La Región

Vive en Italia y tramita vía diplomática una denuncia por las violaciones que sufrió en Santa Fe

Daiana es oriunda de Carlos Pellegrini, y vivió también en Mar del Plata. Denuncia haber sufrido desde muy niña las vejaciones de su padrastro y su tío, con la complicidad de su propia madre

Martes 03 de Agosto de 2021

“Hoy me animo a escribir, para que las víctimas y sobrevivientes como yo sepan que se puede salir adelante, que merecemos a alguien que nos ame, que merecemos cosas buenas, que valemos mucho y que nadie tiene derecho a hacernos creer lo contrario”. Así se expresó Daiana, una joven de 24 años oriunda de Carlos Pellegrini, localidad del departamento San Martín ubicada a 178 kilómetros de Rosario. Daiana reside en Italia con su pareja y su hijo recién nacido, pero ya tramita vía consular una denuncia sobre las violaciones y maltratos a las que fue sometida desde niña por parte de su tío materno y de su padrastro, incluso con la complicidad de su madre. Mientras el trámite, largamente burocrático, sigue adelante, la muchacha se animó a contar en su muro de Facebook un desgarrador relato de las humillaciones a las que fue sometida durante siete años.

Según contó en un largo y estremecedor escrito, a los cuatro años fue abusada sexualmente por su tío -hermano de su mamá- en un campo del distrito de Carlos Pellegrini. Unos años más tarde se mudó junto a su madre y la pareja de ésta a la ciudad de Mar del Plata. En la costa bonaerense sufrió violaciones por parte de su padrastro entre los siete y los 14 años. Pero además de esas circunstancias desgarradoras que Daiana relató con lujo de detalles, también mencionó que era víctima de maltrato físico y verbal por parte de su propia madre.

Hace poco más de un año, tras convertirse en madre, la historia de abusos de su pasado se hizo presente y gracias al acompañamiento de su pareja y su terapeuta pudo comenzar a sanar las heridas enfrentando a quienes se las provocaron. Por esa razón, decidió denunciar a sus victimarios en las redes sociales y además se puso en contacto con las autoridades argentinas para llevar su caso a la Justicia.

En comunicación con la periodista Gisela Quinteros Polo de Portal Pellegrinense, Daiana reveló que está en contacto con el Consulado Argentino. "Espero que se comuniquen conmigo desde el Ministerio de la Mujer en Buenos Aires. Pero todo esto llevará un tiempo largo, por eso decidí hacer la denuncia vía redes sociales primero”.

Relato desgarrador

En la denuncia publicada en Facebook contra su tío, contó que “el recuerdo más claro que tengo es de un día que me llevó a ‘jugar’ al tambo donde trabajaba mi abuela, me bajó mi ropa me dijo que me acueste y comenzó a pasar su miembro por mi vagina, este era su ‘juego’. Ese fue el primer acto con el que me robaron el derecho a ser una niña normal y parte de mi inocencia”.

Daiana tenía cuatro años cuando pasó ese primer abuso. Pocos años después, su mamá y su nueva pareja fueron a vivir a Mar del Plata, y es ahí donde nuevamente la pequeña comenzó a sufrir años de torturas sexuales por parte de su padrastro: “Una noche él entró a mi cuarto, me dijo que haga silencio y me llevó al baño”. Tras una minuciosa descripción de las aberraciones que sufrió, la joven dijo que “en ese momento y con la inocencia de una niña de siete años le dije ‘con mi tío jugaba a lo mismo’. Los abusos eran diarios y cotidianos, en la casa, en su taller de chapa y pintura”.

Este infierno duró hasta mis 14 años. Siete años de abusos, maltratos, dolor. Rogaba siempre tener mi primer período, pensando que de esta forma le daría miedo dejarme embarazada y no lo haría más. Yo no podía ir a cumpleaños, no podía ir a jugar de ningún amigo o compañero, muchísimas veces me vigilaba a la salida del colegio a ver qué hacía. Al final los abusos eran siempre en su taller donde mi mamá y él me hacían trabajar desde chica, él cerraba el portón por dentro así nadie desde afuera podría entrar”, contó Daiana.

“Un día, a mis 14 años, le dije que no quería más, que le iba a decir a mi mamá. En ese momento intenté escapar del taller porque él se había enojado. Me agarró de los pelos, me arrastró y me ahorcó en el piso. Ese día no pasó a mayores porque mis hermanos escucharon mis gritos y fueron a ayudarme. En ese momento ellos no sabían que estaba pasando. Esa fue la última vez que permití que mi padrastro abusara de mí”, narró.

