La Región

Saberes ancestrales, la clave para volver a la buena alimentación

Experiencias que reflejan las múltiples ventajas de volver a las raíces a la hora de generar alimentos orgánicos, sin el uso de agroquímicos.

Domingo 20 de Mayo de 2018

Josefa Aramayo es agricultora de toda la vida. Hace 10 años se instaló en la localidad de Soldini, donde alquila cinco hectáreas destinadas a la producción hortícola periurbana; emprendimiento que lleva adelante junto a su marido y dos hijos. Nacida en la ciudad de Tarija, Bolivia, llegó de muy joven al país trayendo consigo saberes ancestrales en cuanto a la forma de producir alimentos. Saberes que hoy se integran con otras tradiciones y tecnologías que conforman la mixtura cultural que caracteriza a nuestras sociedades.

   Hace algunos años se vinculó con profesionales y agricultores que venían transitando el camino de la agroecología, y desde 2014 se dedica a la producción sustentable de alimentos. "Comenzamos con una pequeña parcela, todavía no estaban convencidos, pero yo sí ya que mis padres trabajaban de manera natural. Fuimos creciendo y vimos que podíamos vivir de lo que hacíamos", aseguró.

   "Siempre tuve en la cabeza que quería producir de otra manera, por eso convencí a mis compañeros. Ahora formamos parte del proyecto Cinturón Verde, la gente tiene mayor conocimiento, tenemos más canales de venta y yo me siento feliz y orgullosa de haberlo logrado".

   "Fue lo más lindo que me pasó", asegura Edith Aramayo Soruco, prima de Josefa, al recordar que comenzó a trabajar de esta manera emulando las enseñanzas de sus padres. "Hace 15 años llegué a Argentina. En Bolivia trabajábamos de manera natural, nunca se ponía un químico a las verduras, aquí aprendimos a hacerlo".

   "Paso a paso fuimos conociendo más canales de venta, como las ferias, la provincia nos dio la oportunidad y nos ayudó mucho. La idea es seguir contagiando a la gente para que produzca verduras sin químicos, ya que no se dan cuenta que hacen mal a otras personas. Esto te cambia la vida y me encanta, es más trabajoso, pero eso no es un problema. Sigo para adelante y sé que, tanto a mi hijo de cuatro años, como a los demás consumidores, le brindo una alimentación sana".

   David Maizares es agricultor rosarino y tras una larga búsqueda de nuevas formas de producción, se integró hace dos años al Programa de Producción Sustentable de Alimentos. "Vinieron los técnicos a enseñarnos prácticas y técnicas y fue algo que nos interesó mucho. En micaso, la mayor cantidad de tierra que trabajo es junto a una escuela, por lo que esto me vino muy bien porque era consciente de que lo hacía mal, pero es la forma convencional en que aprendimos", relata y comenta: "Tengo hijos y no quise que ellos se involucren en esto sabiendo que hay veneno en el medio. Ahora puedo compartir con ellos, puedo hacerlos formar parte como acompañantes en este nuevo sistema productivo, sabiendo que no se van a contaminar. Fue un cambio rotundo en el pensamiento".

   Entre los beneficios que le trajo este nuevo modelo productivo, David destacó sin dudar el compañerismo. "Nos acercó y nos lleva a estar más comunicados, hacemos intercambio de experiencias y eso nos fortalece como grupo; así como compartir espacios públicos donde comercializamos nuestras verduras. Apuntamos a un precio justo y lo más importante es que aseguramos el bienestar integral tanto de los productores como de los consumidores. Hay cosas por mejorar para poder crecer, pero estamos aprendiendo, el equipo técnico nos acompaña y nos acerca información. Esta nueva forma de producir nos atrajo, nos gusta y apostamos a crecer".

Por la salud y el ambiente

El proyecto Cinturón Verde surgió de la inquietud por la dependencia cada vez mayor de los habitantes a los alimentos de producción foránea para consumo. Ello supone, un impacto en los costos, en la calidad de los productos y en el cuidado del ambiente. La iniciativa se fundamenta en dos ejes fundamentales. El primero es el apoyo a productores mediante capacitaciones, el incentivo para procesos de reconversión productiva agroecológica y la provisión de infraestructura y equipamiento.

   El segundo busca el fortalecimiento comercial, a partir de la puesta en marcha de un sello de calidad de los alimentos y potenciar los canales de comercialización y abrir nuevas oportunidades.


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