Juegos Olímpicos

La llama olímpica, la llama de la postergación

Este viernes debía encenderse el pebetero que daba por inaugurados los Juegos de Tokio 2020. La pandemia pospuso la cita al menos por un año. ¿Qué sienten los rosarinos involucrados y a sólo un mes de haber vuelto a entrenar en el alto rendimiento?

Martes 21 de Julio de 2020

De no haber sido porque el mundo está viviendo la pandemia por el Covid-19, este viernes estarían iniciándose los Juegos Olímpicos de Tokio. Y un poquito más atrás, los Paralímpicos. Oficialmente en realidad, porque a esta altura ya tendría que haber comenzado la competencia de fútbol, en general predecesora de las ceremonias inaugurales. Si esta nota (y este mundo) no estuviese ahora atravesada por la incertidumbre que provoca el coronavirus, también más de un lector aprovecharía para programar la alarma de acuerdo a las 12 horas de diferencia para no perderse los que se anticiparon como unos Juegos “distintos” al otro lado del mundo. Una cosa es segura: los Juegos de Tokio, postergados para 2021, serán indefectiblemente distintos, sujetos a una nueva normalidad. Se está también en estos días a un año de su inicio. Eso sí, si antes aparece una vacuna o tratamiento efectivo contra el virus. De lo contrario habrá que pensar directamente en París 2024. Pero, ¿qué piensan por estos días algunos de los rosarinos olímpicos y paralímpicos clasificados o con chances de llegar a Tokio? ¿Cómo se sienten además a casi un mes de haber vuelto a entrenar en el alto rendimiento tras el confinamiento obligatorio? Dos palabras fueron denominadores comunes en esta breve consulta: las sensaciones “raras” o “locas”. Eso sí, hay vibra positiva.

Nadia Podoroska, en tenis, tiene pasaje seguro a la competencia (pese a que tendrá que revalidarlo el año que viene con ránking) y es la única rosarina en haberlo logrado hasta acá, junto a Cecilia Carranza Saroli en vela (con Santiago Lange). Si algo distingue a la Rusa, campeona panamericana en Lima 2019, es la mesura con la que mira cada desafío. En ella no hay tiempo para lamentos. Desde Alicante, España, donde reside y donde viajo hace un mes tras hacer cuarentena en su casa de Fisherton, dijo: “No me había puesto a pensar que el viernes era el día. Desde marzo que sabemos que los Juegos no se van a hacer este año, borré la fecha de mi cabeza completamente. Así que en cuanto a ánimo y sensaciones diría que estoy muy motivada entrenando, porque el panorama para volver a las competencias es todavía incierto, en tenis se pretende que sea a principios de agosto pero al ser tan así todo trato de concentrarme mucho en mis entrenamientos”. Para Nadia, el día a día, el paso a paso, el usar el tiempo para mejorar aquello que habitualmente no se puede, es estar sacándole “lo bueno” a la situación que plantea la pandemia.

A los 23 años, Podoroska iba a hacer su debut olímpico, aunque si bien no registra más ese calendario original, sí mantiene a Tokio entre ceja y ceja: “Estuve leyendo que un porcentaje de japoneses no estaba de acuerdo con que se celebren los Juegos tampoco en 2021 y ahí que me agarró cierta cosa... «No, no», pensaba. Era como querer hacerlos cambiar de opinión”, ríe. Aunque aclara: “Obviamente hay que ver cómo avanza el virus. Sería una gran desilusión que no se hagan el año que viene, pero al fin y al cabo tampoco es algo que podamos manejar nosotros. Esperemos que se encuentre una vacuna y que el virus ceda un poco y que se puedan realizar”.

A Federico Grabich, olímpico en natación en Londres 2012 y Río de Janeiro 2016, el Covid-19, aunque suene fuerte, le dio una mano. Para cuando se anunció la postergación, Fede aún necesitaba hacer la marca y lidiaba con recuperarse de problemas en la cadera. Que no registre la fecha tiene lógica suficiente, porque se relajó: “¿La verdad? No lo había pensado, en mi cabeza ya está el año que viene y toda la sensación de este año desapareció. Estoy muy bien por suerte, hace un mes que entreno y estoy mucho mejor de lo que esperaba, estoy tirando series muy parecidas a las que tiraba cuando empezó la cuarentena y frenó el entrenamiento. Obviamente me falta muchísimo pero pensé que iba a estar mucho peor”. Y agrega: “Estoy entusiasmado, pero los Juegos no son una realidad cierta, por eso también me siento tranquilo sin saber cuándo es el límite para clasificar. Supongo que pronto se irá aclarando y vendrán los nervios lógicos por los tiempos que hay que hacer”.

