De Montes de Oca a Cine Citá en Roma: "No puedo parar de crear, soy una máquina"

A los 41 años la dramaturga, poeta, actriz y directora de teatro y cine Agustina Toia, oriunda de Montes de Oca, dirige su obra “El país del Ignorimio”, que fue filmada en Andino, Lucio V. López, Freyre, Serodino y Rosario, y sorprende por su extenso recorrido de formación y trabajo entre Buenos Aires, Roma y media Europa. “Soy una máquina de crear”

10:00 hs - Domingo 15 de Marzo de 2026

“No puedo parar de crear” sorprende la dramaturga, poeta, dibujante, actriz y directora teatral y cinematográfica oriunda de Montes de Oca, Agustina Toia, de 41 años, durante más de una hora de charla con La Capital en el living de un ignoto café de Tablada, en el cercano sur rosarino, por donde vive.

Cabello rubio oscuro, ojos claros, aritos de perla, camisa negra estampada, vaquero y zapatillas, Agustina se sienta a una mesa de la vieja casona del bar, donde podría quedarse toda la mañana contando la apasionante historia de su vida en el mundo del arte, que la llevó desde su Montes de Oca natal a vivir, estudiar y trabajar en cinco países europeos, en los que aprendió cuatro idiomas.

Nacida el 10 de diciembre de 1984 en Rosario, pero criada en Montes de Oca, Agustina es hija del ama de casa y artesana Marcela Barcia y del contador y agricultor Gerardo Toia. “Nací en Rosario porque mi mamá es rosarina, pero me crié en un pueblo de la provincia de Santa Fe, en Montes de Oca”.

"Viví en Europa, pero no encontré ese horizonte tan profundo"

-¿Cómo es Montes de Oca?

-Montes de Oca tiene 2.700 habitantes y ese horizonte profundo que yo viví, con el que yo crecí y me configuró para toda la vida. Profundamente. Esto de caminar y caminar y caminar. El horizonte de la Pampa. Así es el campo. Así es el horizonte del litoral, ese paisaje que no existe en otra parte del mundo, ¿no? Yo viví muchos años en Europa, que ya después te contaré, pero en ningún lado encontré ese horizonte tan profundo y tan grande.

-¿Cómo era Montes de Oca en tu infancia?

-Ahora que me vine a vivir acá al sur, que veo la gente con las repoceras en la vereda tomando mate me siento que estoy entre un Montes de Oca de mi infancia y Napoli o Catania, en las afueras de Catania, que también es un lugar que amo. Porque está eso: el kiosco, el almacén, la gente del barrio afuera de su casa. Y Montes de Oca fue un lugar amplio, que me dio como mucha libertad también. Yo me crié siempre en la calle, cuatro hermanos, ir a pescar, ir a las hacer las aventuras, jugar, estar todo el día en la calle. No había peligro, nada. Veo incluso que ahora mi sobrinita que vive allá en el pueblo es otra historia. De hecho le hicimos al pueblo un profundo homenaje ahora con “La luz de la lluvia”, que es esta película que te contaba. Estamos ahora mandándola a Locarno, a San Sebastián, a todos los festivales internacionales, la terminamos de producir este año. El año pasado la firmamos completamente en Montes de Oca, con todos los habitantes de ahí, pero es profesional también, es como una mezcla.

-¡Qué buen título! La luz de la lluvia. ¿De dónde salió?

-De la lluvia que esperan, de muchos lugares, como esa esperanza de la lluvia, porque me crié con mi papá mirando el cielo. Tengo una imagen de mi papá muy así como en mi cabeza y es mi viejo así paradito en la puerta en la afuera de la casa mirando el cielo. Todos miraban el cielo. Uno para esperar la lluvia, el otro para pedirle, para rezar, que de hecho aparece en una de mis obras, “Las Juanas”, en una herejía cósmica que ahora estamos haciendo por todo el mundo. Ahí lo digo: todos miraban el cielo. La promesa estaba en el cielo, pero yo quería vivir en la tierra.

-¿Cómo fueron tus años en Montes de Oca?

