La región

A medio siglo del alunizaje, el santafesino que lo vio en la Nasa

Omar Meynet es un periodista jubilado que cubrió el evento a metros del Apolo XI el 20 de julio de 1969.

Sábado 20 de Julio de 2019

Este 20 de Julio, se celebran 50 años de uno de los momentos históricos más significativos para el mundo occidental: la llegada del hombre a la Luna. Un grupo de santafesinos fue testigo en primera fila de este evento que provocó que las generaciones siguientes se volcaran a construir y visitar planetarios u observatorios.

Fue el caso en particular de los hermanos Omar y Ángel Meynet, que después del alunizaje alzaron el Centro de Observadores del Espacio (Code) a pulmón para que Santa Fe pudiera ver un poco más allá. También es una fecha que guarda especial conexión con una de las relaciones más importantes que existen entre las personas: la amistad. Que el Día del Amigo se festeje hoy, no es casualidad.

Omar es un jubilado periodista que trabajó para varios medios de la capital provincial en la cobertura del 16 de julio de 1969, día en que fue el lanzamiento del cohete Saturno V, que permitió que los astronautas llegaran en el módulo Apolo XI a la Luna. Tenía 31 años cuando presenció el despegue desde el mismísimo centro de control de la Nasa en Cabo Cañaveral, y luego el 20 de Julio, cuatro días después, el alunizaje. Ese pequeño paso para el hombre, pero inmenso para la humanidad. Con la mano sostiene la cédula que le había dado la Policía Federal para acceder a los terrenos para las aventuras astronómicas hace medio siglo. Detalla del otro lado del teléfono, desde Esperanza, cómo el 14 de julio la perdió en la playa y el mar se la devolvió un día después. "Increíble, ¿no?", remata en su diálogo con UNO Santa Fe.

—Cada vez que se acerca esta fecha: ¿recuerda todos los acontecimientos que se dieron antes del despegue?

Lo hago en nombre de dos personas, porque estábamos con mi hermano Ángel, que no está más. Recuerdo todo, desde el comienzo del viaje hasta el final. Ese día, el del lanzamiento, estábamos desde el 15 por la noche entramos a la base del Cabo Kennedy para buscar la ubicación más cercana para acercarnos a los astronautas. Ya sabíamos que a las 5 de la mañana iban a salir desde el hotel a la nave directamente, para partir hacia la luna. Hicimos una espera de unas cuatro horas, yo en el suelo al lado del portón de salida de estos muchachos y mi hermano arrodillado detrás mío, y había más periodistas de todas partes del mundo, así que se hizo un medio círculo gigante en la puerta de salida. A las 5.20 se abre el portón de la base, y salen los tres con el traje espacial. Ya estaban vestidos para viajar, y saludaron a los que estábamos ahí. Con Ángel estábamos a un metro de ellos, sin exagerar. Los fotografiamos y filmamos en su caminata desde la puerta hasta la traffic, saludando siempre. De ahí nos fuimos a ver el lanzamiento que quedaba a unos mil metros de ahí. El lanzamiento se produjo a las 9.20. El lugar asignado para verlo era una tribuna muy grande con ubicación personalizada, que no usamos con mi hermano porque nos fuimos adelante. Estábamos encima de un arenal, frente a una pequeña laguna. Del otro lado del agua, el Apolo XI preparado para salir. Cuando llega el momento había dos grandes relojes con el conteo de los minutos y segundos que faltaban para el lanzamiento.

5, 4, 3, 2... había un silencio generalizado. Calculamos más o menos unas 3 y 4 mil personas. Las radios transmitían con casas rodantes en ese momento, era impresionante. Yo estaba sentado y mi hermano parado al lado mío para hacerme sombra para las fotos. Fue impresionante. Cuando llega al cero, vemos que se encienden los motores con una llamarada tremenda. A los segundos nos llegó a los oídos el sonido del despegue, un estruendo que se siente al lado tuyo. Y permaneció ese ruido infernal por varios minutos, hasta cuando desapareció de la vista humana. La casualidad fue que el cielo estaba bastante limpio para ver el despegue, pero justo había un cúmulo de nubes que parecían puestas por el hombre. El cohete justo pasó por el centro, y las nubes se desarmaron. A lo último se vio como si fuera un pequeño cigarrillo con su cola de humo, el ruido tronador se fue disipando un minuto después que ya no lo vimos más. Desapareció a la distancia. Luego, fue todo emoción y abrazos. Con mi hermano nos revolcábamos en la arena abrazados y contentos, felices. Como si todo hubiese sido tarea individual de cada uno.

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<div>Angel Meynet presenta al Dr. Luis Ambrosio Milone del Observatorio Astronómico Nacional de Córdoba. De izquierda a derecha: Jorge Coghlan, Osvaldo Sauco, Bernardo Rodrigo, Angel Meynet, Dr. Luis A. Milone, Olayo Meyer y Carlos Meabe. Agosto de 1975</div>
Angel Meynet presenta al Dr. Luis Ambrosio Milone del Observatorio Astronómico Nacional de Córdoba. De izquierda a derecha: Jorge Coghlan, Osvaldo Sauco, Bernardo Rodrigo, Angel Meynet, Dr. Luis A. Milone, Olayo Meyer y Carlos Meabe. Agosto de 1975

—¿Cómo llegaron a ser testigos directos de ese evento?

