LA REGIÓN

Denuncian que Timbúes impidió reunión evangélica pese a que es una actividad permitida

El culto evangélico Comunidad Redentor denunció que las autoridades de la comuna irrumpieron en una reunión religiosa y obligaron a los fieles a desalojar el templo.

Martes 13 de Octubre de 2020

Por decreto provincial, los oficios religiosos pueden realizarse siguiendo los protocolos Covid-19, pero en Timbúes un templo evangélico fue obligado a cerrar cuando se disponía a iniciar su reunión. Según relató a La Capital el pastor Edwin Jenkins, que está a cargo de la iglesia Comunidad Redentor tanto en Timbúes como en Puerto General San Martín, el sábado pasado minutos después de las seis de la tarde “se acercaron tres efectivos de la guardia urbana municipal y dos policías y dijeron que teníamos que cerrar el templo”.

“Los fieles se encontraba orando con todos los protocolos sanitarios correspondientes”, remarcó el pastor que estaba en camino hacia el templo cuando ocurrió la irrupción y avisó que llegaría en unos minutos para poder dialogar y mostrarles la documentación presentada ante la provincia para poder oficiar.

El pastor precisó que dentro del salón de San Martín 468, alquilado para las reuniones que hacen desde hace un año, había poco más de 10 personas “correctamente separadas, con barbijos y todas las medidas sanitarias pertinentes. A otros que llegaron más tarde, los efectivos apostados en la puerta le prohibieron el ingreso”.

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De acuerdo a las medidas sanitarias requeridas por protocolo, el salón donde hacen las reuniones puede reunir hasta 15 fieles.

De acuerdo a las medidas sanitarias requeridas por protocolo, el salón donde hacen las reuniones puede reunir hasta 15 fieles.

“Minutos después irrumpió en el local un hombre que intimidó a gritos a los asistentes, estaba vestido como si fuera policía y no se identificó. Esa misma persona había pasado unos días antes preguntando qué hacíamos en ese lugar. Según algunos vecinos sería un ex policía que trabaja para el municipio”, relató el pasto quien describió la acción como “un abuso de autoridad”.

“Esta persona le dijo a los fieles: «¿Qué hacen acá? ¡Se van a enfermar todos! Ya mismo me desocupan este lugar». Los creyentes asustados se retiraron inmediatamente. Cuando llegué, ese hombre ya no estaba pero le mostré al personal de la GUR la documentación con nuestros protocolos presentados y el decreto provincial que habilita los oficios religiosos. Me respondieron que no tenían tiempo de leerlo y que ellos solo cumplían órdenes y estaban haciendo su trabajo”, contó Jenkins.

“Una de las oficiales, previa comunicación con alguien, nos dijo que no teníamos habilitación municipal. Le expliqué que hace un año fuimos a la comuna para que nos den los requisitos que necesitábamos para alquilar un lugar y nos dijeron que no era necesario presentar nada”, agregó.

“Luego me informaron que el encargado iba a traer una ordenanza, esperé durante 45 minutos en la vereda pero no vino, por lo que me retiré ya que se faltaba poco para el horario de restricción de circulación. Hoy fuimos a la comuna a preguntar por qué nos habían clausurado y para averiguar si era necesario presentarles también los protocolos que enviamos a la Provincia, pero nos encontramos con que estaba cerrada. Los vecinos nos dijeron que no abren desde marzo”, afirmó el pastor.

Confiado sobre los derechos que le asisten a su templo, Jenkins aseguró que mañana volverán a reunirse como lo vienen haciendo todos los miércoles y sábado y de acuerdo a lo dispuesto por el gobierno provincial.

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