Lunes 26 de Octubre de 2020
Las luces se apagaron en el circo errante "las Estrellas de Colombia", por un tiempo no brillarán los trapecistas ni los prestidigitadores falsearán la vista. Los días por venir esperan el rumbo de la alegría.
¿Son veloces las nubes? ¿La física es un truco? ¿El desafío de girar en un péndulo es mortal? Preguntas que rondan las carpas misteriosas.
El circo "Estrellas de Colombia" está varado en General Lagos desde marzo. Son siete los circos en una situación similar. Parte de sus integrantes, solo quedaron los miembros de la familia Salvador Yovanovich; aprendieron como sobrevivir. Venden comida, pintan viviendas, hacen fletes y hasta espectáculos gratuitos sin la carpa montada. Algunos enseñan trapecio, tela y malabares en los pueblos cercanos.
Detrás de las carpas están los carromatos. La carpa fue desmontada por la cuarentena. Los artistas quieren volver a escuchar el rumor del público curioso, sorprendido de los circos que develan los misterios. El circo brillará en la imaginación, volverá a los pueblos en donde siempre los esperan.
Los trucos son perfectos, las piruetas hipnóticas. La trapecista subida a tacos inmensos desafía el aire. El circo, terreno amado, allí está la aventura, y las ganas de partir. La trapecista es Pía y es la dueña de las curvas en el aire. "El corazón me estalla dos horas antes de la función. Todos esperamos que la carpa se ilumine y escuchar los gritos asombrados cuando el trapecista vuela y se completa la ilusión"
El payaso a veces es el mago, la trapecista cobra entradas, el vendedor de panchos es quien arma la carpa y el malabarista se convierte en el intrépido conductor del auto loco. La payasa es una reina y la familia circense permanece en el tiempo.
No tiene secretos el riesgo; Axel domina las alturas, su poder es sobre la naturaleza y las máquinas. Nada del peligro le es ajeno.
La familia de Salvador Yovanovich es la quinta generación circense. Recorren el país hace cincuenta años y aprendieron geografía cruzando ríos y montañas. Hace dos años que están en Santa Fe y Roberto, el maestro de ceremonias y patriarca del circo, sabe que el futuro está en el volante de su camión: "El circo debe rodar".
Atravesaron Europa los gitanos transhumantes con sus circos de tigres, elefantes, panteras, caballos y magos. La mujer barbuda a veces no tan barbuda, el hombre mas fuerte del mundo y el domador de bestias. Ya no son gitanos ni cuidan animales los Salvador Yovanovich, pero el circo sigue en los caminos.
¡Señoras y señores, el salto mortal!, la pirueta infinita, el volver a cada pueblo. Pía la trapecista vuela sobre el universo. El pueblo se convoca y es la reina de las cuerdas tensadas, la roba corazones a la que por un instante todos aman.
La espera. Los circos han pasado pandemias, pestes, guerras y tempestades marinas. Los artistas no se rindieron. El circo está allí, a la espera de ojos asombrados y minutos de zozobra. Y la ruta espera a los bienaventurados de vidas distintas.