La Región

Quién mató a Lele, el interrogante que recorre las calles de un pequeño pueblo

A Lelio Mario Chiliutti lo asesinaron a martillazos hace cuatro meses. En Díaz, donde vivía, hacen marchas por el esclarecimiento del caso.

Lunes 21 de Octubre de 2019

Un interrogante recorre como un escalofrío las calles de un pequeño pueblo del interior de Santa Fe y se cuela en los hogares de muchos de sus 1.800 habitantes. ¿Quién asesinó a Lele? La mayoría de las personas que residen en Díaz está convencida de que el criminal, o acaso los criminales, vive entre ellos. Por eso muchos llevan cuatro meses reclamando, con una perseverancia conmovedora, que la Justicia lo descubra. "Tenemos miedo y no nos gustaría que un crimen así se repita", afirman.

Lele era Lelio Mario Chiliutti. Tenía 82 años, vivía solo y cobraba una jubilación mínima. En Díaz lo querían todos. Era curandero, aunque no le cobraba a nadie. "Tengo un don, pero no es para ganar plata", les decía a quienes le pedían que les curara el empacho o el mal de ojos.

La madrugada del 14 de junio alguien entró en su casa y lo mató a golpes. Fueron varios martillazos en la cabeza. El escenario, dicen quienes pudieron verlo, era espantoso. No es necesario describirlo.

¿Quién lo hizo? ¿Por qué? En el pueblo predominan dos certezas: el autor no está lejos y la investigación va muy lenta.

Cuatro meses después hay una sola persona imputada y es por encubrimiento agravado. Se trata de una mujer que fue detenida pero luego excarcelada. Del asesino no parecen haber pistas ni apuro por identificarlo.

Los habitantes de Díaz, unas ochenta manzanas en medio de la pampa santafesina, querían tanto a Chiliutti que no lo olvidan. Un grupo de personas reclama todos los días por el esclarecimiento del caso. No sólo porque quieren Justicia: también porque temen que vuelva a pasar.

Es que allí, tres de cada diez habitantes viven solos. "Es un pueblo con muchos viejos", dice uno de sus moradores. Como Lele, cuya soledad facilitó el plan criminal de quien lo asesinó, posiblemente para robarle.

La teoría de los vecinos sobre un robo se basa en que en las horas previas hubo quien escuchó decir a la víctima que había ganado dinero apostando en la quiniela. "Cobraba la jubilación mínima y no tenía nada. ¿Qué otra cosa irían a robarle?", razonan.

Los locos de las marchas

"Lele no murió, a Lele lo mataron". Ese es el lema de los vecinos que se movilizan desde hace más de cuatro meses para exigir que la Justicia identifique al culpable. Es, también, el nombre de una cuenta de Twitter (en Facebook es "Justicia por Lele") donde se da cuenta del reclamo.

"Nos conocen como los locos de las marchas". Quien lo dice es un docente del área de tecnología que hace de vocero del grupo. Se llama Ramón Alberto Simi y se convirtió, acaso sin proponérselo, en un referente para quienes piden Justicia por el crimen.

Simi y quienes lo acompañan no dejan pasar ni un sólo día sin reclamar el esclarecimiento del caso. Marchan, encienden velas, caminan con una Virgen de San Nicolás que alguien les prestó, detienen a los automovilistas y a los camioneros que viajan por la ruta 65 hacia los puertos cerealeros. A todos les hablan sobre Chiliutti y su espantoso final.

"Los locos de las marchas", dicen de ellos los que no marchan. "Los que queremos Justicia", retrucan los manifestantes, aunque ya se apropiaron del otro.

EM_DASH¿Las autoridades del pueblo los acompañan?

—¿Qué autoridades?

EM_DASHEl jefe comunal, el cura...

—El cura no vino nunca y el jefe comunal cree que estamos haciendo política para echarlo. Pero nosotros no hacemos política, nosotros pedimos Justicia para Lele.

El fiscal de la causa se llama Marcelo Nessier y tiene su cabecera en Coronda. Entre los habitantes de Díaz predomina la idea de que no investiga con las energías suficientes. Quieren reunirse con él para preguntarle cómo van las pesquisas pero no les resulta fácil: no son parte de un proceso judicial en el que tampoco hay querellantes (Lele tiene dos hermanos, pero son ancianos y viven en algún lugar de Buenos Aires).

Nessier aceptó una consulta de La Capital sobre el tema, pero razonablemente eligió no entrar en detalles para no perjudicar la investigación. "Espero los resultados de unas pericias de ADN", explicó. Se refería a evidencia recolectada en la escena del crimen, el lugar donde masacraron a Lele. "Cuando esos resultados y las pericias a unos teléfonos celulares secuestrados estén disponibles, la Fiscalía procederá en consecuencia", agregó el responsable de resolver el misterioso caso. Toda la pesquisa, entonces, parece depender de esas pericias que se demoran.

Por el caso hay un solo imputado. Es una mujer, pero no sospechan de ella como quien golpeó con ferocidad a Chiliutti con un martillo. "Encubrimiento agravado", es la figura en la que encuadra su supuesta participación. Estuvo detenida y luego fue excarcelada. Ya no vive en Díaz sino en un pueblo cercano.

La mujer se llama Natalia Luque y en el pueblo no goza de buena fama. Algunos rumores la vinculan con crímenes cometidos en otros sitios, pero el hecho objetivo es que no tiene antecedentes de condena.

"Díaz ya nunca será igual"

En el pueblo sospechan que Luque pudo ser quien le facilitó al asesino la entrada a la casa de Lele. "Él la conocía bien", afirman. En la hipótesis que construyeron los habitantes de esas 80 manzanas, la mujer tal vez tocó a la puerta de la víctima a las cuatro de la mañana del 14 de junio. Al ver que era ella Chiliutti abrió, sin saber que era lo último que haría en su vida. Después entró el asesino y lo mató.

Luque quedó bajo sospecha porque en su casa la policía halló el televisor de Lele. "Lo encontré en la calle", declaró cuando la interrogaron. En Díaz nadie le creyó y no parece una explicación verosímil. Las pericias a teléfonos celulares secuestrados durante los primeros pasos de la investigación, a las que se refirió Nessier en su diálogo vía WhatsApp con este diario, podrían demostrar si Luque miente o no.

Los "locos de las marchas" ya hicieron hasta el sábado 127 movilizaciones. Esperan respuestas que por ahora no llegan. "Mientras tanto convivimos con el asesino", se lamenta Simi, el vocero del grupo. Y repite: "Para nosotros Díaz ya nunca será igual".

Para Simi, el verdadero valor del grupo reside en que reclama pacíficamente. "Es posible que alguien en el pueblo estaría más contento si quemáramos la comisaría o cortáramos la ruta para exigir Justicia, pero no es nuestro espíritu", explica. Cuando detecta a alguien con un perfil así, el mismo grupo lo aísla. "Sólo queremos Justicia y seguridad para el pueblo", abunda el vocero.

A veces, cuando se manifiestan en la entrada del pueblo, los camioneros detienen sus vehículos cargados de cereal o de granos y preguntan si hay novedades en la causa, si ya encontraron al asesino, si la policía detuvo a algún sospechoso. La respuesta es siempre la misma: por ahora el crimen de Lele permanece impune.

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