Pandemia

Ya pasaron cien pacientes por el centro de aislamiento del parque Independencia

Los traslados comenzaron a crecer esta semana con el objetivo de descomprimir las salas de los hospitales

Miércoles 16 de Septiembre de 2020

Desde que se puso en marcha, allá por julio pasado, el centro de aislamiento para pacientes con Covid-19 del parque Independencia ya recibió cien pacientes. La mayoría llegó en las últimas semanas, cuando se disparó la curva de contagios de la enfermedad y el sistema sanitario empezó a mostrar señales de agotamiento. Los espacios montados en las antiguas tribunas del Hipódromo fueron proyectados para liberar camas de internación en sanatorios y hospitales, tan demandadas por estos días.

“Este lugar permite descongestionar las camas de los hospitales. La mayoría de los pacientes han sido trasladados desde el Hospital Carrasco o el Eva Perón y permanecen hasta que completen su tratamiento”, explicó Gonzalo Ratner, referente del Comando de Operaciones de Emergencias (COE) armado por el municipio al comienzo de la pandemia de coronavirus.

El centro de aislamiento se puso en marcha en abril, durante las semanas ganadas al virus en las fases más estrictas del aislamiento. Después de varias semanas de trabajo interrumpido, quedaron listas las 1.200 camas que se distribuyen entre los edificios del Hipódromo y los galpones restaurados de la ex Rural. Allí, distintos espacios permiten albergar varones y mujeres, y a menores y mayores de 60 años.

Los traslados al centro de aislamiento comenzaron a crecer en las últimas semanas. Según los datos del COE, en los edificios del parque Independencia se encuentran alojadas actualmente 21 personas con diagnóstico de coronavirus, todas en buen estado de salud. Son 12 mujeres y 9 varones que permanecerán allí hasta obtener el alta.

En los últimos quince días, los móviles del Sies llevaron hasta el centro de aislamiento 39 pacientes. El lugar se había habilitado en julio, cuando se infectó una persona en situación de calle que había llegado a la ciudad en bicicleta desde la provincia de Buenos Aires.

Entonces, 62 personas completaron las dos semanas de aislamiento en el lugar.

Una rutina estricta

La mayoría de los pacientes que ingresan al centro de aislamiento lo hacen derivados de los hospitales públicos. También desde los centros de salud de aquellos barrios donde se realizan los operativos Detectar, con objetivo de diagnosticar en forma temprana la enfermedad y evitar nuevos brotes.

“Todos son pacientes tienen síntomas leves o son asintomáticos y tienen dificultades para aislarse en su domicilio porque convive con muchas personas”, apuntó Ratner. Y llegan preparados para una estadía prolongada. Se les pide que lleven hasta tres mudas de ropa. También el celular y el cargador.

Una vez en el centro de aislamiento, los pacientes no podrán volver a ver a sus familiares que apenas podrán acercarse hasta las rejas del Hipódromo para acercarles un poco más de ropa o alguna cosa que hayan olvidado. No más que eso.

En el centro de aislamiento funciona el comedor y un espacio para recreación. Los pacientes se pueden mover libremente entre los dormitorios y estos lugares, según los horarios de funcionamiento del lugar.

El lugar elegido para montar el centro de aislamiento no fue casual. Los edificios del predio ferial y el hipódromo están rodeados de verde y no tienen viviendas cercanas. De ser necesario, hasta podría cerrarse la circulación en ese sector del parque. Ambos espacios tienen también sanitarios y vestuarios, áreas de comedor y de esparcimiento y calles internas que facilitan el acceso de vehículos. De ser necesario, las ambulancias pueden recorrer rápidamente las distancias que separan el centro de aislamiento de cualquier hospital.

También permiten alojar poblaciones diferentes en distintos espacios. Por ejemplo, la primera planta del hipódromo se habilitó para las mujeres. En la planta alta, en tanto, permanecen los varones. Llegado el caso, también se puede separar a mayores y menores de 60 años.

Zonas limpias y sucias

Los pabellones están a cargo de personal de salud (un médico y dos enfermeros) y agentes de seguridad privada. Por el lugar, envueltos en monos blancos, con guantes, barbijos y máscaras se mueve también el personal de lavandería, comedor, limpieza, mantenimiento y administración.

Todo el predio está dividido en lo que llaman “zonas limpias”, por donde transita sólo el personal, y “zonas sucias” los espacios que habitan los pacientes. En uno de esos mundos el trabajo es intenso, en el otro los días parecen más largos.

Para los trabajadores, transitar de uno a otro exige la puesta en marcha de rígidos protocolos para vestirse y desvestirse, separar los elementos de protección descartables y los que pueden reutilizarse y sanitizar todos estos elementos.

Ratner calculó que unas 50 personas trabajan en distintos turnos para mantener el centro en funcionamiento. Todos son empleados municipales que, en forma voluntaria, se anotaron para ponerle el cuerpo a la pandemia.

“Todos fueron capacitados, explicándoles la situación a las que se iban a exponer e instruyéndolos en la forma de trabajo y las medidas de bioseguridad”, indicó el referente del COE.

El trabajo, admitió, recién comienza.

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