Al día siguiente, no conforme con lo que había sucedido, me volvió a ahorcar hasta dejarme inconsciente frente a mi hermano y, cómo me desvanecí por unos segundos, cuando retomé la consciencia, él riéndose en mi cara, le dijo a mi hermano: ‘¡Viste que actriz que es!”.

Violencia materna

En su carta, Daiana hizo puntual referencia a los destratos, desprecios y violencia que ejerció su madre. “Mi mamá, la mujer que supuestamente tenía que protegerme en esta vida, fue el ser que más me lastimó. Ella siempre ejerció violencia física, desde palizas con cables, cintos, látigo e infinidades de golpes con lo que tenía en la mano. No me pegaba porque me portaba mal o me fuera mal en la escuela, me golpeaba porque desde los seis años yo tenía que limpiar la casa, lavar los pañales de tela de mi hermano, me pegaba porque no hacía bien mis labores de mucama. Ella, junto con el violador que eligió para criarnos, nos ponían candado en la heladera porque comíamos mucho. Mis hermanos y yo trabajamos desde muy chicos, vendiendo medias en la calle, tortas fritas, en el taller del abusador e incluso nos mandaban a pedir a panaderías, negocios, sin ninguna necesidad”.

“Mi mamá se enteró que mi tío abusó de mí hace 15 años -continuó- lo leyó en un diario íntimo, esos que utilizamos de pequeños para contar nuestras vivencias, nunca le importó, nunca hizo algo al respecto. Para ella, él era su mejor hermano. ¿Cómo podía confiar y contarle a mi madre, que nunca me dio un abrazo, un beso o cualquier tipo de cariño, que su marido abusaba de mí, si no le importó cuando lo supo de su hermano? En esos momentos donde la muerte me aturdía, aparecían mis hermanos, mis razones para seguir”.

Daiana contó además que “hace 10 años que mi madre sabe de mi infierno con mi padrastro, pero nunca, ella o algún adulto, hicieron algo al respecto. Todo lo contrario, los adultos que sabían de esta situación me decían ‘pensá en tus hermanos, donde van a terminar si denunciás’. Depositaban en mí una responsabilidad que no era mía. Yo no tenía la culpa de que mi padrastro fuera un violador y mi mamá una mierda”.

Daiana explicó que decidió contar su historia gracias a la ayuda de su psicóloga. “Es fundamental que haya podido hacerlo público sin vergüenza y soltar todos los miedos. Creo que la primera cosa que me impulsó a esto, es haberme convertido en mamá. Mi hijo es mi motor, después que lo tuve, es como que todo esto que me sucedió estaba más presente que nunca y no entendía como mi mamá pudo lastimarme de la forma que lo hizo. Yo sólo quiero dar amor a mi hijo, quiero ser su lugar seguro, el lugar que yo no tuve. Todo eso, junto con el miedo de que lo que me pasó le pueda pasar a otros niños en manos de estos degenerados, me llevó a denunciar”, contó.

“Por muchísimos años tuve ganas de morir, sentía que no valía nada, que nadie me podía querer porque yo estaba marcada, rota por dentro, que si yo tenía un hijo no le podía dar nada, porque a mí lo único que me enseñaron y dieron fue dolor. Muchísimo tiempo tuve ataques de pánico en dónde una parte de mí cuerpo no se podía tocar con otra, dónde no podía respirar. Por todo esto es que hoy me animo a escribir, para que las víctimas y sobrevivientes como yo sepan que se puede salir adelante, que merecemos a alguien que nos ame, que merecemos cosas buenas, que valemos mucho y que nadie tiene derecho a hacernos creer lo contrario”, expresó la joven.

Segura de sus pasos, Daiana dijo que “si hubiera tenido la oportunidad de saber, de tener los espacios de escucha, de contención, podría haber sido distinto. La educación sexual para los niños es indispensable, ellos necesitan saber qué es un juego y qué no. Hoy, tenemos las herramientas para denunciar en el momento que sea, cuando lo sienta, cuando pueda, tenemos los espacios, están los profesionales para escucharnos y acompañarnos. Yo lo hago ahora porque puedo, porque me acompañan y porque quiero que empiecen a mirar, a escuchar, a preguntar. Estos silencios, estos secretos tienen que dejar de estar en la oscuridad, tiene que haber luz en mí vida y en la de todas las víctimas, eso es lo que estoy intentando lograr”.

En el final Daiana pidió “que estas mierdas paguen por lo que me hicieron. Por la inocencia que destruyeron, por la niñez que me robaron. Deseo y quiero que la ley actúe sobre ellos, en el momento que tenga que ser. Deseo y quiero que este movimiento sirva para abrir la cabeza de muchas personas y las ayude a denunciar”.

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