Cuatro años atrás, habíamos llegado cuando largaron Gemini V y VI, que fue el primer acople en el espacio. Habíamos logrado la invitación de la Nasa, para presenciar ese lanzamiento. Eso dio el preámbulo para acceder al Apolo XI. Cuando se fue acercando la fecha, fuimos mangueando todo lo que se podía para ir con mi hermano para preparar el viaje. Después de Santa Fe, se agregaron Olimpio Chareli, Cornelo Ross y el hijo del director del Canal 13, Marquitos Bobbio. Aparte de LT9 hacía el pronostico en Canal 13, salía todos los días en directo. Fuimos los precursores del Code, que hoy no avanza por falta de presupuesto. Lo fabricamos en mi casa paterna. Ángel y yo convocamos a gente que esté interesada y en una noche juntamos 104 personas. Ahí nació todo.

—¿Cómo vieron la llegada a la luna?

Lo vimos dentro de la sala de operaciones de la Nasa, en los controles centrales. Había un espacio especial con tribunas pequeñas para 50 personas cada una. Estaba todo el instrumental de computación y dos pantallas gigantes en blanco y negro y en color para ver todo lo que estaba aconteciendo. Tanto dentro de la nave, como el viaje en sí. Todo filmado por el sistema que tenían ellos que llevaban en la nave. Se veían todos los detalles del alunizaje, que fue cerca de las 16 de aquel día. Con lágrimas de invictos, un griterío de alegría de técnicos y los que estábamos ahí. En el equipo técnico había más hombres que mujeres, pero había mujeres. Las computadoras eran altas, parecían aparadores. Había una central, tengo la foto en el Code, con un botón rojo. Ese botoncito fue la clave del lanzamiento. Faltando tres segundos quedaba liberada la nave y salía si o si. Antes de esos tres segundo se podía apretar si había una falla, y se suspendía la prueba. Estuve con Von Braun, que fue al que llamaron el padre de la juguetería porque fue el ingeniero que construyó el Saturno V – cohete desechable de múltiples fases y de combustible líquido usado en los programas Apolo y Skylab de la NASA–. Lo saludé, me acerqué, saqué un billete de 50 pesos que era lo que tenía en ese momento y se lo hice firmar. Lo tengo intacto como una reliquia, que me lo ha querido comprar un montón de gente pero es imposible.

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Billete de los hermanos firmado por Von Braun.
Billete de los hermanos firmado por Von Braun.

Bajaron a 4 mil kilómetros de donde estábamos nosotros. Esperamos la gira mundial que hicieron para que los conozcan y contar lo que habían hecho. Cuando llegaron a Buenos Aires fui a hacerles una nota, y conversé con Neil Armstrong y Joan Aldrin. Les mostré el especial que hicimos para contarles que estuvimos allá. Recuerdo que Amstrong me miró y dijo "Ohh yes", sonriendo. Hay un montón de cosas lindas para contar.

— Con el paso de tiempo surgieron distintas teorías, muchas conspirativas, sobre que el alunizaje nunca sucedió ¿Cómo se siente cuando las escucha?

Es ignorancia. Prefiero no enojarme. Porque me enoja que alguien diga eso. Qué la banderita se movió... lógicamente algún tipo de movimiento hubo cuando la estaban poniendo y ahí quedó, tal cual. Después dijeron que hubo fotomontaje, un montón de cosas que no. Estuve ahí, y es imposible levantar un montaje así. De por medio tenés a Rusia que estaban en la guerra fría. Que ese país no haya dicho nada que fue falso, te da una idea. Había 10 mil periodistas dentro de la base, invitados especialmente, de todas partes del mundo.

Detrás del Día internacional del amigo se encuentra un argentino: Enrique Febbraro, un masón, filósofo, odontólogo, psicólogo, doctor en Filosofía, profesor de Historia, músico, locutor y poeta que instauró el Día del Amigo luego de ver que, al alunizar el Apolo XI el 20 de julio de 1969, por una vez en la vida toda la especie humana estaba unida. Ángel contó en UNO Santa Fe en 2014: "Al año siguiente me envió un diploma en el que me reconocía como “Miembro Titular de la Comisión Permanente Honoraria Pro Día Internacional del Amigo” instaurado en 1969. Envió mil cartas a cien países de todo el mundo (de las cuales recibió 700 respuestas)".

— Cuando llega esta fecha, ¿festeja doble? Por el recuerdo de ese momento histórico, y por el día del Amigo.

Soy un tipo muy frágil cuando llega este día, me quedo a solas y me pongo a llorar un rato. Me da mucha nostalgia recordar todo.

— ¿Qué recuerda del nacimiento del día del Amigo?

Apareció Febbraro con esta muy buena idea que se cree el día del amigo, que fue aceptado. Nos hicimos amigos, sabía que habíamos ido. Nosotros no somos autores ni nada del día del amigo. Él nos pedía ideas porque nos preguntaba qué nos parecía la propuesta, y fue una votación entre amigos en un encuentro. Porque el quería escribir un libro y ponerle algo que cerrara con este encuentro. "¿Y qué mejor amigo que la Luna y la Tierra?", nos dijo. Y le respondimos que nos parecía bien, solo contribuimos a darle el sí. Mi hermano, principalmente, en forma periódica tenía contacto telefónicos. Eran amigos.

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