Azul Saita: desde Zavalla y con el sueño de llegar lejos sin negociar sus convicciones

La cantante decidió contar la difícil experiencia que atravesó a los 18 años mientras intentaba abrirse camino en la música. Hoy, recorre escenarios dentro y fuera del país y reivindica la perseverancia como bandera

10:00 hs - Lunes 07 de Septiembre de 2026

La cantante santafesina Azul Saita, reveló recientemente una situación de acoso que asegura haber sufrido a los 18 años por parte de quien iba a convertirse en su productor, cuando se encontraba en Buenos Aires preparando el lanzamiento de su carrera profesional.

A los 24, y después de mantener aquel episodio durante seis años dentro de su círculo familiar, decidió hacerlo público para transmitir un mensaje a otras mujeres y contar cómo logró continuar con su sueño artístico, sostenida por su familia y por una determinación que hoy también aparece reflejada en Campeón de la Vida, la canción que compuso junto a los suyos en homenaje a Lionel Messi.

Un sueño que comenzó a los 10 años

Azul comenzó a cantar cuando tenía apenas 10 años. Desde entonces, la música dejó progresivamente de ser una actividad para transformarse en un proyecto de vida que fue creciendo desde Zavalla hacia los escenarios de toda la provincia.

La decisión de dedicarse exclusivamente a cantar, sin embargo, no fue inmediata. Terminó la escuela secundaria y comenzó a estudiar abogacía, una carrera que todavía espera poder retomar y completar algún día. Hasta que sintió que debía elegir.

“Me senté en la cama y le dije a mi mamá que quería cantar. Sentía que estaba dedicándole mucho tiempo a algo que tal vez podía hacer en otro momento de mi vida, pero que con la música el tiempo pasaba rápido”, recordó durante una entrevista en Una Tarde Perfecta, por LT8.

Una carrera construida desde la región

Desde entonces comenzó a construir su carrera desde el interior santafesino, con una presencia cada vez mayor en fiestas populares, aniversarios de localidades y festivales.

Su nombre se volvió habitual en escenarios de distintos pueblos y ciudades de Santa Fe, mientras su propuesta fue creciendo sin perder una característica que ella considera fundamental: está pensada para toda la familia.

Esa cercanía puede verse en cada presentación. Azul suele abandonar el escenario para mezclarse con el público, cantar entre grandes y chicos, sacarse fotografías y convertir el espectáculo en un intercambio permanente.

“Tratamos de escuchar al público, sus sugerencias y los pedidos de canciones. Nuestro show está hecho según el gusto de la gente y especialmente no está pensado para una determinada edad, sino para la familia”, explicó.

El acompañamiento familiar también aparece como una constante. Sus padres estuvieron desde el comienzo detrás de una vocación que surgió cuando era una niña y continúan acompañándola en buena parte de sus proyectos y presentaciones.

Con los años, el mapa se amplió. Compartió escenarios y experiencias con referentes de la música popular, realizó presentaciones en diferentes puntos del país y llevó su propuesta también a Uruguay y Estados Unidos.

Pero detrás de ese crecimiento existe un episodio que durante seis años permaneció reservado prácticamente a su familia y que ayuda a comprender por qué la palabra “perseverancia” adquiere para ella un significado particular.

El acoso de un productor que la obligó a empezar de nuevo

Cuando terminó la secundaria, Azul comenzó a viajar a Buenos Aires con la expectativa de avanzar profesionalmente en la música. Allí apareció la posibilidad de trabajar con una persona vinculada a una discográfica que iba a convertirse en su productor.

Durante aproximadamente un año desarrollaron material para preparar el lanzamiento de su carrera. Había canciones grabadas, producciones audiovisuales, vestuario comprado y hasta lugares alquilados para realizar los videoclips. “Estuve un año grabando ahí mucho contenido. Siempre pagándolo, no es que él no recibía nada. Tengo todos los recibos en casa”, explicó.

Nada de aquel trabajo finalmente vio la luz. Según relató la cantante, durante ese período comenzó a advertir comportamientos de quien iba a ser su productor que le generaban incomodidad. La situación, sostuvo, fue progresiva. Incluso durante algún tiempo llegó a poner en duda su propia percepción de lo que estaba ocurriendo.

