La ciudad

Y un día Spilimbergo volvió a Rosario

El martes inaugura una muestra del consagrado pintor que incluye fotos, documentos y decenas de obras. Su nieto, Leonardo, es el curador y revela detalles clave de la obra y vida del artista

Sábado 30 de Junio de 2018

Fotos, libretas con notas, apuntes, bocetos junto a 50 obras integran Spilimbergo, dos miradas, una muestra que inaugura el martes en el Espacio de Arte de la Fundación Osde (ver aparte). Así, Lino Enea Spilimbergo vuelve a Rosario, una ciudad que lo premió, que albergó un negocio familiar y que seguramente estuvo presente en las charlas con su amigo Antonio Berni. El pintor que batalló contra el academicismo para que el modernismo sea reconocido como lenguaje vuelve a sorprender con sus dibujos, grabados y pinturas.

   La exposición busca redescubrir un Spilimbergo desde lo biográfico y visual. La muestra tomará dos pisos del espacio ubicado en Oroño 973, el quinto y sexto. El relato biográfico destaca al hombre que creó el Sindicato de Artistas Plásticos para ayudar a sus colegas, al artista que obtuvo premios en los salones nacionales y provinciales y al docente que dedicó gran parte de su vida a enseñar y que formó, entre otros, a Carlos Alonso.

   Rosario recibirá a partir del martes esta muestra de un artista consagrado, un nombre clave en la historia del arte argentino, pero su relación con la ciudad se remonta, al menos, a casi 90 años. Spilimbergo ganó en 1929 el Salón de Rosario con su óleo Paisaje (de San Juan), del por entonces Museo Municipal de Bellas Artes. La obra integra actualmente la colección del Museo Castagnino y por estos días está expuesta en la muestra 100 años de arte argentino.

   Pero además en las primeras décadas del siglo XX dos hermanos del artista, ambos boticarios, tenían una farmacia ubicada en cercanías a Corrientes y Rioja. Hermanos, bastante mayores a Spilimbergo, que muchas veces se encargaron de llevar y traer obra, en particular cuando el artista estaba en Europa en su viaje de formación.

   Fue justamente en ese viaje, cuando integró el Grupo de París, donde conoció a Antonio Berni, con quien mantuvo una relación de amistad a través de los años. De hecho, integraron el equipo que realizó el mural planteado por David Alfaro Siqueiros en la quinta de Natalio Botana y luego participaron en la realización de los murales de las Galerías Pacífico.

   El curador de la muestra es Leonardo Spilimbergo, nieto del artista. Cuando escucha la pregunta sobre la presencia de Spilimbergo en Rosario sonríe y cuenta anécdotas donde aparece Berni. "Para mí es Antonio. Tuve, creo, más contacto con él que con mi abuelo", dice.

   Es que cuando Leonardo nació su abuelo vivía en París y al poco tiempo falleció. Pero recuerda perfectamente sus travesías por Buenos Aires llevando y trayendo materiales entre Berni y su padre cuando se restauraron los murales de Galerías Pacífico.

   Leonardo habla tranquilo, pero no cesa. Cuando dialoga con La Capital responde en detalle cada pregunta y avanza más, siempre hay algo más por decir, por contar. Sin prisa pero sin pausa. Quizá en eso se parezca a su abuelo. Incansable, constante. Lino hizo dibujo, pintura, grabado. Mientras estudiaba en la academia trabajaba en el Correo y a la vez tomaba clases extracurriculares. Y escribía, todo lo escribía. "Guardo todo por si alguien algún día siente curiosidad por saber cómo ha sido mi vida", dijo alguna vez el pintor. Algunas de esas libretas donde anotaba su plan para cada día, más recortes periodísticos sobre su obra y documentos varios, se exponen ahora en la muestra que cura su nieto.

   "Se exhiben 50 obras, fotos de su vida, con contemporáneos, con alumnos, con profesores que trabajaban con él. También se expondrán algunas reproducciones de obras que están en museos y otras de pequeño formato. La parte biográfica de la muestra es más intimista. En la otra sala, unas 45 obras van a dar cuenta de distintas etapas de Spilimbergo como artista, en la académica, luego cuando se acerca al modernismo durante su viaje a Europa y después la búsqueda de su propio lenguaje y su lucha al respecto", explica Leonardo.

