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Los residuos industriales siguen siendo un dolor de cabeza para la región

A las cuestionadas cavas en distintas localidades se suma el vertido de líquidos en cunetas y canales sin un control efectivo de las autoridades.

Lunes 11 de Febrero de 2019

La problemática del tratamiento y la disposición de los residuos industriales sigue siendo un dolor de cabeza en la región, donde se han generado movimientos en contra de la construcción de cavas, pero también se da batalla al accionar clandestino en la manipulación de los desechos.

A los conflictos suscitados en localidades como Maciel, Luis Palacios, Carrizales y Fighiera, y la clausura de una cava en Timbúes, se suma un tratamiento poco responsable de los residuos industriales líquidos no peligrosos, que son vertidos en cunetas y canales sin un control efectivo de las autoridades, que deviene en una imprudencia y desinterés de las empresas generadoras de los residuos, a las que no les importa si fueron correctamente transportados o tratados, lo que genera una ventaja económica por reducción de costos.

La situación viene siendo motivo de innumerables reportes, que incluso tuvieron lugar en las páginas de LaCapital, sobre todo por la proliferación de pasivos ambientales; es decir, problemas que un proyecto o actividad existente genera frente a terceros por su construcción o por su sola presencia. Su condición de pasivos está relacionada con la pérdida del estado ambiental previo, y se consideran altamente dañosos para la salud de los poblados que los circunscriben.

Diversos hechos

El caso de las cavas de Maciel se convirtió en uno de los más emblemáticos. Construidas por la empresa DHSH, clausuradas y hoy en pleito judicial, estos receptáculos generaron un fuerte movimiento vecinal que después se trasladó a otras localidades. En Luis Palacios, el predio abandonado de lo que fue Composmet dejó dos piletas y varias hectáreas con residuos líquidos que generan olores desagradables y promueven la proliferación de vectores a pocos metros del pueblo. Y en Fighiera la clausura de una tratadora dejó también piletas llenas.

Y la problemática de la planta de Carrizales (Clarke), en cercanías del arroyo Monje, donde los vertederos hacen poco sustentable el tratamiento, lo que generó un conflicto social entre los pobladores de esa localidad y pueblos aledaños como Díaz, Maciel y Monje, preocupados por el posible impacto que sufriría el curso de agua. Pero pese al rechazo social y al compromiso de otros jefes comunales para intervenir y pedir el cese de los trabajos, la comuna de Carrizales le otorgó en septiembre del año pasado el uso del suelo definitivo a la empresa Sergen para la construcción de cavas que se usarán para el depósito y tratamiento de residuos industriales. La habilitación, decisiva para la continuidad del proyecto, fue adoptada y el jefe comunal, Osvaldo Rezzónico, no aceptó los pedidos de audiencia realizados por los mandatarios de Monje, Maciel y Díaz.

Un mes antes, el 13 de agosto, unos 200 vecinos de localidades de la región se habían manifestado por las calles de la localidad bajo la consigna "no a las cavas en la región". Esto provocó que el ministro de Medio Ambiente provincial, Jacinto Esperanza, debiera enviar un mensaje tranquilizador a los vecinos de esa población y de pueblos vecinos como Monje, Gaboto, San Genaro, Serodino y Díaz en cuanto a que su cartera hizo los "estudios necesarios" para asegurar que esas cavas para relleno sanitario que construye la empresa Sergen en Carrizales, "no configuran ningún riesgo para personas ni para el arroyo Monje". Algo que no terminó de convencer a los vecinos.

El 11 de diciembre pasado, la comuna de Timbúes, a través de la Secretaria de Seguridad Ciudadana y Defensa Civil, llevó adelante un procedimiento en una cava a cielo abierto ubicada en el sector noroeste de esta localidad, por orden de la fiscal Verónica Caini.

El procedimiento fue acompañado por el presidente comunal Amaro González, que manifestó el apoyo y dio las instrucciones para que el personal comunal pusiera a disposición toda la ayuda técnica y logística para la materialización de la medida judicial ordenada.

Pero los conflictos generados por la construcción de estos depósitos con algún viso de legalidad es sólo una parte del problema. Desde hace tiempo, la prensa regional viene dando cuenta de situaciones completamente irregulares de vertido de líquidos en cunetas, canales o a campo abierto.

La zona sur de Ricardone se convirtió en un gran basurero industrial, domiciliario y de depósito de líquidos cloacales, con la presencia de cientos de camiones que circulan a diario por los caminos comunales para descargar residuos, denunciaba el 24 de diciembre el diario digital SL24, presente en la zona.

Es que, mientras el relleno sanitario donde se deposita la basura de todas las ciudades del cordón industrial y de la ciudad de Rosario está habilitado, no sería la misma la situación para los camiones atmosférica que diariamente vierten desechos cloacales por las cunetas del pueblo y mucho menos para aquellos que vuelcan residuos industriales.

El pueblo consume agua de pozo y las napas están estrechamente vinculada a la zona donde se producen los volcamientos, los diferentes informes de calidad de agua la ubican con índices de contaminación con arsénico no aptos para el consumo humano, consignaba el portal del Grupo Agenda.

En síntesis, lo que está sucediendo con los residuos industriales en la región y el rol que cumplen los distintos actores dentro de la cadena de trazabilidad en la manipulación del desecho es un problema ambiental que sigue vigente, y que requiere la participación del Estado y la responsabilidad de los empresarios.


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