El increíble exilio interno en Hughes del historiador, militante político y odontólogo Leónidas Ceruti, que salvó la vida durante los años terribles de la última dictadura cívico-militar
10:00 hs - Domingo 22 de Marzo de 2026
“Cuando llegué a Hughes en la dictadura fui al kiosco de diarios, que también era una funeraria, y le dije a la mujer: «Mándeme La Capital, Clarín, La Razón y Todo es Historia»”.
–¿Le gusta la política?
-–¡No! Me gusta la historia.
“Yo me cagué en las patas con esa pregunta porque era una época muy jodida y después me enteré que la mujer era una docente muy piola, a la que también le gustaban la política y la historia, pero en un primer momento yo no podía decir nada” recuerda el historiador, militante político y odontólogo Leónidas “Noni” Ceruti, de 77 años, durante una hora de charla en el viejo comedor de La Capital sobre su exilio interno en Hughes durante la dictadura cívico-militar, su pasión por la historia y la política y sus memorias en el fútbol como número 5 y como técnico de Hughes Fútbol Club. Así en la cancha como en la vida el Noni Ceruti tiene una historia de película.
>>> Leer más: Funes: "La salud integral es tan importante como la vida misma"
Cabello canoso largo y barba, ojos claros, remera cremita, bermudas marrones, sandalias y cartera de cuero, el Noni puede pasarse la mañana hablando de su pasión por la historia, la política y el fútbol.
"No vamos a tener plata para mandarlo al secundario"
Nacido el 29 de enero de 1949 en la localidad santafesina de Providencia, en el departamento Las Colonias, Leónidas Ceruti es hijo de la docente Gladys “Pity” Chiaro y del comerciante .Leónidas Ceruti. “Providencia es un pueblo de 1.500 habitantes, cerca de Humberto Primo y María Luisa, donde teníamos bar, restaurante y hotel. Mi viejo y mi tío eran los hermanos Ceruti casados con dos hermanas Chiaro. En el pueblo había una sola escuela primaria y no había secundaria. Yo hice hasta primero superior, así que mi vieja, con una gran visión, un día lo miro a mi viejo y le dijo: «No vamos a tener plata para mandarlo al secundario. Vamos a vivir a Esperanza o a Santa Fe». Y mi viejo vendió el bar y compró un almacén en Ituzaingó y Lavalle, enfrente de Obras Sanitarias, del barrio Candioti, en Santa Fe, adonde nos mudamos. Hice la primaria en la escuela del barrio y la secundaria en el Colegio Nacional, que era extraordinario” se presenta el Noni, en La Capital.
–¿Quién te puso Noni?
–Mi tío Genaro. Era muy inquieto, no me dormía y me decían “noni”.
–¿Por qué elegiste odontología?
–Porque veía que los maestros ganaban muy poco y que los dentistas ganaban mucho.
–¿En esa época jugabas al fútbol?
–Jugaba de 5 en Gimnasia de Ciudadela, en Santa Fe, y tuve la posibilidad de pasar a Unión, pero los de Gimnasia pidieron plata, el pase no se hizo y me vine a estudiar Odontología a Rosario, justo cuando mi viejo había comprado un hotel. Era entre el ‘67 y el ‘69, pensé en parar dos años para quedar libre, pero era la época de Los Rosariazos y los balazos y yo estaba metido hasta acá en la militancia universitaria y política. Mi viejo me dijo que viniera a estudiar Odontología y el curso de historia, y que jugara al fútbol.
–¿Cuándo nació el berretín por la historia?
–Siempre me gustó saber la historia, pero creo tener algún registro de eso cuando estaba en el secundario.
–¿Algún día que dijiste “esto es lo mío”?
–No, yo leía mucha historia y cuando estaba en quinto año del secundario, en esa época no había esos cursos de orientación vocacional. Yo miraba y decía siempre que me gustaban la medicina y la odontología, y decía: “Los profesores se cagan de hambre. Y los odontólogos ganan bien y al título no me lo van a quitar”. Medio por eso y porque Santa Fe nunca me gustó. Nunca me terminó de gustar.
–¿Por qué?
