La Región

Los testimonios contra el cura Ilarraz coinciden en igual patrón de conducta

La semana próxima habría una inspección judicial a las instalaciones del Seminario de Paraná, en especial a la habitación que era del sacerdote.

Jueves 19 de Abril de 2018

Con el testimonio de otras tres víctimas se completó el martes la segunda jornada —y última de esta semana— en el histórico juicio al sacerdote de Entre Ríos Justo José Ilarraz, un proceso que busca establecer su responsabilidad en los casos de abusos denunciados cuando cumplía la función de educador en el Seminario de la ciudad entrerriana de Paraná.

En principio, el cronograma estipulaba que fueran cuatro los testigos, pero una de las víctimas convocadas no pudo hacerse presente y su declaración se postergó para el próximo martes.

Cuando se retome la actividad una de las actuaciones más importantes será la inspección judicial en las instalaciones del Seminario, principalmente en la habitación de Ilarraz, la que es señalada por casi todos los denunciantes como el lugar donde se consumaron las vejaciones.

Maximiliano Hilarza residió 20 años en Chile y en 2013 regresó a su ciudad natal para denunciar en la Justicia al cura en el que había confiado su formación. El martes volvió para brindar uno de los relatos más contundentes y conmovedores de la jornada, que se tradujo en un ataque de asma en plena declaración. La audiencia pasó a un cuarto intermedio, y el médico forense Luis Moyano debió asistirlo durante varios minutos hasta que logró estabilizarse.

Su relato tuvo varios puntos de coincidencia con el resto de los denunciantes, y en líneas generales quedó ratificada su primera declaración en la etapa de instrucción. La parte más saliente ocurrió cuando la defensa le presentó cuatro cartas que supuestamente él le habría enviado a Ilarraz en 1995 cuando residía en Roma.

Hilarza negó que hayan sido escritos de su puño y letra, por lo que el abogado pidió que realice una pericia caligráfica para determinar la veracidad de los dichos del testigo. Los resultados del estudio se conocerán en el transcurso de la próxima semana.

"Si la carta realmente hubiese sido escrita por mí, eso no tiene mayor importancia, porque lo que demuestra eso es que este muchacho —por Ilarraz— ha tenido contacto con las víctimas a pesar de haber sido prohibido por monseñor Estanislao Karlic, mientras se le hacía una investigación diocesana. El siguió mandando cartas, enviando postales", dijo. El hombre de 40 años reconoció que pese a que lo viene meditando desde hace mucho tiempo, haber estado sentado frente al tribunal "fue muy difícil". Respondió a las preguntas, pero cuando llegó el momento de hablar de los abusos se quebró. "Me empezó a faltar el aire, me descompuse", dijo luego, en declaraciones reproducidas por el diario Uno de Entre Ríos.

El segundo testigo de la jornada, J. R., contó los graves abusos que sufrió de parte de Ilarraz, que le dejaron severas secuelas psicológicas y psiquiátricas. Reconoció que el cura lo sacó engañado del Seminario, lo subió a un automóvil, lo llevó a un departamento —que no conoce, porque era del interior, chico, y casi no conocía la ciudad de Paraná— y que en ese lugar abusó de él.

El último testimonio —antes de pasar a un cuarto intermedio— confirmó la tesis de la acusación: que los abusos existieron y se ejecutaron en forma sistemática bajo un mismo patrón.

Conclusiones

Luego de haberse escuchado el relato de la mayoría de las víctimas-testigo, el querellante Rodríguez Allende trazó las primeras conclusiones que refuerzan la culpabilidad de Ilarraz.

En primer lugar, sostuvo que todas las víctimas eran niños vulnerables; segundo, esa fragilidad de los menores se daba por la "confianza" que tenían los padres de las víctimas en que "la estadía en el Seminario de Paraná iba a ser sagrada para sus niños", publicó el diario Uno.

En el tercer punto hizo notar el "carisma" del imputado; "se hacía querer, porque era él que le daba chocolates, galletitas, jugaban al fútbol y elegía siempre a un grupo de chicos, a quienes llevaba a su dormitorio".

A criterio del querellante, "todas las víctimas fueron abusadas, ya sea en la cama del pabellón donde dormían, pero especialmente en el dormitorio de Ilarraz. Al lado se encontraba el dormitorio de (Juan Alberto) Puiggari. En la habitación de Ilarraz se produjeron los más graves abusos hacia todas las víctimas".

Engaño a los pupilos

También puso de manifiesto el modus operandi del sacerdote, quien sometía a reiterados engaños a sus pupilos, diciéndoles que las relaciones sexuales "eran buenas", aunque les advertía que "no debían contarle a nadie".

"Cuando algunas de las víctimas ya no quería seguir siendo abusada, Ilarraz tomaba distancia de esa persona y castigaba esa situación", puso como ejemplo.

En su argumentación dijo que todas las víctimas querían pedir ayuda en los más altos grados de autoridad eclesiástica, especialmente en el entonces arzobispo Estanislao Karlic, presentó como séptima conclusión.

"Karlic lo único que hizo como jefe de la Iglesia católica de Entre Ríos fue escuchar a dos o tres víctimas; iniciar un proceso diocesano donde luego de un año y medio se tomaron tres declaraciones que acreditaban los abusos", completó el letrado.

Histórico juicio. El sacerdote Justo Ilarraz en los tribunales enfrenta un proceso que busca fijar su responsabilidad en casos de abuso a menores.

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