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Carreras: la singular idea de un viñedo en plena zona agrícola

Los hermanos Recupero, ambos ingenieros agrónomos, comenzaron hace cinco años con la plantación, asesorados por un enólogo.

Lunes 03 de Agosto de 2020

A pocos kilómetros del acceso a Carreras, yendo desde Melincué hacia Villa Constitución por la ruta provincial 90, se recorta un inusual paisaje que altera la habitual fisonomía de la pampa húmeda. Es que en un pequeño lote de algo más de una hectárea, los hermanos Gustavo y Lito Recupero implantaron un viñedo con el asesoramiento de un experto enólogo carrerense, Ariel Angelini, quien desde hace años está radicado en Mendoza. El viñedo tiene 800 plantas y a partir de los cinco años puede llegar a producir más de 1.300 litros de vinos. Hace algo más de tres años que comenzaron a desarrollarlo.

   Carreras es una localidad de alrededor de 2 mil habitantes ubicada en el departamento General López, a unos 75 kilómetros de Venado Tuerto y a 115 de Rosario. Es un distrito puramente agrícola en el que abunda fundamentalmente la soja y en segundo término el maíz o el trigo.

   En el imaginario colectivo del ciudadano de Carreras jamás estuvo la idea de que ese pueblo iba a ser conocido por tener un viñedo. A los hermanos Recupero (los dos son ingenieros agrónomos) se les ocurrió implantarlo en un campo que posee la familia a pocos kilómetros de la localidad, y a instancias del enólogo Angelini. Ninguno de los ingenieros tenía experiencia en la materia.

   Gustavo Recupero contó irónicamente que a él no se le hubiera ocurrido nunca hacer un viñedo en el pueblo, y explicó que “esto tiene un motor, un alma que es el enólogo reconocido internacionalmente Ariel Angelini, que es nuestro amigo y además oriundo de Carreras. Siempre fue su idea hacer un vino en su pueblo y siempre nos insistía con eso. El sabía que a nosotros nos gustaban estos desafíos raros para la zona, y te podría decir que ese fue uno de los motivos por el cual empezamos con esto del viñedo hace ya unos años”.

    “Estamos haciendo el viñedo en un pequeño lotecito que tenemos con mi hermano a pocos kilómetros del pueblo. Por Angelini nos empezamos a meter en el tema y a trabajar sin parar, porque es un rubro que demanda mucho esfuerzo, todo es a pulmón y con mano de obra propia”, contó. Gustavo está radicado en Rosario, pero “voy cada vez que puedo a dar una mano en el viñedo, y la verdad es que estamos muy entusiasmados”.

   “Mi hermano Lito es el que está más pendiente del viñedo y conoce cada una de las plantas. Les habla, las cuida, son como una extensión suya, y es su lugar en el mundo ese viñedo. Empezó como algo novedoso y se fue convirtiendo en nuestra pasión. Es realmente apasionante hacer vino y nos insume todas nuestras ganas y energía”, añadió.

   Los Recupero siempre hicieron vinos con un parral que tenía un amigo de Lito, y también comprando la fruta a vecinos que tenían parrales en sus casas. “Nos pasábamos comprando uvas en el pueblo y en la zona para hacer nuestro propio vino. Mi hermano Lito es el que más se dedica a hacer vinos. Yo me dedico a catarlos”, dijo irónicamente, mientras soltaba un carcajada ante éste cronista. Vinos propios recién hicieron este año.

Orgánico

El lugar dónde está implantado el viñedo se llama “Viñas El Ñato” y se lo puede divisar desde la ruta 90. “Esta plantado todo con un concepto energético. La plantación tiene formas circulares que va con lo biodinámico y toda la parte natural y orgánica, y formas piramidales que van con una parte energética. Los viñedos son totalmente orgánicos por lo que no se les coloca ningún producto químico”, aseguró el enólogo radicado en Tupungato (Mendoza), Ariel Angelini.

   Contó que la primera vez que se plantó, hace ya unos años, “fue en el mes de diciembre cuando en realidad habría que haberlo hecho en octubre. Además llovieron más de 300 milímetros. Es decir, todas las condiciones desfavorables que te puedas imaginar y a pesar de ello prendieron todas las plantas. A puro amor y venciendo todos los obstáculos”.

   Este año fue la primera vez que hicieron vino con uvas extraídas de su propio viñedo. Es un vino blanco Chardonnay muy frutado y fresco que “se podría decir que nos salió muy bien. La idea es seguir perfeccionándonos en este sentido y llegar a la máxima calidad posible”, dijo el ingeniero agrónomo y titular del viñedo, Gustavo Recupero.

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Hermanos. Gustavo y Lito están muy entusiasmados con el proyecto.

Hermanos. Gustavo y Lito están muy entusiasmados con el proyecto.

La vieja prohibición

Aunque suene raro o extraño, la provincia de Entre Ríos fue, previa a la década de 1930, una de las principales productoras de vino del país. Pero por la crisis mundial de 1930, que afectó la economía del país también, el presidente Agustín Pedro Justo, paradójicamente entrerriano, dictó la “Ley Nacional de Vinos” (Ley Nacional Nº 12.137).

   En ella se enunciaba la prohibición de la actividad vitivinícola en todo el país, a excepción de la región de Cuyo, favoreciéndola como la única productora oficial de vino. Eso sucedió a partir del año 1934 y significó la muerte de la actividad vitivinícola en el litoral argentino.

   Fue en ese entonces cuando comenzó una feroz cacería contra todas las bodegas de la provincia. Los inspectores llegaban en compañía de las fuerzas armadas y, sin mediar palabra, arrancaban las vides de raíz, incendiaban plantaciones enteras y perforaban los toneles, derramando de esta forma, la producción y los sueños de cientos de entrerrianos. Esta norma fue derogada.

Los hermanos Recupero emprendieron una iniciativa muy poco común en esta región, en esa misma localidad de Carreras que semanas atrás había sido noticia por el brote de coronavirus.

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