingenieros Raúl Postiglione y Gerardo Riccardi, pertenecientes al Departamento de Hidráulica y al Centro Universitario Rosario de Investigaciones Hidroambientales (Curiham) de la UNR, reconoce que se trató de un encuentro extraordinario, nunca observado en la región, tanto por su duración (cinco días) como por la cantidad de lluvia precipitada (de 300 a 400 milímetros en toda la zona), agravado además por la crecida en ese momento del río Paraná.

La evaluación se refiere a los desbordes producidos en Rosario y ciudades aledañas, donde fundamentalmente el sistema Ludueña, en sus canales tributarios Ibarlucea y Salvat, se vio colapsado en esos días. Y además de Rosario, localidades como Funes, Ibarlucea, Roldán, Pérez y Granadero Baigorria sufrieron las consecuencias. También se vieron afectadas otras poblaciones por desbordes en canales como el Serodino y la cañada de Carrizales, el arroyo San Lorenzo o los ríos Carcarañá y Coronda, situación que también podría contenerse en las propuestas de este estudio.

Lo bueno y lo malo. De acuerdo al informe, las precipitaciones y la posterior inundación mostraron el estado real de la región ante eventos climáticos severos, ya que por un lado hubo trabajos realizados hace tiempo que fueron eficaces, mientras que por otro quedó evidenciada la falta de otras obras primordiales.

La planificación y los proyectos elaborados en 1986 y 1987, como la presa de retención de crecidas del Ludueña, el Aliviador 2 y canalizaciones parciales del Ludueña e Ibarlucea, tuvieron un impacto positivo en las áreas históricamente afectadas como Empalme Graneros y otros sectores de la zona norte de Rosario.

Sin embargo, lo sucedido en Nuevo Alberdi, barrio Cristalería, Municipal y en otras localidades de la región como Funes, Granadero Baigorria, Pérez o Ibarlucea pusieron en evidencia la falta de ejecución de las obras proyectadas, en particular la canalización completa del Ibarlucea y el Salvat.

Falta de mantenimiento. Por otro lado, el informe remarca la falta de mantenimiento de los componentes del sistema de desagües pluviales de toda la región, el retraso en la implementación del sistema de alerta, la falta de un plan de contingencia integral para actuar en la emergencia y fundamentalmente la magnitud de los cambios en la cuenca en los últimos años, muy por encima de las previsiones de 1986 y 1987.

Otro de los puntos a tener en cuenta según el informe son las canalizaciones anárquicas, las nuevas urbanizaciones y el cambio del uso del suelo rural. Todo esto conduce a un funcionamiento distinto de la cuenca y genera caudales de agua mayores para sucesos similares, con lo que se incrementa el riesgo para las vidas y los bienes. O sea, "para las condiciones de vida de decenas de miles de ciudadanos".

A modo de conclusión, el informe sostiene que "el impacto producido por un evento de gran magnitud no puede ser considerado una catástrofe natural, sino la consecuencia de la vulnerabilidad de una sociedad, determinada por las políticas gubernamentales en todas sus dimensiones".

Canalizaciones, plan de contingencia y un comité de cuenca son algunas de las claves

Marcelo Abram

La Capital

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