LA REGIÓN

"En Totoras los violadores caen porque hay una sociedad alerta"

La ciudad se vio sacudida por varios casos. Activistas valoran la creación de una oficina fiscal, el Área de la Mujer, el trabajo de las ONG, el papel de las escuelas y, sobre todo, la Educación Sexual Integral

Domingo 11 de Julio de 2021

La seguidilla de detenciones, juicios y condenas por violaciones, algunas reiteradas y con más de una víctima, y la mayoría hacia niñas y adolescentes, viene sacudiendo a la ciudad de Totoras, donde a decir de los mismos habitantes, todos se conocen. Pero aquellas personas que siguen de cerca esta tremenda problemática aseguran que no se trata de algo nuevo ni muchos menos privativo de esta ciudad de 12 mil habitantes ubicada en el departamento Iriondo. “Si se hiciera en otras localidades el trabajo conjunto que se hace en Totoras para sacar a la luz, denunciar y penar estos delitos, seguro que muchas nos superarían”, afirma a La Capital la activista Claudia T. Reivindican el trabajo de las instituciones, la habilitación de una oficina de la Unidad Fiscal de Cañada de Gómez en esa ciudad, la creación del Área de la Mujer, la escuela como ámbito de comunicación y, sobre todo, la Educación Sexual Integral (ESI) como herramienta. “En Totoras, los violadores caen porque hay una sociedad alerta”, aseguran.

Tal como lo publicó La Capital, el lunes pasado un tribunal condenó a 25 años de prisión efectiva a Martín M. de 45 años por “abuso sexual con acceso carnal agravado” en tres hechos. Aunque lo absolvieron por el delito de grooming (acoso virtual), los jueces dieron por probada la acusación del fiscal Santiago Tosco, quien le atribuyó haber abusado de una menor de edad, a quien previamente había contactado por Facebook, hostigado, amenazado y abusado de ellas. Además, le imputó otros abusos sexuales reiterados a una niña, desde que ésta tenía seis años hasta los 10, también en Totoras, y de otro delito similar en Fray Luis Beltrán, hacia una niña desde que ésta tenía siete hasta los 17 años.

El 10 de noviembre de 2020 un ex empleado municipal, Roberto M., de la misma ciudad, fue condenado a 14 años de prisión por uno de los abusos que cometió, aunque quedó absuelto por otros delitos similares hacia menores que se le achacaban. El hombre de 62 años fue acusado de abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo, abuso sexual simple y con acceso carnal en carácter de autor.

El 16 de diciembre la policía realizó un allanamiento y detuvo en la ciudad de San Genaro a otro hombre oriundo de Totoras, acusado de abuso sexual agravado por el vínculo.

Y el 3 de febrero de 2021, otro hombre, de 34 años, también resultó detenido por abuso. El hecho habría ocurrido 40 días antes contra una chica de 14 años. Fue un miércoles. El lunes anterior, la policía había aprehendido a otro joven, acusado de abusar de una niña de 8 años.

Delitos privados

Los delitos sexuales, y sobre todo aquellos “agravados por el vínculo”, son de índole tan privada que a veces pasan años hasta que salen a la luz. Alguien se anima, alguna víctima lo cuenta en la familia, o lo desliza en un círculo allegado; a veces se desenmascara en la escuela, en un trabajo práctico, una redacción o hasta en un dibujo.

Pero con eso no es suficiente. Es necesario que haya una malla de contención real para poder canalizarlos, verbalizarlos, y llevarlos a donde corresponde. “Se puede levantar una piedra y encontrar gusanos debajo, pero si no tenés cómo limpiar ese chiquero, la piedra volverá a su lugar”, reflexiona Claudia.

Mujeres en Ronda Totoras” es una ONG que trabaja en defensa de género, niñez, adolescencias y diversidades. Funciona en la ciudad desde 2015. Son en general docentes, trabajadoras sociales, vinculadas a la salud o a la cultura.

Totoras no es la ciudad de los violadores. Es una comunidad que se supo organizar. Lo hicimos con las instituciones de la localidad, formalizamos un pedido concreto para que hubiera un Área de la Mujer, y tenemos una oficina del Ministerio Público de la Acusación para que las víctimas puedan hacer las denuncias en el plano civil”, cuenta Claudia T.

Analía C. pertenece a la organización y además integra el Instituto de Formación Docente en la ciudad. “Lo que pasa en Totoras es lo que pasa desde que conocemos al mundo, algo que se llama patriarcado, que nos ha violentado sistemáticamente y que en esta ciudad ha tenido algunos de sus peores representantes. Pero no es una cuestión local”, asegura.

La activista afirma que hubo un trabajo “organizado de sensibilización, visibilización y articulación. Esto pone en evidencia un movimiento militante que puso el cuerpo en las calles, hizo que esto llegara a todas las escuelas con la Educación Sexual Integral (ESI) que permite que se habiliten estos espacios para que los estudiantes tengan una voz”.