Camila Arregui, de nado sincronizado, iba a buscar estreno olímpico con su compañera Trinidad López Brasesco. La pandemia paró todo y Tokio está procesado: “No sabía que ya era esta semana, nosotras estamos normal. Más que nada lamentamos lo del Preolímpico y el Sudamericano (suspendidos), que eran los objetivos más concretos que teníamos, los primeros. Ahora ya nos acostumbramos a la idea de que este año no va a haber nada y que será el año que viene si Dios quiere. No estamos ni con angustia ni con la añoranza que quizás alguien que ya estaba clasificado a los Juegos sí siente”, dice. Y cuenta sobre el tiempo que llevan de trabajo: “Estamos bien, creo ya llegando a la normalidad, a no sentirnos raras en el agua o a no sentirnos muy cansadas, por lo menos estamos pudiendo llevar todo el entrenamiento bastante bien en general”.

En el hockey de Tokio 2020, Irene Presenqui hará su tercera presentación olímpica como árbitro. Experimentada y con el espaldarazo de su profesión, la de psicología deportiva, tiene algunos aspectos más que claros: “Creo que muy pocos deportistas tienen el privilegio y el orgullo de ser olímpicos. Justamente lo que nos distingue es la manera de pensar, sentir y vivir el deporte. Uno de los valores olímpicos es la excelencia y en este momento ahí tengo puesta mi energía. En querer dentro de este contexto sacar día a día lo mejor de mí, porque de eso se trata, de construir en el presente manejando las variables que están a nuestro alcance. No puedo controlar el coronavirus pero sí puedo controlar mi actitud, sí puedo mantenerme activa y así ir avanzando camino a Tokio 2020”. Luego, hace esta salvedad: “Como psicóloga siempre les digo a mis deportistas que no es el qué sino el cómo y en esta crisis hay que tratar de encontrar la oportunidad. Si como árbitro no puedo viajar y estar en competencias internaciones que iban a ser mi preparación, lo que sí puedo hacer es entrenarme físicamente, mentalmente y en habilidades cognitivas. Ser olímpico implica vivir bajo esos valores y en este momento no sería la excepción, es en la adversidad donde hay que buscar la excelencia”.

“Es ambiguo lo que me pasa, hoy me cuesta aislarme de mi pensamiento de un mes atrás en el cual decía: «Loco, Tokio 2020 ya está, no importa, pero si no se hace en 2021 me preocupa». Pero a la vez soy mucho más optimista al respecto y no me modifica tanto el hecho del año postergado, creo que es más tiempo para poder laburar. No me preocupa y no me puse a pensarlo. Es loca la sensación, es rara, pero trato de mantenerme positivo y optimista. Ya pasó, no va a ser 2020, esperemos que sea 2021”, dice Pipo Carlomagno, quien aspira, tras Río 2016, retirarse de la natación paralímpica a toda orquesta, arriba del podio: “Entrenando me estoy sintiendo increíble, creo que vino muy bien el parate, los casi tres meses fueron importantes porque durante muchísimos años no tuve una pausa tan grande . Entonces está bien, anímicamente fue un golpe duro pero cuando volví al agua volví renovado, distinto, más maduro, con más fuerza. Se me abrió un montón el panorama. Estoy feliz, no sufrí la vuelta al agua y la estoy disfrutando como nunca. Creo que se viene un hermoso año por delante y en Tokio la rompo toda (risas)”. De paso, aprovecha la oportunidad: “Si se puede agradecé por favor a la Federación Rosario de Natación, a la provincia, a la Ardac y a mi entrenador Gustavo D’Andrea”.

Martín Arroyo, entrenador de la atleta campeona de Río de Janeiro 2016, Yanina Martínez, además clasificada a Tokio en paralímpicos, y de Brian Impellizzeri, con chances de hacerlo, cuenta que hace unos días les pasó la realidad por la cara: “Estábamos terminando de practicar y vimos en la televisión que estaban diciendo justamente esto, que ya estarían empezando los Olímpicos y nosotros hubiéramos estado seguramente a esta altura saliendo para Japón o alrededores por el tema de la adaptación. Yani se asombró y yo también”. Y reconoce que “esta vuelta costó más que de costumbre, más que cuando paramos 20 días en verano. Estamos agarrando ritmo. Costó, está costando. Es un poco confuso”. De lo malo, Martín también exige sacar lo bueno: “Rápidamente hubo que cambiar el chip y ponernos el nuevo objetivo, patearlo un año para adelante aunque siendo positivos. Si teníamos una buena puesta a punto para este año, porque se venía bien después de un buen Mundial, hay que tratar de pensar que podemos estar mejor con esta nueva puesta a punto, con un año más por delante y ojalá que se pueda dar. Es raro, nos encontramos con una situación que es poco común, pero hay tiempo y las condiciones a nivel mundial hoy en día, hasta el momento, son más o menos parejas a nivel paralímpico”.

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