Calle Córdoba fue protagonista de las transformaciones de la ciudad. A lo largo del siglo XX, esta arteria tuvo cambios radicales y las cámaras lo registraron
Jueves 28 de Noviembre de 2024
El centro de Rosario cambió con el tiempo y calle Córdoba fue la testigo de esas transformaciones. Desde aquella callecita de tierra y mal iluminada, pasaron muchos años y muchas historias. Ahora es, indudablemente, una arteria fundamental y el escenario principal de la vorágine rosarina.
Calle Córdoba se llamó así desde siempre. A diferencia de aquellas que fueron cambiando su nombre como Mensajería (Juan Manuel de Rosas) o Puerto (San Martín), la arteria que recorre la ciudad de oeste a este tomó su denominación por ser el antiguo camino que conectaba a Rosario con la ciudad cordobesa.
Con el paso del tiempo, Rosario dejó de ser aquella ciudad santafesina de casitas bajas de algunos miles de habitantes y experimentó un crecimiento demográfico desorbitante. De hecho, para 1910 ya era una localidad cosmopolita con un sistema portuario-ferroviario que generó fuertes ingresos económicos que cambiaron la fisonomía urbana.
Lentamente, las viejas casas dieron lugar a edificios suntuosos que ostentaban la opulencia de la burguesía rosarina. En contraste con los barrios humildes de la periferia, en el centro se erigieron palacios, hoteles y mansiones. En la década de 1930 se levantaron dos estructuras que forman parte de la clásica postal rosarina: el palacio Minetti y la Bolsa de Comercio, a pocos metros de distancia una de otra.
La década de 1940 inauguró un nuevo momento para la ciudad. El despegue de las industrias locales y el aumento del consumo hizo que el centro se llene lentamente de vidrieras y locales que ofrecían sus productos a los rosarinos.
De hecho, una de las postales más entrañables es la que muestra un centro repleto de carteles. Un caos de anuncios, luces y colores formaban parte del paisaje urbano. Hoy esa imagen ya no existe a raíz de las diversas ordenanzas que prohibieron su existencia. Sólo quedaron aquellos que fueron considerados históricos o con un valor particular como el de la librería Ross o Sorocabana.