La Región

Un comedor con tanta demanda que tuvo que rechazar beneficiarios por falta de insumos

Pancitas Llenas funciona en Villa Constitución. Los pedidos crecen y los insumos no alcanzan. Ahora llega el frío y además piden zapatillas

Martes 04 de Mayo de 2021

El aumento de la demanda alimentaria, profundizado por la pandemia y el aislamiento, más la dificultad de abastecerse de provisiones, llevó a un comedor comunitaria de Villa Constitución a rechazar beneficiarios por falta de insumos. “Esto, que empezó siendo muy esporádico, se vuelve cada vez más periódico, la comida no alcanza para todos”, contó con dolor Alejandra Martín, presidenta de la Asociación Civil Pancitas Llenas, que desde hace años abastece a los vecinos de barrio San José, aunque su influencia va más allá de los sus límites.

Por esto, quienes llevan adelante el emprendimiento, que hoy asiste a más de 200 familias, lanzaron un pedido desesperado de ayuda social mientras gestionan su inscripción en la Afip y una cuenta bancaria para poder recibir donaciones dinerarias, más allá de lo que ya colectan con la solidaridad de vecinos y comercios.

Y ahora, con la inminente llegada del invierno, se están organizando para poder distribuir ropa, sobre todo zapatillas, para lo cual hicieron un nuevo llamado a la solidaridad para poder recibir donaciones.

Pancitas Llenas funciona desde hace cuatro años en el mismo barrio, dentro del local de Sabín 2368, donde cinco personas trabajan en la confección de platos y copas de leche. Al principio, tenía una demanda razonable dentro de su propia comunidad. Pero la pandemia, el aislamiento y la pérdida de trabajo de muchos habitantes llevaron a la gente a acercarse cada vez más, incluso desde otros barrios. Según Martín, en estos momentos están abasteciendo a más de 200 familias (un número que ha sido cambiante a lo largo de todos estos meses). No es poca cosa: “Si se calcula que en cada núcleo familiar puede haber tres o cuatro niños, estamos hablando de la dimensión de esta problemática”, razonó la presidenta.

Cuarenta familias

“Qué situación tan triste estamos pasando, es tanta la cantidad de gente que viene a buscar el pan que hoy, a más de 40 familias le hemos dicho que no había más”, publicó Pamela Gancilazo, miembro de la institución, hace pocos días en su cuenta de Whatsapp.

“Cuando nació el comedor, la situación era manejable, empezamos con el barrio San José, pero con el tiempo la población beneficiaria se empezó a extender a otros lugares. Todo iba marchando dentro de los parámetros normales, pero la pandemia nos sacó de foco. Antes teníamos familias carenciadas, adultos mayores, pero después muchas personas perdieron sus ingresos, o quedaron con trabajos reducidos, y eso complicó muchísimo la situación”, afirmó Martín. Y reveló que, paralelamente, “los insumos fueron cayendo”.

El comedor se mantiene con las donaciones de la gente de la ciudad, de comercios del barrio, tanto pequeños (los que más aportan) como grandes. Pero no tiene apoyo oficial, salvo el aporte que hace el municipio para la merienda. “Hace dos años hicimos la gestión para ser una ONG, tenemos la personería jurídica, una comisión constituida desde hace dos años, pero nos está faltando el Cuil para ser asociación civil. Con esto, tendremos una cuenta en el Banco Credicoop de Villa Constitución para poder recibir donaciones a través de ese número. Pero eso también viene un poco retrasado a raíz de la pandemia”, comentó la presidenta.

La activista recordó que el rechazo a familias que iban a pedir comida era esporádico, pero que “ahora se volvió más cotidiano”. A esto se suma que las provisiones son para cocinar las viandas, pero ocurre que apenas llegan, ya hay gente en la puerta pidiendo harina, pan o verduras. “Los insumos llegan pero desaparecen casi instantáneamente. Tenés que decidir si entregás materia prima o la usás para cocinar”, explicó la mujer.

Mientras tanto, y con la llegada del frío, desde Pancitas Llenas ya están teniendo nuevas demandas. Por eso, lanzaron una campaña para conseguir zapatillas, “lo fundamental”. Piden de todos los números, sobre todo números chicos para abastecer a los niños, pero “todo es útil, porque tenemos adultos que ya se han acercado a pedirnos”, reveló Martín.

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