-En Montes de Oca hice la primaria y después la secundaria en la Escuela Nuestra Señora de las Mercedes, que son las únicas escuelas.

-¿Cuándo te diste cuenta de que te gustaba el teatro?

-Qué sé yo. De chica, yo dirigía a mis primas en las reuniones familiares. Las agarraba a todas mis primas, hasta el día de hoy nos acordamos. Las llevaba a todas mis primas, las disfrazaba, nos disfrazábamos, les armaba el guión, “vos tenés que hacer esto, esto, esto” y salíamos todas a la cancha a armar el show para Navidad, para Año Nuevo. Me encantaba dirigir y con el cine también, cuando teníamos las primeras camaritas. Yo tenía un tío que vivía en Estados Unidos, que siempre nos traía tecnología. En los años 90 reparaba televisores en Miami. Y mi abuela me llevó a los 10 años a Estados Unidos.

-¿Qué significó ese viaje?

-Me marcó para siempre. A los 10 años me fui a hacer un viaje con mi abuela de un mes y medio a visitar a mis primos, que vivían en Miami. Entonces fui a Disney, aprendí a hablar el inglés, iba a la escuela de mis primos, a la escuela en inglés. Hablan todo en inglés, yo era muy chica y eso me reconfiguró también. Yo flashié, imagínate que tenía 10 años.

-¿Cuándo te picó el bichito del cine?

-El cine es algo que siempre me gustó, pero más el teatro porque vengo del teatro. Me formé como actriz, directora, productora de teatro y el cine lo empecé a hacer después de más de grande, en Europa, cuando vivía allá y me formé. Allá empecé con el tema de las cámaras y de filmar cosas. De hecho, antes de volverme en 2014 hice una película allá, una de mis primeras películas, que se llama “Mandala”, que presenté en el Cairo y en el teatro hace ya 10 años, sobre Rayuela, de Cortázar. Y he podido entrevistar a Gabriela Bernardez, a amigos de Cortázar en la ciudad porque viví en París. Ahí me picó el bichito en Europa, pero siempre fue algo latente, como cuando me fui a vivir a Buenos Aires y también quise estudiar y no lo hice. Cuando estudié en Roma, iba a empezar en el cine, pero tampoco lo estudié académicamente.

-¿Hubo un día que dijiste "el arte es lo mío"?

-No. Siempre. Desde 2014 que fundé Kashimá, la compañía con la que estamos ahora firmando.

-¿Qué es Kashimá?

-Es una palabra inventada, que nace de un juego con un niño también. Cuando yo vivía en Roma con este amigo, con el hijo de uno de los amigos donde yo vivía inventamos este nombre: Kashimá. Era una especie de idioma que inventamos para hablar entre nosotros.

-¿Es como una gerigonza o el jeringoso del lunfardo?

-Como el jeringoso, ahi está. Al que en la película también le hacemos un homenaje porque hay varios idiomas. Los idiomas son una de las cosas que me fascinan. Hablo varios idiomas y el kashimá también fue un idioma inventado. Como el glíglico de Cortázar, el idioma que también inventó.

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-¿Cómo siguió la historia de tu carrera?

-Tuve que esperar viviendo en un pequeño pueblo donde no hay más que voley. No hay teatro, no hay cine, no hay una librería, no hay una biblioteca. No era como ahora que a los chicos los llevan a hacer de todo. Sólo quedaba embarrarse. Ahora que lo pienso llegué al teatro después de haberme criado en el último pueblo del mundo llegué al teatro recién a los 18, cuando me vine a estudiar acá, que empecé la academia de teatro, en la Nigelia Soria, que todavía estaba en la cortada Ricardone. Yo vivía en Entre Ríos y San Luis. Yo me había anotado en esa porque vivía cerca. Cuando me anoto se muda a Moreno y Viamonte.

-¿Cuánto influyó tu origen en un pueblo para hacer la carrera artística?

-Todo esa historia de haberme embarrado las patas y que una una vez una amiga me dijo: “Vos por eso sos así, si habrás visto el horizonte”. Siempre quería agarrar el sol. “Yo voy a ver este sol cuando se cae en la tierra” es uno de los textos de “Las Juanas“. También lo dice Juana Azurduy, que en un momento dice: “Yo corría pensando que lo podía agarrar y nunca he llegado”.