–Porque Santa Fe es una ciudad patricia. Una ciudad patricia, de verdad. Y aparte vos vas a la zona sur y están los Candioti y todos estos de doble apellido. Más allá de que yo a Santa Fe lo conocí por las canchas de fútbol., jugando en la liga por todos lados, en Gimnasia de Ciudadela, que queda de la cancha de Unión siguiendo por una avenida para el lado del puente colgante. Yo la pasé bien, pero cuando vine a Rosario en el ‘67 y empecé la militancia política en la universidad me di cuenta de que amo a Rosario.
–¿Por qué la amás?
–Acá tuve mis tres esposas, mis tres hijos nacieron acá, mis compañeros de militancia.
"Rosario es una ciudad rebelde"
–¿Qué tiene Rosario para que la ames?
–Rosario es una ciudad rebelde. Esta es una ciudad de lucha, una ciudad combativa. Una historia de la clase media del pueblo como no tiene ninguna ciudad. Una vez en TN en el programa de Van der Kooy, que conmemoraba el 30 aniversario del Cordobazo, me dice: «Pero qué raro lo de Los Rosariazos porque Córdoba tiene Los Cordobazos». Yo por respeto le dije:”Mirá, Los Cordobazos son la única historia de lucha de la clase obrera que tiene Córdoba. Rosario fue una de las pocas ciudades del mundo que conmemoró el primer 1º de Mayo, en 1890. El primer 1º de Mayo en la Argentina fue conmemorado por cuatro ciudades: Rosario, Buenos Aires, Chivilcoy y Bahía Blanca. Pero antes de eso, de 1890, en Rosario había manifestaciones de los anarquistas que habían huido de la Comuna de París, que fue el primer gobierno obrero, cuando tomaron el poder. Un barco alcanzó a venir, muchos se quedaron en Buenos Aires y muchos vinieron acá, que son los primeros que organizan el sindicato y después participan de ese primer 1º de Mayo de 1890. Si recorrés la historia de la clase media, la historia de la ciudad, Rosario es una ciudad rebelde. Lo ha sido desde siempre, acá en Rosario mataron al primer obrero en una protesta en la Argentina. El trabajador anarquista Cosme Budislavich fue asesinado en 1901. Y después vi que era una ciudad trabajadora, ciudad comercial, ciudad de lucha. Y lo otro que me gusta es el fútbol, me gusta la cuestión de la cultura, la cuestión de la música, del teatro y las mujeres. Le dije que Rosario tiene una historia de lucha.
–¿Rosario también tuvo la Resistencia Peronista al golpe de la Fusiladora en el ‘55?
–La Resistencia Peronista acá fue muy fuerte, por algo fue la capital del peronismo y la capital del paro en los ‘90. Y antes, en el ‘30, el primer fusilado con el golpe del ‘30, que fue Joaquín Penina, acá en la barranca. Después fusilaron a otros dos anarquistas. Rosario tuvo una historia de lucha y es una de las cosas por las que quiero a Rosario.
–¿Había piquetes en las protestas en Rosario?
–Sí, en 1907 había una huelga y había piquetes por todos lados. Y entonces los empresarios se fueron a quejar al intendente de que por los piquetes no podían pasar ni los entierros al cementerio ni los tranvías a Arroyito. Y los empresarios le dicen al intendente: “Los que hacen los piquetes se han erigido en la autoridad de la ciudad. Los carros fúnebres tienen que pedir la venia de los que están en los piquetes y no pueden pasar los tranvías”.
>>> Leer más: Cacho Viglione, el electricista del automotor más famoso de zona sur, cuenta su vida y obra
–¿Por qué te exiliaste en Hughes?
–Me exilié en el ‘77 en Hughes porque me cagó el hijo de puta que me tenía que dar la plata en Buenos Aires. Todos ya teníamos varios compañeros desaparecidos. Al médico que tenía la plata que me correspondía para irme a Brasil lo fui a buscar a Buenos Aires y el hijo de puta faltó a las dos citas que tenía. Fue un hijo de puta al que veíamos todos los días en mi casa.
–¿Cómo se llamaba?