   Es que Spilimbergo era, según la visión de su nieto, una suerte de elegido por distintos artistas ligados a la academia. De hecho, obtiene el Primer Premio al Grabado del Salón Nacional en 1922, el Tercer Premio Nacional de Pintura del Salón Nacional en 1923 y el Premio Único al Mejor Conjunto del Salón Nacional en 1925. Con estos resonantes triunfos, adquiere un gran prestigio en el medio artístico de Buenos Aires. Sin embargo, pese a que esos logros indicaban un camino asegurado y promisorio, decide dejar todo y viajar a Europa para continuar con su formación.

   "Muchos veían en él una suerte de prototipo del artista del futuro en Argentina, era el que más destacaba, pero sin embargo renunció a todo y dijo «quiero ver qué es lo que se está haciendo, cuál es el otro lenguaje» y ahí decide ir a Europa".

    —¿El viaje fue determinante para él en cuanto a su formación pero también en lo personal?

   —Sí, claro, conoció a mi abuela, Germaine, que fue inspiradora de los grandes ojos que aparecen en su obra. Para él fue un viaje muy enriquecedor, sobre todo la primera parte, cuando recorre toda Italia, de norte a sur, va desde Milán hasta Palermo. Y después se concentra en la Toscana, ahí se empapa del Renacimiento y el arte etrusco.

   —También fue clave su formación en París, asiste a las academias libres...

   —Asiste a la Academia de la Grande Chaumière. El tiene una particularidad, es el único artista del Grupo de París que no viaja becado, viajaba pagándose él, en parte con el dinero de los premios que había obtenido, por eso él necesita estudiar, hace doble turno. A la mañana va a la Chaumière y por la tarde al atelier de André Lothe, ubicado en pleno Montparnasse. En esas instancias es donde concreta su contacto más puro con el modernismo, su búsqueda a través de (Paul) Cézane, porque era lo que transmitía Lothe. Él sale a la búsqueda de ese lenguaje moderno y después cuando vuelve a Buenos Aires va justamente en búsqueda de su propio lenguaje.

   —El gana en el 27 en un salón de Santa Fe y luego en el 29 en un salón de Rosario, obra que luego integró la colección del Museo Castagnino y que justamente ahora está expuesta.

   —Sí, tal cual, es una obra lindísima y tiene mucha historia. El se va a Europa casi consagrándose y vuelve como un artista moderno hostigado, criticado y castigado.

   —¿Tan así fue?

   —Sí, porque todavía los jurados estaban dentro de lo que él consideraba una etapa anterior: lo académico. El decía "Buenos Aires ya tiene las esculturas de (Antoine) Bourdelle y todavía el salón tiene jurados y críticos que son netamente académicos". No aceptaban el ingreso de lo nuevo. Yo creo que mi abuelo fue el gran precursor del movimiento moderno en Argentina, porque él se basa en tres aristas. El expone las composiciones, acá tenemos muchas de ellas, la naturaleza muerta y la figura. Toma esos tres elementos que eran muy propios del modernismo. Después se dedica a la enseñanza, quería transmitir el movimiento a sus alumnos, y por último plantea la transmisión de la obra sobre papel. Dice que mucha gente va a las muestras pero los óleos llevan meses de trabajo. Posiblemente hayan sido fundamentales para los envíos a los salones, pero todavía la gente no está preparada para comprar obra de esa magnitud. Por eso dice que hay insertar la obra sobre el papel para que sea accesible y la gente pueda llevársela a su casa. Esos tres puntos que él sostiene dan cuenta de un artista que aportó mucha fuerza para que el modernismo tenga su lugar en el país.

   —Vos decías que la obra que integra la colección del Museo Castagnino tiene una historia en particular, ¿por qué?

   —El se cruza con León Pagano, crítico que publica en La Nación. Tengo la réplica de la carta que le manda, advierte sobre el poder que tiene en La Nación para criticar, pero no de una manera constructiva sino sólo para hostigar a un movimiento que estaba surgiendo. No tengo la respuesta de esa carta. Tengo 15 mil documentos de mi abuelo. Pagano decía que le habían regalado el premio en Rosario porque se estaba muriendo de hambre. A mi abuelo le costaba, ya en el 24 había dejado de trabajar. Pero esa es una de las mejores obras que tiene el movimiento moderno argentino, es una obra increíble. Ahí queda marcado lo difícil que fue para Spilimbergo introducir este nuevo lenguaje y todo lo que tuvo que enfrentar.