“Él siempre buscaba la forma, pero yo me convencía a mí misma: ‘Esto no puede ser, tal vez te estás haciendo mucho la cabeza’. Hasta que pasó”, relató.

Azul definió públicamente aquello que atravesó como una situación de acoso y contó que finalmente recibió una propuesta que decidió rechazar. Prefirió no entrar en detalles sobre lo sucedido, pero sí explicó con crudeza el dilema al que sintió enfrentarse con apenas 18 años. “Mi futuro dependía de mí. Tenía 18 años y tenía que decidir si seguía aguantándome eso, si aceptaba su propuesta”, recordó.

Su respuesta fue un “no” rotundo. La diferencia de edad era considerable. Consultada durante la entrevista, estimó que aquella persona tenía alrededor de 50 años en ese momento.

Habitualmente viajaba acompañada por su familia. Aquella vez estaba sola. Después del episodio regresó al hotel y comenzó a preguntarse qué hacer. Contarlo podía significar abandonar de un día para otro todo aquello en lo que había trabajado durante un año. Su madre advirtió a la distancia que algo no estaba bien.

“Me hizo una videollamada y me dijo: ‘Te veo mal. ¿Algo te pasó?’. Cuando me preguntó, largué todo y lo primero que hicieron fue venir a buscarme”, contó.

Volver a Zavalla y explicar un silencio

La decisión tuvo consecuencias inmediatas. No hubo canciones publicadas ni videoclips. Tampoco aquel lanzamiento que parecía inminente.

Azul regresó a Zavalla y apareció entonces otro problema, mucho menos grave que lo sucedido pero igualmente difícil para una joven de 18 años: explicar por qué aquel proyecto que todos en su pueblo venían siguiendo repentinamente había desaparecido.

Durante meses había mostrado en las redes sociales sus viajes, las grabaciones y el trabajo que realizaba. Desde Zavalla, muchos acompañaban la ilusión de verla dar un salto en su carrera.

“¿Cómo explicarle a mi pueblo, que estaba viendo todo lo que sucedía porque yo subía lo que hacía todos los días, qué había pasado?”, recordó. Durante seis años eligió no hacerlo.

“Seguramente todos habrán pensado: ‘A esta piba le fue mal, no le sirvió’. Y no. En realidad fui yo la que decidí volver. Fui yo la que decidí decir: ‘No, esto no lo acepto. Yo así no voy a trabajar’”.

Ese punto resulta central en la manera en que hoy elige contar su historia. Azul no quiere que su experiencia quede reducida únicamente al episodio que atravesó, sino también a la decisión que tomó frente a esa situación y a lo que ocurrió después.

Volver a empezar

El paso del tiempo, sin embargo, no borró completamente aquel año. La cantante reconoce que determinados recuerdos todavía aparecen. “Hay veces que me agarra que estoy mal y yo me escondo detrás del brillo que tengo”, admitió.

Una escena de una serie, determinados gestos o algunas situaciones pueden trasladarla nuevamente hacia aquella experiencia. Había pasado un año compartiendo muchas horas de estudio con esa persona, ensayando, grabando y preparando lo que suponía que sería el comienzo de una nueva etapa profesional.

Messi y una canción que también habla de perseverar

Seis años después, la vida artística de Azul la llevó hacia una historia completamente diferente, aunque atravesada por algunos de los valores que ella misma reivindica. Junto con su familia compuso Campeón de la Vida, una canción dedicada a Lionel Messi que intenta apartarse deliberadamente de los tradicionales homenajes centrados exclusivamente en sus logros deportivos.

“No fue solo la gambeta y el gol, es el ejemplo que dejaste, la enseñanza y la pasión”, dice uno de sus pasajes. Y en otro momento sintetiza el concepto: “Más que copas y medallas nos dejaste una semilla”. La humildad, la familia, el esfuerzo y la perseverancia aparecen en el centro de la composición.