–No me acuerdo. El hijo puta se mandó a mudar con la guita. Se fue a España con mi guita. Yo tenía a mi hermana, que militaba en la JUP, escondida en Buenos Aires porque la había ido a buscar al ejército al hotel de mi viejo en Santa Fe. Yo la saqué de pedo. Mi vieja era una militante más. Mi vieja me decía por teléfono: “Nene: está viniendo mucho el médico” y era una aviso de que estaban desapareciendo los compañeros de las FAP de mi hermana. Y yo fui y la busqué. Ella recién terminaba el secundario.
–¿Le salvaste la vida?
–Sí. La traje acá, la escondí. Estuvo como tres meses acá en un departamento y después le alquilamos algo en Buenos Aires y la mandé para allá, donde todavía estaban los compañeros, en el ‘76. Voy a Buenos Aires, tenía la guita justa para volver. Ahí estaba con otra pareja, que estaba escondida acá, vine acá y estuve tres días que no tenía dónde dormir. Yo era socio de Newell’s, me encontraba con mi segunda esposa en la pileta o en la tribuna. Eran lugares seguros, donde no me iban a encontrar ni en joda. La primera noche le pedí dormir en su casa a un amigo, pero que no podía: “Está muy jodida la cosa, sabemos en lo que andan”. Si bien nosotros éramos un grupo social y éramos revolucionarios, sabían que no estábamos por la lucha armada, pero tuvimos cuatro o cinco compañeros desaparecidos.
–¿Cómo te escondiste en Rosario?
–Esa primera noche dormí en la cocina de un primo de mi primera esposa. La segunda noche me levanté una prostituta en la terminal y pasé toda la noche y me dormí ahí. Y ya la tercera noche encontré un amigo dentista, Maino, que me alojó por 10 días, por lo menos, en el altillo, por Juan B. Justo. Era febrero y en el altillo vivían dos hermanos de mi esposa, él y la esposa habían sido militantes conmigo en la facultad. Estuve en ese altillo, donde estaba todo el día hasta que llegaba la noche y cuando ellos volvían de trabajar yo bajaba porque te veían de las casas vecinas y podía llamar la atención.
–¿Cómo siguió tu odisea hasta Hughes?
–Empecé a tener contacto con los dentistas y había dos amigos correntinos que tenían una clínica dental en Junín. “Che, voy a estar unos días por allá porque no tengo dónde ir”. «Venite”. Yo me había recibido en el 74 después de que la dictadura de Onganía me había echado cinco días de la facultad y después Lanusse me echó de todas las universidades del país. Ahí estuve 20 días laburando como dentista. Yo era un tipo joven que estaba haciendo experiencia y empecé a averiguar dónde instalarme. Y había un dentista de Hughes, un peronista llamado Coconi. “Hay un solo dentista, que es el intendente que puso la dictadura, que se casó con la mina que tiene más campos, pero no le da pelota a la odontología. Y no hay bioquímico”. Entonces me presentó al gerente del Frigorífico Hughes, Arturo Di Pietro, un tipo joven que había estudiado Historia y Filosofía en Buenos Aires, un peronista que estaba muy enfrentado con el intendente Monttani, que era radical, y que después fue dos veces intendente en democracia y fue el que lo reemplazó a Reutemann cuando era senador y lo eligen gobernador. Arturo murió de un cáncer en la boca, que se lo descubrí yo. Lo atendía en Hughes y le dije: “Mirá, Arturo, esta raya blanca que vos tenés acá es precancerosa. Si no te lo tratás podés tener cáncer. No me dio bola. Arturo era muy nervioso, muy activo, muy buen tipo.
–¿Cómo te fue en tu gestión con el gerente del frigorífico?