-¿Es como el horizonte de Galeano, que dice que no existe, pero que te sirve para caminar?

-Es eso. Fue la mejor escuela para mí y esto es lo posible. Se ve que había tanto para ver. Y el aburrimiento también jugó su papel. Creo que no estábamos como ahora con el celular. Estábamos con la televisión y en la naturaleza, en los 90 mi pueblo era otro mundo, pero con ese horizonte que me enseñó a caminar.

"Hay que caminar mucho para poder vivir de esto"

-¿Cómo hacés para vivir del arte?

-Hay que caminar mucho para poder lograr vivir de esto, todo el mundo me dice: “¿Cómo lo lograste?” Ejerciendo esta voluntad, también la de caminar, de tener fe, de seguir. Porque de un día para el otro me dije: “El camino de la actriz es largo”.

-¿Cómo siguió ese camino?

-Después me fui a Buenos Aires. Me quería ir a Buenos Aires, imaginate, chica de pueblo. Siendo actriz, la meca es Buenos Aires. No hay tutía. Así que terminé acá la carrera en cuatro años y me fui a Buenos Aires. Ahí empecé a laburar, hice un par de castings y quedé enseguida. Quedé en una compañía que hacía teatro en calle Corrientes para las infancias, tipo High School Music, así que debuté en la calle Corrientes y después empecé a hacer mi caminito. Enseguida me di cuenta, a los dos meses, que estaba en Buenos Aires y que empezaba a firmar autógrafos. Venían tres mil personas, empezamos justo a hacer una gira. Me fui en febrero y en vacaciones de julio ya estábamos con High School Musical, que era la producción de Disney. Entonces fuimos a Misiones, Santa Fe, vinimos acá al Broadway en Rosario y de repente fuimos a los teatros enormes, sala llena con tres mil personas, firmando autógrafos, como Sharpay. Pero yo firmaba como Agustina Toia. Y después mi compañero de personaje me dijo: “No, tenés que firmar Sharpay”. Claro, yo tenía que firmar con el nombre de mi personaje. Entonces dije: “Esto no es para mí”.

-¿Y por qué te diste cuenta que no era para vos??

-Porque yo quería crear otras cosas. De hecho, hasta el día de hoy nunca hice una obra de otra persona. No me conformaba tomar un Hamlet, tomar algo escrito. Yo quería crear. Crear es lo que más me gusta. Después si lo actúo, lo dirijo o lo produzco es secundario. Lo mío es la creación, la historia, el universo. Me vienen las cosas por ahí, por lo que quiero decirle al mundo. Por eso pienso que soy una artista porque tengo esa necesidad de crear.

-¿Y cómo siguió el recorrido cuando te diste cuenta que lo tuyo no era firmar autógrafos como Sharpay?

-Quedé en ese proyecto y en otro con Eduardo Lamoli, Cecilia Mareca y Lillí Rúa. Era una compañía en la que después ese proyecto se cayó. Ibamos a hacer una obra que se llamaba “Tregua para la orquesta”. Yo estaba en pareja con un chico al que le salió una beca en Europa. Ahí me picó también el bichito, era la posibilidad de irme a Italia. Yo estaba en Buenos Aires, estaba bien porque estaba trabajando, pero para mí fue mucho. Creo que a los 20 años fue un montón. Muy vertiginoso. De hecho, yo iba a estudiar con Cristina Banegas, me iba a ir al San Martín. Llegué y empecé, me anoté en todo: en el Morerito Teatro, con Diego Tarota, que era tipo entrenamiento físico, o sea empecé a hacer de todo. No paraba, quería aprovechar.

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-¿A los 20 años saliste a comerte la cancha?

-Pero hacía de los 15 años que me quería a Buenos Aires. O desde los 10 años. Yo tengo en la sangre la herencia de mi abuela, Carmen Dixel, más conocida como Jorgelina. La señora Jorgelina, que estaba en El club del clan. De hecho tengo una pintura de mi abuela. Ella era porteña y quería ser actriz, pero sepultó ese deseo porque se quedó sola de muy niña. Tenía 15 años y cuando le dijo que quería ser actriz el papá le pegó una cachetada. En los años 40 ser actriz era lo mismo que ser prostituta. Y yo sé que cargo con eso. Traigo también algo de esa cachetada, que estoy reparando. Mi abuelo, que se llamaba Dixel, era alemán.

