Jueves 15 de Marzo de 2018
Otra cosa que saben hacer es emocionar. Cada Tiburón, con alguna discapacidad o no, emociona por su voluntad, su entusiasmo, su alegría, y por esa solidaridad que no necesita ser acicateada por ninguna sociedad benéfica. Todos emocionan. Si usted está cerca de ellos y no sale lleno de emoción, purificado y a punto de lagrimear, no se quede allí. O mejor no se vaya, quédese, en una de esas su corazón se ablanda, deja de pensar prejuiciosamente y se salva de los excesos de racionalidad y de la insensibilidad.
Del primer contacto con el grupo creado por Patricio Huerga y ocurrido cuando muchos nadadores, con y sin discapacidad, en marzo de 2012, cruzaron cauce abajo el río Uruguay, uniendo las ciudades de Colón y Paysandú, quedó el testimonio escrito y además de las fotazas del compañero Juncos.
Otras fotos son las que el redactor guardó en su memoria, donde cinco años después aparecen confusas, aisladas y defectuosas, desenfocadas y mal iluminadas, pero siempre emotivas; la de los padres que ayudan a un hijo con espasticidad a subir a un bote, la de un entonces canciller uruguayo que nadando acompaña en el cruce a Los Tiburones; la de algunos de los chicos con discapacidad con la vincha argentina agitando una bandera de la entidad alentándose y alentando sin parar, la de la mujer sin piernas que tozudamente y sin pedir ayuda se desliza por la arena para ingresar a un río indiferente a su problema o la de un político argentino que llega en helicóptero, posa para la prensa, no dice nada valioso, no le importa no saludar a competidores a los que no les interesa ser saludados y se va porque está muy apurado el tipo.