Cuando hablé con el gerente del frigorífico me dice: “Sí, otro dentista necesitamos, pero más que otro dentista necesitamos un bioquímico porque hay uno que viene de Colón dos veces por semana. Van a tener trabajo” .Me quedé ese día en Hughes buscando casa y no encontraba. Almorcé, me fui a la estación de trenes, me dormí la siesta ahí porque para mí la siesta es sagrada: he echado a mi mejor amigo a la hora de la siesta. No encontraba hasta que un vecino me dice: “Mire, hay un salón en la calle el principal. Vaya a ver, el dueño vive al lado”. Voy, le explico y me dice: “Mire, tuve una muy mala experiencia con el inquilino anterior. No lo voy a alquilar”. «Pero muéstremelo. Yo lo vi afuera, el salón está bárbaro, yo lo divido, pongo mi consultorio, el laboratorio de mi novia”, porque en esa época nosotros aparecíamos como novios. Y atrás estaba la casa con un patio. Estaba en la calle principal y yo quería un lugar donde vivir, más allá de que tenía los huevos acá en cualquier momento. Me lo mostró y le digo: “¿Y a cuánto están los alquileres acá?” Ponele que 200 mil pesos de ahora. Bueno, le digo: “Yo le ofrezco 250 o 300”. Subí los alquileres de Hughes y me querían matar. Y el tipo me dice: “Bueno, lo voy a pensar, venga el lunes”.
–¿Cómo terminó la historia?
–Eso era un lunes. Me volví a Junín. ¿Sabés lo que fue esa semana? Y vuelvo el lunes siguiente, toco timbre, me recibe la señora y me dice: “Pase, vamos, tomemos mate”. «Bueno, esto viene bien, si no no me van a hacer pasar». Y apareció Don Baltasar con la bombacha, un gaucho. Se sienta y me dice: “Lo voy a alquilar. ¿Y si sabe por qué lo voy a alquilar? Porque el otro día iba cruzando la plaza a la comuna, pagué unos impuestos y me encontré con Arturo Di Pietro, el gerente del frigorífico, y me dijo: «Usted le tiene que alquilar a este muchacho».
–Di Pietro te dio un manón.
-Sí, claro, aparte de cómo era la personalidad de Arturo, el pueblo necesitaba otro dentista y principalmente una bioquímica, pero viste que en los pueblos chicos el gerente del frigorífico pisa fuerte.
–¿Cómo es Hughes?
–Hughes es un lugar que la gente quiere mucho. Vienen a estudiar acá y se vuelven, no se quedan acá. Son muy pocos. De ahí son (el exdelantero de Newell’s y River, Ignacio) Scocco y el gobernador (Maximiliano) Pullaro.
–¿Cómo fue tu exilio interno?
–En este último libro que saqué, “Hasta el último gol”, trabajo un poco la cuestión del exilio. El mío de Hughes porque el tema de los exilios internos es un capítulo, y después escribí sobre todos los años que estuve como director técnico. Ahí instalamos un consultorio y un laboratorio, sacamos seis créditos para comprarme el consultorio dental y el laboratorio. Era la época de Martínez de Hoz y de la plata dulce.
–Ahora que sacaste la cuestión futbolera: ¿por qué no lo pusiste a Gustavo Arneri en esa semifinal de la liga regional?
–Porque venía de una lesión.
–Pero eso no lo cuenta el libro.
–Ayer justamente hablé con él. Gustavo es un tipo que jugaba de 5, muy temperamental. Fui su testigo de casamiento, es muy amigo. Cuando fue la guerra de Malvinas él estaba acá, en el ejército.
–En el libro contás que le preguntaste 40 años después por qué no lo habías puesto en aquella semifinal. ¿De qué estaba lesionado?
–No me acuerdo, pero vos sabés que de esa anécdota no me acordaba. Ni nunca me había dicho nada. Parece mentira. Y habíamos llegado a la semifinal. Habíamos ganado de local a Racing de Colón y después perdimos de visitante. Y él se fue y cuando busco todos los recortes diarios de todos los partidos que yo dirigí porque estaba escribiendo un libro, veo que él no estaba. No sé. Todos los chicos están en Hughes, son grandes ya. Y lo llamo y le digo: “Chiche, ¿por qué usted no estaba de titular en el equipo de la semifinal? Y ahí me contesta: “Porque usted no me puso, doctor”.
–¿Todavía se tratan de usted?
–Todos me tratan de doctor. Y ahí me contó la historia.
"Vine a estudiar odontología y de paso me fui a probar a Newell's"
–¿Viniste a Rosario a estudiar odontología, a estudiar historia, a jugar al fútbol o a las tres cosas?
– Vine a estudiar odontología y de paso me fui a probar a Newell’s.
–¿Por qué a Newell’s?