-¿Cómo era la relación con tu abuela?

-Muy buena, es la que me llevó a Disney. Yo tenía dos abuelas, la del campo, y mi abuela Nelly, la de calle Montevideo, mi abuela paterna. Yo venía acá y era el encanto, me regalaba su ropa. Ella viajaba mucho a Estados Unidos a visitar a su hijo, entonces unas vacaciones me llevó del viaje y me transmitió esto de del cine y del teatro. De hecho cuando vine a estudiar acá, íbamos al teatro juntas. Y me acuerdo que en el pueblo una vez me enteré que mi abuela trabajaba en televisión con la abuela de una de mis amiguitas de la calle Montevideo. Ella nunca me había dicho nada porque terminó dejando al mundo de la televisión y del teatro. De esas historias familiares mi vieja se acuerda hasta el día de hoy que ellas eran tres hermanas que iban al Canal Tres y las ponían a dibujar. Mi abuela laburó en el canal, que tenía muchos programas en vivo para la familia o de tertulias hogareñas. Ella se murió a los 90, así quela conocí mucho y la disfruté. Una vez en el pueblo una una mujer me dijo: “Sos la nieta de Jorgelina”. Yo no sabía ni quién era Jorgelina. Era el nombre artístico de mi abuela.

"Vinculo el viaje a Italia con un llamado de la sangre"

-¿Cómo te fue en Italia?

-Yo lo vinculo con un llamado de la sangre. Llegué a Roma y no sabía una palabra de italiano, bueno, un poco sí porque mamá y papá ya cuando éramos chicos nos hablaban. Ellos hablaban en italiano a veces porque sabían el italiano y nos criamos escuchando palabras en italiano. Llegué y me anoté en todo, me fui a la Sapienza. Fui al primer el primer curso de teatro, que empezaba con Claudio Raimondo y Ricardo Caporossi, una pareja que son dos capos del teatro de los años 60, una pareja. Justo ese día en la Sapienza empezaba un laboratorio de entrenamiento todos los días de lunes a viernes como ocho horas diarias porque el Centro Internacional de la Sapienza tiene un estudio, un lugar donde dieron clase Grotowski, Eugenio Barba, todos los maestros de las vanguardias teatrales de los 60 y 70. Se hacen esos laboratorios donde sólo puede ir la gente que estudia en la Sapienza. Yo caí ahí, pero no tenía ni siquiera ciudadanía, no tenía nada.

-¿Cómo hiciste para estudiar en la Sapienza sólo con la cara?

-Y... la chapucié. Fui y me dije: “Yo tengo que estudiar acá”. Me salvó el hecho de empezar ahí, yo hacía 15 o 20 días que estaba en Roma y todavía no hablaba bien el idioma. Era jugarse. Así que llegué ahí y tenía un lugar donde ir todos los días a entrenarme, armamos una obra. Era una escuela de teatro, un centro internacional de entrenamiento que se llama Ateneo. Después hicimos el espectáculo en el Teatro Eduardo Di Filippo, en Roma. Era un entrenamiento de tres meses con Claudio y Ricardo Caporossi para armar un espectáculo sobre Beckett, sobre el universo becketiano.

-¿Cómo te integraste a pesar de la barrera del idioma?

-Ahí conocí a dos pibas y un pibe que venían a estudiar: la romana Elena, que es mi amiga del alma, y la polaca Bárbara, que todavía hoy es mi amiga, y a Lorenzo. Y un montón de amigos de todas las partes de Italia también de otros países, que estaban estudiando en la Sapienza. Y nos hicimos muy amigos, nos tuvieron mucha paciencia, imagínate que yo no hablaba del italiano. La polaca Bárbara trabaja en el Instituto Polaco Cultural en Roma.

-¿Y cómo seguiste en Roma?

