LA REGIÓN

De 2001 a 2021, una ONG les pone el pecho a las crisis en Villa Gobernador Gálvez

El Centro Comunitario Renovación Social cumplió 20 años y rememora su trayectoria solidaria

Viernes 19 de Febrero de 2021

El Centro Comunitario Renovación Social, de Villa Gobernador Gálvez, cumple 20 años y tiene mucho para contar. Esta institución, que hoy distribuye 200 desayunos a niños y almuerzo a más de 400 personas, les viene poniendo el pecho a las crisis, año tras año, gobierno tras gobierno. A fines del fatídico 2001 y principios de 2002 no llegó a dar abasto. Peleó y se recuperó. Trabajó al pulso de los vaivenes de la pobreza y la desocupación. Y en 2020, y con la cuarentena, pasó otra prueba de fuego: abastecer a la gente de su barrio con lo más preciado e indispensable: la comida. Este jueves lo celebró en su pequeño local de Pellegrini 3057 con la misma austeridad que le impone su impronta y su razón de ser. Y hasta consiguió un padrino.

Corrían los primeros meses del año 2001. Todavía no se hablaba de corralito, de cacerolazos, saqueos, renuncias presidenciales, acefalía ni descalabro institucional; pero sí de fuga de divisas, extracción compulsiva de depósitos y, sobre todo, de pobreza creciente. La castigada Villa Gobernador Gálvez no era una excepción; más bien, era un ejemplo de la problemática social que en poco tiempo alcanzaría niveles impensables.

Por aquellos días, un grupo de vecinos de barrio Cancha de Remo se juntó a ver qué se podía hacer para capear la crisis, aunque el término “capear” no sea el más indicado, porque tiene que ver con esquivar. Y ellos querían ponérsela al hombro, en la medida de sus posibilidades.

Empezaba así a crearse una institución que con el tiempo conseguiría, como dice una integrante, “su DNI”, en referencia a la personaría jurídica que le abrió a la postre otras puertas.

A leña, en un baldío

Arrancaron con una olla popular y a darle un plato diario a los vecinos y vecinas que lo requirieran, con especial énfasis puesto en los niños. El barrio era una comunidad muy castigada, y las carencias requerían redoblar esfuerzos. Se ponía dinero de los bolsillos propios, se hacían rifas; literalmente, se “pasaba la gorra” por donde fuera: Municipalidad, empresas en general, frigoríficos en particular.

Empezaron en un baldío, un predio abandonado, cocinando a leña, y con las donaciones que iban consiguiendo. “Teníamos una cantidad importante de vecinos que venía, sobre todo a medida que fue avanzando el drama social. A veces, cuando no se podía otra cosa, se hacían tortas fritas, en algunas ocasiones sólo daba para eso”, cuenta Alejandra Nader, quien admite que no estuvo desde el principio pero que rápidamente se vinculó al grupo.

Nader había trabajado siempre como empleada administrativa, tenía alguna experiencia, conocimientos sobre cuestiones contables mínimas y sobre comunicación institucional. No tardó en incorporarse. “Se repartían cartas, se llevaba un libro de cuentas, ya las cosas eran un poco más prolijas”, rememora.

Las horas más oscuras

Finales de 2001 y principios de 2002 fueron durísimos para la institución, que llegó a no dar abasto. Villa Gobernador Gálvez atravesaba, como todo el país pero potenciados, los efectos de esa crisis que abarcó lo económico, político, institucional y social.

En el año 2002 se instituyó a nivel nacional el Fondo Participativo de Inversión Social (Fopar) que distribuía asistencia a comedores comunitarios, y del que fue beneficiario Renovación Social, y lo siguió siendo pese a algunos desmanejos administrativos que tuvieron otras instituciones. “El plan fue después financiado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud). Y nosotros, junto a dos comedores más, seguimos siendo inscriptos”, dice Nader. Algo estaban haciendo bien, aunque todavía eran una simple asociación.

Tuvieron que pasar varios gobiernos, nacionales, provinciales y locales. Renovación Social no tenía personería jurídica; aunque ya gozaba prácticamente de los mismos derechos, no era del todo “legal”.

