La ciudad

"Voy a sonar cursi, pero lo pienso: se puede prescindir de todo, menos del amor"

Marcelo Birmajer presentó su flamante novela, "El Club de las Necrológicas", en librería Ross. "A partir de los avisos fúnebres se puede tratar de reconstruir como fue esa vida", contó el escritor

Jueves 30 de Agosto de 2012

Marcelo Birmajer llegó a Rosario para compartir con sus lectores el lanzamiento de su nueva obra, "El Club de las Necrológicas", en la librería Ross. La novela cuenta una historia de amor con ribetes de tragedia que se revela a partir de un aviso fúnebre publicado en un diario. Tiene suspenso y romance y atraviesa el pasado reciente del país, que se cierne sobre los personajes como una desgracia.

"Voy a sonar cursi, pero es lo que realmente pienso: podemos prescindir de todo, menos del amor, para que la vida tenga algún sentido necesitamos del amor, que es muy efímero ese sentido pero es imprescindible", contó Birmajer en diálogo con La Capital, en relación a la anécdota que cuenta "El Club de las Necrológicas".

"Después con el oficio se puede hacer que la novela parezca un policial, que tenga suspenso, que la muerte sea el disparador de la muerte y el suspenso, pero tenés que resignarte a que toda historia que cuentes sea una historia de amor, por ausencia o por presencia", abundó el autor, entre otros títulos, de "Historias de hombres casados", "Un crimen secundario" y "Jugar a matar". 

El disparador de la historia es el encuentro de un grupo de amigos en un bar que leen avisos fúnebres a modo de entretenimiento. "El Club de las Necrológicas existe, es un grupo de muchachos, argentinos, judíos, sefaradíes, que se reúnen en la Recoleta a conversar y cada tanto, pero invariablemente, leen necrológicas", contó Birmajer.

"Creo que llegamos a una edad, tengo 45, casi 46 años, en la que no nos queda muchas cosas por hacer -añadió-, ya muchos se casaron, muchos se separaron, no tenemos fantasías, estamos desencantados, cada tanto nos viene a la cabeza la certeza de que tenemos que entregar el equipo en algún momento y la muerte ya no es ese miedo fatal sino una posibilidad más".

"Ellos leen necrológicas como si leyeran el suplemento de Espectáculos o una revista de chismes", afirmó a modo de explicación Birmajer y añadió: "Por más que le hayamos quitado el dramatismo la muerte no sólo sigue siendo el desenlace de toda nuestra historia sino un misterio, un prodigio, un momento único en la experiencia humana".

"A partir de las necrológicas se puede tratar de reconstruir como fue esa vida, como esas películas que empiezan por el final y son un largo flashback que te cuenta como se llego a eso. La necrológica específica que es el punto de partida de la historia existió, me la contó este grupo, a partir de ahí desovillé la historia", insistió el escritor.

"Ser escritor es divertido, sin lugar a dudas, ahora si está bueno, porque mejora la calidad de vida, no, es un trabajo extremadamente complicado", comentó sobre su actividad señaló Birmajer. "De mi libro 'Un crimen secundario' vendí más de 200 mil ejemplares, va por 23 ediciones, del año 93 hasta hoy, si viviera en Estados Unidos yo ya podría estar en la hamaca paraguaya -siguió-, escribiendo un libro por año sin tener que dedicarme a ninguna otra cosa, pero yo la verdad es que tengo como quince laburos, no puedo en ningún momento pensar en el futuro, vivo el día a día nunca tengo hambre pero nunca estoy tranquilo".

"La Afip me trae todo tipo de exigencias y problemas, tengo permanentes deudas y pagos impositivos, no hay ningún tipo de ventajas para el que se dedica a la actividad creativa", se quejó el autor, que ayer ofreció una charla animada en la tradicional librería de la peatonal Córdoba, donde además firmó ejemplares de su flamante novela, "El Club de las Necrológicas".

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