-Y ahí seguí estudiando, después me encontré con Katy Marjan, del Living Theater, con Julián Beig y Malina. Empezé a hacer seminarios porque por Roma pasa todo. Yo venía con este hambre de formarme también en antropología teatral con Eugenio Barba, a quien pude encontrar. Imaginate que yo acá en la escuela de teatro de Rosario estudiaba los manuales de Grotowski, la biomecánica de (Vsévolod) Meyerhold, Eugenio Barba, de los actuales. En mi formación había tenido un pantallazo de esos maestros y después en Europa me los encontré cara a cara. Trabajé con Eugenio Barba, con César Blier, me fui a estudiar también a Perugia, donde hay un centro internacional de estudio de biomecánica teatral, que que es una formación que inventó este ruso Meyerhold y me instalé ahí también. Fueron experiencias muy fuertes en cuanto a la formación teatral, que era lo que también quería. Entonces dije: “Quiero ir a aprender idiomas y a formarme para después poder foguearme y hacer mi camino”. Toda mi juventud fue de formación y ahí me formé con los maestros rusos, que tenía me tenían ocho horas entrenándome.

-¿Parecido a lo que hacen los rusos con la danza, en la que son tan rigurosos?

-Sí. Los rusos y los polacos son muy metódicos, muy rigurosos. Y a eso le sumé la biomecánica teatral, que es algo que hago cuando doy un seminario. Eso transmito como entrenamiento para el actor.

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-¿Qué es la biomecánica teatral?

-La biomecánica teatral fue una de las primeras formaciones físicas para el actor porque antes el teatro pasaba por la palabra, por el escenario, por los muebles, digamos que había un sillón y algunos roperos, pero el actor estaba solo. Había una puesta en escena, pero el trabajo del actor era solamente declamatorio, una cosa donde no había cuerpo. Y con la biomecánica Meyerhold fue uno de los primeros que arma este entrenamiento físico del actor, que después Eugenio Barba lo retoma con la antropología teatral, el estudiobasado en un montón de danzas de Bañi, que también es riquísima y hermosa. El entrenamiento físico de la biomecánica es una forma de descubrir en el propio cuerpo la propia energía, la propia masa, y eso responde al cuerpo primero y a la palabra después. Es pasar por el cuerpo el texto. Hay que poner el cuerpo. Es un entrenamiento muy fuerte porque después también tenés que bancártelo en escena.

-¿Algo de eso hacen en “Las Juanas”?

-Es todo cuerpo. Y tenés que estar una hora y media. Tiene que ver con Juana la loca, Juana Azurduy, Juana de Arco. “Las Juanas” es un capítulo de mi vida. Enorme. Pero es todo cuerpo y vos tenés que estar una hora y media. Te la tenés que bancar estar a los 40 años en escena Y que vos seas solamente un canal por el que la energía pasa por tu cuerpo. Una transpira y todo, pero hay algo biomecánico adentro, está entrenada con la respiración, los sonidos y los músculos. Es complejo, pero en mi formación como actriz me transformó profundamente.

-¿Cuándo apareció tu berretín por el cine?

-Cuando me fui a vivir a Buenos Aires, a los 20 años, había ido para inscribirme en la Enerc (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica), pero después no me inscribí. Seguí con el teatro, con la actuación y con todo eso. Cuando me fui a vivir a Roma, viví un tiempo en Grota Ferrata, en las afueras de Roma, donde tenían las villas los emperadores romanos. Las las villas romanas, de hecho yo viví en una. En Grota Ferrata supuestamente está la tumba de la hija de Nerón. Después fui a Roma y me iba a incscribir en Cine Cita, donde estám los estudios de Citá, a 15 minutos de mi casa. Y ahí conocí todo el neorrealismo y después empecé a trabajar en un cine Trabajaba con Rosano, que era el primer proyeccionista de Roma. Yo trabajaba en un cine cuando todavía era el cine, con el proyector. Ahí los conocía, con el viejo proyector, a Ettore Scola. Tenía ahí en el cine pegada una dedicatoria fr él, que tenía como 85 años y seguía trabajando como proyeccionista. Nos hicimos amigos Y conocí a Alberto Sordi, a Nino Manfredi. Ettore Scola tenía una dedicatoria hecha para Rosano.