En el año 2017, ya en la gestión del actual intendente Alberto Ricci, comenzó un proceso de regularización de las instituciones, que incluyó a clubes, asociaciones civiles, otras ONG y comedores. Allí entraron los responsables de la entidad de Cancha de Remo, y lograron la personería. “Nos ayudan con los libros, nos dicen qué hacer”, reconoce Nader. Y advierte que “hay muchas instituciones que les tienen miedo a cómo llevar los papeles; y yo digo que no lo teman, porque hay mucha ayuda. La personería jurídica es prácticamente el DNI de la institución, lo que te abre todas las puertas”, afirma.

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Las cinco emprendedoras que conforman el equipo. Otras madres ayudan de manera itinerante.

Las cinco emprendedoras que conforman el equipo. Otras madres ayudan de manera itinerante.

En tiempos de pandemia

La irrupción del Covid-19 en el país, y el consecuente aislamiento social, preventivo y obligatorio, terminaron siendo una nueva prueba de fuego para la institución. Es que mucha gente quedó sin empleo, casi a la deriva, sin poder abastecerse más que con lo que otros pudieran darle.

"Antes de la cuarentena teníamos un cupo de 240 personas asistidas; después, pasaron a ser 450”, dijo oportunamente la referente de la entidad a La Capital. Hoy siguen con la misma demanda, aunque los sujetos sociales van cambiando. Al principio, tuvieron muchas empleadas domésticas y obreros de la construcción, que directamente habían perdido, al menos de manera temporaria, sus trabajos. Hoy, sigue habiendo de las primeras, porque hay empleadores que todavía tienen miedo; muchos de los segundos volvieron a sus puestos de albañiles.

Pero ahora se sumaron changarines, gente que vive del cirujeo, personas que están prácticamente en situación de calle y, por supuesto, nunca dejará de haber niños con necesidades alimentarias.

Por eso, el centro les da desayuno todas las mañanas a 200 chicos, y reparte almuerzos para más de 400 personas, entre niños y adultos. Se maneja con un sistema de viandas, porque el local es muy pequeño y, además, tienen que seguir manteniendo las distancias.

Las edades de los beneficiarios varían. En general, como dicen los responsables, no son viejos como para jubilarse, ni tan jóvenes como para depender de los adultos, pero no ingresan al mercado laboral.

Beneficiarios de la compactación

Renovación Social fue una de las instituciones que recibió fondos de la compactación de motos realizada el 12 de enero por la Municipalidad de Villa Gobernador Gálvez. En la ocasión, un lote de 408 motocicletas que estaban arrumbadas en el depósito municipal de la ciudad fue reducido. Algunas estaban desde hacía hace más de 10 años ocupando espacio y contaminando el ambiente. Fueron transformadas en chatarra y lo recaudado por su venta fue destinado a instituciones de la ciudad.

Allí entró el centro comunitario, que si bien recién recibió el depósito, ya plantea usar el dinero para comprar materiales a fines de reparar la vereda, reponer elementos de cocina deteriorados, arreglar algunas instalaciones internas y pintar las paredes.

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Diplomadas después de 20 años de trabajo.

Diplomadas después de 20 años de trabajo.

Este jueves celebraron sus 20 años, de manera austera, como corresponde a los tiempos que corren y a la propia naturaleza del grupo solidario. Estuvieron presente el diputado provincial (de Villa Gobernador Gálvez) Esteban Lenci, quien se comprometió a apadrinar el comedor por tres años ante el Banco de Alimentos, del que el centro comunitario es miembro. También fueron de la partida la secretaria de Gobierno, Victoria Culazzo, la coordinadora de Instituciones del municipio, Patricia González, los concejales Carlos Dolce y Andrea Valbuena, y por supuesto, los responsables y vecinos. Hubo intercambio de obsequios y tortas. En lo material, todo muy simple; en lo emotivo, mucho para compartir.

Como siempre, no está de más dejar un contacto para poder colaborar: 341-6-022505.

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