   — Trabajaba muchísimo, hizo pintura, grabado, mural, daba clases.

   —Era imparable. O sea, él era un verdadero artista, se dedicaba todo el día al arte, por eso no hacía política. Hay muchos mitos referidos a mi abuelo, nunca se afilió al Partido Comunista, como se dice. Él no hacía política, se dedicaba al arte, sobre todo llegó un momento en que se dedicó mucho a sus alumnos. Para él era muy importante el tema de la enseñanza.

   —Bueno, como lo fue para él que aceleró los tiempos de su aprendizaje.

   —Exactamente, cuando estuvo en París, en tres años hizo doble turno. El ha dejado escrito mucho. Escribía cómo iba a ser su día. Cuando el estudiaba en la academia en Buenos Aires salían de ahí con (Alfredo) Bigatti, (Antonio) Gargiulo y (Ricardo) Musso y tenían un taller en la calle Chile y ahí hacían desnudo. A él le gustaba mucho el dibujo y generalmente dibujaba con los escultores, porque decía que estaban todo el tiempo en el dibujo. Era muy amigo de Bigatti. Por la mañana se levantaba muy temprano y se iba a Palermo, hay expuesto en esta muestra un óleo de Palermo, donde estudiaba con Quirós. Encima trabajaba en el Correo.

   —¿Y cómo era su carácter?

   —Yo conocí mucho a sus discípulos, era de carácter bastante fuerte. Era muy solidario. La gran anécdota es lo que ocurre en el año 33. Llega (David) Siqueiros con todos sus planes de pintar los silos de La Boca y no lo dejan, y al final termina haciendo el mural en el sótano de la casa de Natalio Botana. Pero antes de eso, Siqueiros llega y junta a todos los artistas, venía de México de armar un sindicato de artistas con (José) Orozco y (Diego) Rivera, entre otros. Mi abuelo no lo conocía, todo esto lo escribe, yo tengo las libretas de mi abuelo, él escribía todo. Siqueiros llega, junta a todos los artistas y dice "vamos a armar el sindicato de artistas". Y dice vamos a preparar el estatuto y luego hay otra reunión y ya no aparece. A mi abuelo la cuestión no le gustaba mucho, no le gustaba mezclar la política. El sí pensaba que a los artistas había que ayudarlos, tratar de conseguirles materiales, un lugar para que puedan desarrollar su trabajo. Y en la segunda reunión Siqueiros no va, se dice que está preso, envía un representante de la política y mi abuelo junto a otros artistas se oponen, y lo terminan rechazando. Así Spilimbergo junto a otros artistas redactan un estatuto muy claro en lo que refiere a la ayuda al artista y la enseñanza. Él se pone todas las noches a enseñar a los artistas porque uno de sus pilares era transmitir lo que él había aprendido en Europa y no pudo resistirlo porque lo molestaron mucho, él quedó como estigmatizado por Siqueiros, le mandaban la policía, lo ponían preso, y él decidió dejar eso que en un momento fue formar un sindicato en defensa del artista para que pueda trabajar con todo lo necesario.

   —¿Y cómo era su relación con Berni?

   — Tuvo una muy buena relación, en la parte biográfica de la muestra se da cuenta de eso. Hay fotos de ellos dos juntos. Berni era más joven. Botana lo convocó a mi abuelo para el mural, sabía lo que había hecho en París y le pide que traiga dos ayudantes y él elige a Berni y (Juan Carlos) Castagnino, fue a través de él que se incorporan. Yo creo que ese mural es uno de los mejores que hizo Siqueiros, creo que tiene un lenguaje muy especial, yo veo ahí mucha mano de mi abuelo en el dibujo. Está su impronta en ese mural. Fue particular esa historia porque Siqueiros vino queriendo sumar al muralismo, de posicionar al mural como obra pública y terminó haciendo un mural para un millonario. Yo creo que mi abuelo se arrepintió, aprendió mucho, pero lo estigmatizaron mucho con la izquierda y sufrió mucho en la persecución, cuando en realidad él se quería dedicar a la pintura. En esa época era así, se creía que el pintor era de izquierda. Mi abuelo fue un hombre muy libre. No le gustaba que le dijeran lo que tenía que hacer. Prueba de eso fue que en la década del 40 acepta ser jurado en un salón porque había una mujer a quien no le querían entregar el primer premio y planteó que no podía ser que se siguiera discriminando a la mujer en el arte. Era Raquel Forner, y se lo dieron.