"Quien me hizo amar el cine fue Emilio Bellón, mi maestro"

-¿Cómo llegaste a amar al cine?

-Quien me hizo amar el cine fue Emilio Bellón. Fue mi maestro de escuela.

-Emilio Bellón escribía sobre cine en la Revista Risario y en el Diario Rosario.

-Lo adoro y de hecho fue a ver “Las Juanas” cuando hicimos hicimos una versión de “Las Juanas” para el mes de la mujer del año pasado, en italiano, porque habíamos hecho una gira enorme por toda Italia con“Las Juanas” y dije que vamos a hacerla también en Rosario para los que hablan italiano. Y Emilio cayó ahí y cuando lo vi entre el público me emocioné. El me hizo amar el cine. Cada película que él nombraba yo la veía. De hecho cuando en 2014 hice “Mandala”, esta película sobre Julio Cortázar y demás, él me invitó a un grupo de cine, tenía un grupo enorme como de 60 personas en la Asociación Médica, a proyectar y a charlar, a contar las experiencias. Algo muy lindo.

-¿Cómo surgió la idea de fundar Kashimá?

-En 2014 vuelvo de Buenos Aires y fundo Kashimá con dos amigas, Laura Busson y Julia Rovere, una de Cañada de Gómez y otra de Rosario. Empezamos a crear. “Leer para crear” fue la primera obra y ahí empezamos. Yo venía con ese hambre de fundar una compañía y de transmitir todo lo que tenía.

-¿Cómo fue tu periplo europeo?

-Estuve siete años en Europa formándome. Primero en Italia, después viví un año en París, así que aprendí el francés también. Estuve en el Artea Cartuja, que es un centro internacional de estudios para el actor. Ahí estudié en este complejo de teatro La Cartuja, es muy famoso como el Teatro del Solei y el Teatro de la Tempet, en un complejo de teatros en las afueras de París. En cada lugar donde iba viviendo estudiaba y trabajaba en lo que podía. Después viví en Londres, en Alemania, en Suiza. Y siempre estudié estudiando, siempre aprendiendo. Me recorrí Europa.

"Fui moza e institutriz, enseñaba español a los chicos"

-¿En qué trabajabas?

-Trabajaba de cualquier cosa, en lo que viniera, fui moza, enseñaba mucho español. Fui institutriz de español, enseñaba español a muchos niños.

-¿Cuál fue el trabajo más raro que hiciste?

-Ser institutriz de español de los nietos de una de las familias más conocidas de Italia. En el primer año que estuve en Italia, en 2008, no conseguía laburo., entonces empecé a pegar cartelitos como institutriz de español. “Algo voy a enganchar”, pensé. Había pegado papelitos en una librería de libros españoles de Piazza Navona, al lado de la escultua de Bernini, cerca de Campo di Fiori, en el centro histórico de Roma. En la librería había un lugar para pegar papelitos y encontré uno que decía: “Buscamos profesora de español, preferentemente argentina”. “Esto es para mí”, pensé. Yo me estaba por volver porque no conseguía trabajo, pero viste que el universo es tan poderoso. Llamo, nada, escribo unos mensajes -todavía no existía el WhatsApp-,, nada. Y antes de eliminarlo dije:. “Espero una semana y vuelvo a llamar”. Y a la semana me atiende una mujer norteamericana y me dice: «Bueno, ¿querés venir a conocer? Estamos aquí”. Vivían en pleno centro de Roma, a la vuelta del Coliseo. Es una historia muy larga y muy linda. Estos niños eran un nenito de seis años y una nena de nueve, que ya hablaban ya español porque el papá había nacido y vivido en Argentina. Yo no sabía nada. Fui un jueves y él me dice: “Mirá, el fin de semana nos vamos a una villa que tenemos acá en en Monteartario. Si querés te podés venir con nosotros a pasar el fin de semana”. Montecarlo es un lugar muy top y ellos querían que fuera para estar con los chicos, jugar y enseñar español, medio como una institutriz o como una niñera pero que hablara español, el objetivo era hablar todo el tiempo en español. Me fui. Ni sabía quién era ni cómo se llamaba. Nada, me fui. Yo soy así. Y cuando llego se abren las puertas y aparece toda una escultura romana. Era impresionante. Una mansión. De película. Ahí en el living estaba el papá de los chicos. Y entoncesal papá de los chicos en una foto con Fidel Castro, después otra foto del abuelo de los chicos con uno de los Kennedy. “¿Quién es esta gente?” pensé y es lo único que no puedo contar.