–Porque era amigo de (el exjugador y técnico Mario) Zanabria. Yo jugaba en contra y lo marcaba en los partidos de la liga de Santa Fe entre Gimnasia de Ciudadela y Unión. Yo soy del 49 y él del 48, pero jugábamos en la misma división. Jugábamos en la liga y en los intercolegiales que se jugaban en esa época. El iba al colegio Industrial y yo al Nacional. Después nos encontramos en los bailes. Teníamos un una relación y cuando él viene acá, él y D´Agostino me empiezan a dar entradas para ir a ver a Newell’s. Por eso me hice hincha.
–¿Cuál es la idea de reeditar tu libro “Cultura y dictadura en Rosario: 1976-1983” a 50 años del golpe cívico militar?
–La idea de reeditarlo fue del psicólogo Carlos Núñez, pero el libro tiene su historia también. Yo en esa época era muy amigo de (el director de la Biblioteca Constancio C. Vigil) Rubén Naranjo, él estaba muy vinculado a la Biblioteca Pocho Leprati, que dirigía Núñez. Se iban a cumplir 30 años del golpe y presentamos un proyecto para eh hacer un Foro de la Memoria memoria, con el concejal Pedrana.
–¿El libro aborda casos de exilio interno en Rosario?
–Sí, hice muchas entrevistas a gente que hizo el exilio interno en Rosario. Que es un fenómeno que se dio en todo el país y sobre el cual no hay mucho escrito ni investigado porque hubo muchos compañeros que se fueron al exterior. Algunos comprometidos y otros lúmpenes que se fueron. Y después hubo mucha gente que se movió como yo me fui a Hughes. Hubo compañeros que vinieron del norte acá, los de acá se fueron al sur o los de Córdoba del norte se fueron al sur. Los sindicatos docentes del sur, que son bastante combativos, son hijos de aquellos militantes. Incluso los piquetes, los cortes de ruta en los 90.
>>> Leer más: Funes: el hombre que inventó una zanjadora con un tractor y una motosierra
–¿Cómo era la vida cotidiana de los exiliados en Rosario?
–Gente de acá me contó que festejaban los cumpleaños dos o tres veces por año porque no te podías juntar. O bautizaban a los chicos dos o tres veces en el año.
–¿Hay un hilo conductor en la represión a los trabajadores en nuestro país desde aquellas primeras luchas hasta hoy?
–La clase dominante en la Argentina tiene las manos manchadas de sangre. Y de aquel 1901 que te digo que mataron a Budislavich y el último golpe y los fusilamientos hasta la actualidad siguen reprimiendo. La clase dominante de la Argentina resuelve todos los conflictos sociales a través de la violencia. Y este fue el pico máximo que está reflejado acá. Por eso no es un cuentito de hadas porque en general cuando uno cuenta estas cosas para los chicos, para la gente joven, la dictadura militar es la edad de las cavernas. Pero esto pasó en Rosario. Y la democracia se va restringiendo, van quitando. Van derechos laborales. Uno siempre lo que tiene que trabajar para que haya más democracia. Porque cuando hay más democracia y hay más libertad, el pueblo lucha mejor. El pueblo lucha mejor. Y otra de las cosas que yo planteo es que la lucha no debe pasar solamente por la lucha en la calle. La lucha debe pasar en la lucha en la calle y en la plaza con la asamblea con Pero también en los lugares de trabajo. En la fábrica, en los supermercados en los bancos, en la escuela, en el diario. Yo tengo 77 años y tengo la la misma fuerza y la misma energía que tenía cuando empecé allá en el 67 Y todavía sigo en la lucha.
–¿Cómo fue aquella primera charla con la diariera de Hughes?
–Como la canción de Rubén Blades: “Se escucharon ruidos de botas, ruidos de puertas que se cerraban, pero todo el mundo estaba viendo la telenovela”. En “Desaparecido de la novela”, él dice eso. Cuando llego a Hughes, lo primero que hago es ir a descargar las cosas y voy a hacerle el pedido de los diarios a esta mina. Era una docente, que después me enteré que era la más inteligente, que tenía kiosco y funeraria. Y cuando yo le pido: “Quiero Clarín, La Opinión y Todo es Historia” y ella me preguntó: «¿Le gusta la política?» “¡No! Me gusta la historia”.