El proyecto terminó llevando a Azul y a parte de su familia hasta Estados Unidos. Todo había comenzado casi como una promesa mientras jugaba la Selección argentina: si Argentina ganaba, viajarían. Después llegó la pregunta inevitable: ¿Cómo hacerlo?

La respuesta apareció, una vez más, desde su entorno más cercano y desde el mismo pueblo que la había visto crecer. “Pedimos plata por todos lados. Los vecinos nos ayudaron, así que gracias a todos los que están siempre apoyando los sueños. Creo que es porque me ven desde chiquita luchándola tanto”, contó.

Objetivo ambicioso

El objetivo era ambicioso: intentar que Campeón de la Vida llegara hasta Messi y su familia. Ya habían recorrido radios y medios en Argentina y decidieron que había que ir un poco más lejos. En Estados Unidos comenzaron a cantar la canción en los alrededores de los estadios y frente a hinchas provenientes de diferentes países.

“Ahí uno se da cuenta realmente de lo que es Messi para el mundo. Que una persona genere tanta pasión, tanto amor y deje tanta enseñanza es un honor”, expresó.

Azul no sabe si finalmente Messi escuchó la canción. Pero el viaje terminó teniendo otro significado: llevar una composición nacida en una familia de Zavalla hasta los lugares donde jugaba el futbolista rosarino al que decidieron homenajear.

Y allí aparece, salvando las enormes distancias entre ambas trayectorias, un paralelismo que excede al deporte y a la música: perseverar cuando las circunstancias parecen interponerse en un sueño y contar con una familia capaz de sostener cuando llega el momento de volver a empezar.

Es precisamente aquello que Azul quiso destacar de Messi: "no solamente los títulos y los goles, sino el camino recorrido para conseguirlos y los valores conservados durante ese trayecto".

Hablar seis años después

Azul no había planificado contar públicamente lo que ocurrió cuando tenía 18 años. El episodio permanecía dentro de su familia hasta que recientemente participó de un streaming y, durante un ping pong de preguntas, le plantearon cuál era el hecho de su vida al que nunca regresaría y que borraría para siempre.

“Lo primero que se me vino fue eso. Más allá de que intenté borrarlo o no tenerlo presente, es algo que me marcó muchísimo”, explicó. La respuesta abrió una puerta que había mantenido cerrada durante seis años. Desde entonces comenzó a hablar del tema en diferentes espacios y decidió darle a aquella experiencia un sentido que trascienda su propia historia.

Su mensaje está dirigido especialmente a otras mujeres que puedan encontrarse ante situaciones en las que una oportunidad laboral o profesional aparezca condicionada a aceptar algo que no desean.

Azul fue cuidadosa, además, en no juzgar las decisiones que otras personas puedan tomar ante circunstancias similares. Su planteo se concentra en el derecho a decidir. “Lo importante es seguir adelante y que nadie les diga lo que tienen que hacer ni que nadie decida por ustedes”, sostuvo.

Y dejó una frase que resume buena parte de su recorrido desde aquella habitación de hotel hasta los escenarios que hoy transita: “Luchen por todo lo que quieren y no dependan de nadie que les diga: ‘Che, mirá, yo te puedo hacer famosa, pero si hacés esto’. Vos podés ser famosa haciéndolo sola”.

También sabe que en su caso hubo un sostén decisivo. “Yo estaba sola en ese momento y, si no fuera por ellos, no hubiera salido adelante”, reconoció sobre su familia.

Hoy aquella chica que regresó a Zavalla dejando atrás canciones, videos y un proyecto prácticamente terminado vuelve a salir a la ruta cada fin de semana. Recorre pueblos y ciudades, suma escenarios y continúa intentando convertir aquella vocación que nació a los 10 años en su forma de vida.

Quizás por eso Campeón de la Vida terminó hablando también, sin proponérselo, de una parte de su propia historia.

Porque detrás del homenaje a Messi aparece una idea que Azul conoce desde mucho antes de escribir la canción: hay sueños que tardan, caminos que se interrumpen y oportunidades que pueden quedar atrás. Lo que no necesariamente se pierde es la posibilidad de volver a empezar.

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