-¿Cómo la pasaste ese fin de semana?

-Esa noche me dieron una habitación para mí sola con jacuzzi. Ellos se fueron. Me senté a cenar a una mesa gigante larga, venían los camareros con camarones, me atendieron como a una reina. “¿Dónde estoy?” me preguntaba. Después descubrí que el papá de los nenes es familiar de uno de los dueños de la Argentina. Los chicos ya tienen 25 y 22 años, pero hicimos una gran relación, estuve mucho con ellos y era como era como una hermana mayor. Era su institutriz. Ese fue mi laburo más grande, más largo. Caí en esa familia italiana. Fue el destino que estaba escrito. Fue un laburo que me ayudó porque cuando me mudaba laburaba dos o tres meses y después podía viajar y estudiar para seguir formándome.

-¿Cuando empezó tu etapa en nuestro país?

-En 2017 empecé a trabajar con Severo Calache, que es mi actual pareja, con el que hicimos “Las Juanas”- y fundamos una compañía con la que viajamos por todos lados.

"Ignorimio es una palabra inventada"

-¿Qué es “El pais del ignorimio?

-El ignorimio es una palabra inventada porque me gusta inventar de todo. El país del ignorimio es una especie de país de la ignorancia, donde justamente la historia trata que la escuela desaparece y las formas pierden sus moldes, como que todo empieza a estar corrido de lugar.

-¿Tiene que ver con algunas corrientes que impulsan la abolición de la escuela?

-Es un sueño para los niños. Es cumplir el sueño de los niños. Es la pesadilla que todo niño tiene: levantarse todo lleno de lagañas con un sueño terrible y decir: “¿Pero cómo seré no tener que ir nunca más a la escuela?”.

-Fontanarrosa decía que los pibes no deberían entrar a la escuela a las 7:45. ¿La obra propone la desaparición de la escuela?

-Ni una apología de la escuela ni una de defenestración, al contrario, desaparece la formalidad de la escuela y resalta lo importante, lo lúdico, el encuentro con los demás, las amistades. Imaginate que me crié en un pueblo, en el último pueblo del mundo, iba al colegio a las siete de la mañana, eso me traumó. Por eso creo que ahora soy artista y decido hasta qué hora puedo o quiero dormir. Eso me configuró también, he hecho laburos donde me tenía que levantar a las siete de la mañana, pero me parece una crueldad. Porque me acuerdo de ir a la escuela, levantarme de noche, con frío porque en mi época no había ni siquiera calefacción, teníamos sabañones en las manos y ese era el frío del medio del campo. Salíamos y había hielo en el pasto. Fue muy terrible.

"En 'La luz de la lluvia' todos miraban al cielo"

-¿Qué es “La luz de la lluvia”?

-Es una obra que también hicimos con mi pareja. “Todos miraban el cielo” es una frase de la película. Tengo la imagen de mi viejo mirando el cielo todo el día para ver cuándo llegaba la lluvia.

-¿La película tiene escenas rodadas en Andino , Luicio V. López, Freire, Carcarañá y Serodino?

-Sí, estuvimos rodando en Andino. Hicimos cuatro o cinco locaciones en Andino, un quiosco, la cabaña esta de la Reina de la Geometría, y el puente, ese puente hermoso, que parece medio medieval, con arcadas. Después fuimos a Lucio V. López, en la usina vieja. Es muy chiquitito ese pueblo. Y en Freire, donde está este castillo abandonado entre Carcarañá y Lucio V. López. Ahí fue una locación muy linda porque ahí está la película. En Serodino rodamos muy poquito y después en Rosario. Acá filmamos en en la Escuela Víctor Mercante y en zona sur todos los exteriores.