La referente asegura que el tema de los abusos “ha pasado desde siempre, las generaciones anteriores no lo han podido decir, y han sufrido la peor de las violencias”.

Estas mujeres, que se identifican como las descendientes “de las brujas que no pudieron quemar”, prefieren no decir sus apellidos. Quizás, sentirán que algunas chispas de aquellas hogueras no han terminado de apagarse. Prefieren prudencia y, aunque todos se conocen y en el pueblo sabrán quiénes son, dicen que ya tuvieron demasiada exposición.

Señalan que en las infancias y adolescencias hay confianza en los adultos y las adultas, y que, lamentablemente, es en ese espacio de vulnerabilidad cuando se abusa de esa confianza. “Por eso -considera Analía C.- cuando la ESI entra a las aulas, y aunque aún falta mucho para implementarla correctamente, se ha podido visibilizar mucho de esto”.

Darse cuenta

Cuentan que, por la complejidad del delito y la dificultad de descubrirlo, no es fácil llegar a los victimarios. “Algunos casos han sido expresados en el ámbito de las escuelas; otros, en el seno familiar mismo. Pero a veces hasta a la familia misma le cuesta acompañar. Por eso es importante que las niñas, niños y adolescentes sepan identificar estas situaciones”, dice Analía.

A su juicio, esta problemática hizo que muchos docentes levantaran las banderas de la ESI en Totoras. “Y el resultado fue que muchos chicos y chicas se sintieron con herramientas para reconocer los abusos. Fue importantísimo, porque la escuela es una de las instituciones donde uno puede detectar una situación. Y si la ESI estuviera totalmente implementadas, sería mejor todavía”, asegura.

Para ambas activistas, es fundamental que se haya armado una red, tramada a partir del compromiso. Además del Área de la Mujer y de la Oficina de Fiscalía (que funcionan coordinadamente en el mismo espacio físico) hay un Instituto de Formación Docente que “nos da una fortaleza muy grande, que potencia todo esto”, asegura quien lo preside.

Tanto para Analía como para Claudia hay que escuchar el discurso de las nuevas generaciones, “ver qué vienen a traernos, entender su sensibilidad, y tener en cuenta que las pibas y los pibes saben que este movimiento ha venido hacer la voz de ellos y ellas”.

“Micromachismos”

Ahora bien, y volviendo al problema de los abusos reiterados, creen que no es algo que se presenta de un momento a otro. “No ocurre mágicamente ni por generación espontánea. Esto tiene un antecedente en lo que llamamos micromachismos, cuestiones muy imperceptibles, cotidianas, que naturalizamos, Pero son acciones que se van legitimando y se vuelven situaciones de violencia cada vez más explícita que nos llevan a preguntarnos qué está pasando”, dice Analía. Y por eso insiste en “la necesidad de la ESI, e incluso de la Ley Micaela, porque tiene que ver con escuchar y actuar con sensibilidad”.

¿Qué dice la gente sobre estos casos de abuso? Es claro que cuando hay un fallo, éste es seguido de una condena social, rechazo generalizado y punición (incluso antes de la condena judicial) y en las redes sociales no suele faltar el consabido “pena de muerte”. Las activistas de Totoras, donde como ya se dijo todos se conocen, saben quién es quién. “A veces pasa que las mismas personas que condenan al violador también nos putean a nosotras cuando levantamos nuestras banderas”, recuerda Claudia.

Para Analía, es necesario revisar nuestras creencias. “Estos violadores y acosadores no son extraterrestres, son hijos muy sanos del patriarcado. Pueblo chico, patriarcado grande. Y no sólo en Totoras”, remata.

Área de la Mujer

En Totoras funciona el Área de la Mujer, Diversidad y Género, que acompaña de manera integral, con apoyo psicológico y asesoramiento legal, a víctimas en situación de violencia.

Su objetivo es acompañar a las personas que se acercan en la búsqueda de un modo de vida independiente y sostenible. Además, cuenta con el eje de concientización y sensibilización hacia la comunidad y las instituciones. Su titular es la psicóloga Melina Del Turco.

El organismo tiene sus oficinas en el Centro de Cultura de la localidad, está abierto de lunes a viernes, de 8 a 12, y el teléfono de contacto es 3476 65-1810.

Trabaja en conjunto con el servicio social local, la Fiscalía local, la ONG Mujeres en Ronda, la policía y el Juzgado de Familia, y la Fiscalía de Cañada de Gómez. También sumó al Centro de Asistencia Judicial (CAJ) para ayudar a las víctimas. Los CAJ fueron creados con el objetivo de garantizar el acceso a la justicia, ofreciendo contención, respuesta y acompañamiento a víctimas de delitos, así como el servicio de mediación penal. Funcionan en Rosario, Santa Fe, Tostado, Reconquista y Vera.

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