   —¿Qué sentís hoy al venir a Rosario?

   —Es una ciudad que tiene mucha cultura, muy linda, es un orgullo traer a mi abuelo acá. Y claro estoy en Rosario y recuerdo a Berni. Yo lo recuerdo mucho, cuando restauró Galerías Pacífico yo era el emisario entre mi padre y Antonio. Yo tendría 15 años, iba y venía de una casa a otra con el rollo abajo del brazo, tengo más recuerdos compartidos con Antonio que con mi abuelo.

Entre Buenos Aires y París

Lino Enea Spilimbergo nace en Buenos Aires, en 1896. Ingresa en la Academia Nacional de Bellas Artes en 1915 y la finaliza en 1917, con el título de profesor nacional de dibujo. Los seis años de duración de la academia los formaliza en sólo tres. Después de sus clases, con varios compañeros concurren a un galpón que alquilan para trabajar y perfeccionar el dibujo de la figura humana. Spilimbergo además trabajaba en el Correo.

   En 1922 obtiene el Primer Premio al Grabado del Salón Nacional, el Tercer Premio Nacional de Pintura del Salón Nacional en 1923 y el Premio Único al Mejor Conjunto del Salón Nacional en 1925. Estas distinciones le otorgan gran prestigio en el medio artístico de Buenos Aires. Todo indicaba que tendría un camino asegurado y promisorio, pero decide dejar todo y viajar a Europa para continuar con su formación.

   Llega a Italia como un artista académico. Consagra su tiempo a estudiar a los artista italianos de los siglos XIV y XV. Luego se instala en París. Asiste a la Academia de la Grande Chaumière y al Atelier de André Lhote. Participa del denominado Grupo de París junto a Aquiles Badi Horacio Butler, Héctor Basaldúa y Antonio Berni. Obtiene el Primer Premio Adquisición de Pintura del IV Salón Anual de Santa Fe, en 1927.

   Regresa a Buenos Aires en 1928 y pasa de ser un artista académico reconocido a ser un artista moderno resistido. Poco a poco introduce su nuevo lenguaje. Obtiene el Primer Premio de Pintura en el Salón de Rosario en 1929 y el Primer Premio Nacional de Pintura del Salón Nacional en 1933. Llega su consagración a los 37 años y con ella la fortuna de poder vivir definitivamente de su arte. Obtiene el Primer Premio al Conjunto en el XX Salón de Acuarelistas, Pastelistas y Grabadores en 1934, el Premio Adquisición de Pintura de la Comisión Nacional de Cultura, y el Premio del Salón de Acuarelistas en 1936, el Gran Premio de Pintura y la Medalla de Oro al Grabado en la Exposición Internacional de París, y el Gran Premio Nacional de Pintura del Salón Nacional en 1937, el Primer Premio Municipal del Salón Municipal de Buenos Aires en 1939, el Primer Premio Municipal del Salón Municipal de Buenos Aires en 1943 y el Primer Premio Adquisición en 1944. Es nombrado Académico de Número de la Academia Nacional de Bellas Artes en 1956, se instala en París en 1960. Fallece en Unquillo, Córdoba, en 1964.

   "Con esa fuerza que tenía consiguió casi todos los premios. Era tal la fuerza de su pintura que se hablaba de salones spilimbreanos, todos lo seguían. Creo que eso lo transmitió en sus logros", destaca su nieto y curador de la muestra, Leonardo Spilimbergo, a cargo de la investigación y del montaje de esta exposición y de otras que fueron presentadas en Nueva York, Washington, Buenos Aires y Tucumán, entre otros sitios.

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