-¿En qué barrio de la zona sur?

-En Bonpland entre Buenos Aires y Laprida estaban los interiores de la casa de Sofía. También filmamos en una panadería y en otros lugares de la zona sur. Y todos los rodajes del quiosco los filmamos en Andino. Esto del Palacio de la Reina de la geometría, que es toda una estructura, está en Andino. Las locaciones fueron muy lindas. Después grabamos en la escuela con un colectivo 218, de los años 70, que pedimos en Rosario.

-¿Cómo definís tu oficio? ¿Qué sos?

-Artista.

-Pero “artista” es una palabra muy vasta.

-Es muy vasta, pero porque lo puede ser, por varios motivos, porque además de actuar, dirigir y producir, escribo poesía y dibujo. Ahora estoy a punto de alargar una línea de vestidos con mis dibujos. Dibujo, tengo toneladas de dibujos que he hecho durante mi vida. Dibujo mucho, siempre me gustó. Por eso te digo que me gustan la fotografía, el cine, actuar, dirigir, escribir, la poesía, la pintura... Dibujo porque no puede parar de crear. O sale en una canción o sale en una poesía o sale en un dibujo, pero por eso digo que me considero artista, porque es como que abarco varias disciplinas, todo obviamente profesionalmente como hago el cine y el teatro. Siempre estoy con ganas de fundar una productora o de hacer un grupo de música o de publicar mis poesías. Ahora estoy en un proyecto con Elena D'Angelo, una amiga romana, esta de mis amigas eternas. La amiga romana que vive en Cine Citá. Ella es poeta y con ella hemos hecho obras en Roma. Estuvimos en el Festival del L`Orologio, el Teatro de L`Orologio en Roma es muy famoso. Hemos escrito una obra llamada “Divento”. Ella es poeta y tenemos ganas de juntarnos para hacer un libro de poesía bilingüe con mis dibujos.

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-¿Cuándo supiste que ibas a ser artista?

-En el secundario. Yo vivía fuera del aula porque me aburría. Pensaba: “No quiero estar acá” y no lo podía evitar, no tengo formalidad o tengo la mínima para poder convivir. Me acuerdo que así como me pasa con el dibujo, me pasaba con la actuación. Yo tengo una mandíbula que la uso hoy en “Las juanas” que era la dentadura postiza de mi abuela, que se la había hecho para actuar. Yo me la llevaba a la secundaria, me la ponía y hacía dos personajes. Después con el esqueleto, por ejemplo, el profeso traía seriamente el esqueleto para enseñarnos anatomía y los huesos. Yo los hacía mear de la risa. Hacía el Payaso Burbujita, de hecho lo convertí en profesión de los 14 a los 18 años, cuando me fui del pueblo. ¿Qué mierda hacía? Tenía que actuar. Me inventé el Payaso Burbujita y animaba fiestas infantiles. Un sábado a la tarde mis amigas estaban tomando mate en la plaza y dando vueltas al pedo. Yo me iba con los globitos y era la Piripincha del pueblo.

-¿Cuántos idiomas?

-Inglés, italiano, francés y un poquito de alemán.

"Si no fuera artista sería astronauta"

-¿Si no fueras artista, ¿qué serías?

-Astronauta. Me encanta. De hecho, antes de terminar la escuela secundaria, yo te lo que decir porque es terrible. Una profesora de quinto año nos preguntó qué íbamos a hacer y cuando le dije que quería ser astronauta, se empezó a reír. Yo quería ser astronauta. Ahora entiendo por qué. Ellos están en la luna, y yo estoy en la luna igual. La mina se quedó en la luna, se me empezó a reír y por suerte uno tiene siempre esa fortaleza, soy sagitariano, pero andate a la mierda. Pero fíjate cómo a otro le dice así y capaz que lo bloquea para toda la vida.

-¿Sos la Messi o la Di María de Montes de Oca?

-Puede ser. Mi pareja me dice que sobreviví. Igual hasta el día de hoy en mi pueblo soy como la mejor, como que ya soy un personaje, pero desde siempre.