La ciudad

"Va a llevar mucho tiempo levantar los escombros que dejó esta gestión"

Florencio Podestá es Doctor en bioquímica, investigador principal del Conicet y estuvo al frente del Centro de Estudios Fotosintéticos y Bioquímicos. Hace quince días fue designado como director del Conicet Rosario

Lunes 15 de Abril de 2019

En 1990, Florencio Podestá completó el último año de su doctorado y, ante la imposibilidad de seguir su carrera de investigador en el país, viajó a Canadá. Volvió tres años después, cuando fue uno de los apenas seis especialistas que logró ingresar al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Hace quince días, este doctor en bioquímica y hasta entonces director del Centro de Estudios Fotosintéticos y Bioquímicos (Cefobi), fue elegido por sus pares para llevar adelante el Centro Científico Tecnológico Rosario, la unidad del organismo que la semana pasada estuvo en boca de todos por el cupo impuesto al ingreso de jóvenes investigadores, que dejó fuera de carrera al 80 por ciento de los postulantes.

"Va a llevar tiempo levantar los escombros que ha dejado esta gestión", advierte Podestá, pero sostiene que a diferencia de aquellos tiempos cuando el ex ministro de Economía Domingo Cavallo los mandó a lavar los platos, actualmente "los investigadores están dispuestos a salir a pelear por sus derechos".

El Cefobi es el instituto de investigación más antiguo de los trece que actualmente integran el Centro Científico Tecnológico Rosario. Tiene sus laboratorios en un sector de la facultad de Bioquímica de la UNR, donde trabajan unas 90 personas —entre investigadores, becarios y personal de apoyo— que debieron instalar heladeras en los pasillos para poder aprovechar mejor el espacio y, a veces, hacer cola para ir al baño. La construcción del nuevo edificio para el centro de estudios quedó detenida hace varios años. El esqueleto gris, en medio del predio de Ocampo y Esmeralda es otra postal de la crisis.

Podestá dejó la dirección del instituto en diciembre cuando el resto de los directores lo eligieron para conducir el Conicet Rosario. Sin embargo pudo asumir su cargo hace quince días. "La resolución del Conicet llegó muy demorada, porque está todo bastante parado. No sólo en las gestiones que pueden resultar más burocráticas, sino también en áreas que resultan clave como en sectores de vinculación, que nos permiten gestionar nuestra relación con el sector privado, la elaboración de convenios o llevar adelante el tramite de una patente", explica.

—¿Qué consecuencias tiene que se alarguen de más estos trámites?

—Muchas. Por ejemplo, que los convenios se frustren, porque los tiempos de las empresas privadas son otros. Y cuando uno demora años, inclusive se puede perder la originalidad de los inventos. Realmente es una pérdida económica grande, pero también perdemos una de las funciones fundamentales del Conicet que es crear ciencia para volcarla a la sociedad, producir una utilidad para la sociedad. El área de vinculación tecnológica es muy importante porque es lo que nos permite devolverle a la sociedad lo que la sociedad invierte en nosotros.

—Problemas de gestión, falta de presupuesto y protestas de becarios por el recorte de ingresos. En este contexto, no parece un buen momento para llegar a un cargo de autoridad en el Conicet...

—No es un buen momento para hacerse cargo de esto. Pero bueno, cuando hay plata todas las cosas parecen fáciles. Yo asumí como director en sociedad con María Cristina Carrillo, y aclaramos que no vinimos acá a hacer administración. Vinimos a desarrollar políticas, como una extensión de nuestro papel como científicos. En este momento estamos planeando a futuro, planeando que cuando tengamos un gobierno al que le importe la ciencia —no digo que le importe más, porque a este gobierno directamente no le importa— volvamos a tener la relevancia que hemos tenido. Eso es un desafío y es un desafío que se puede hacer en estas épocas de malaria. No es un tiempo bueno, pero es un tiempo para hacer cosas y nosotros estamos organizados. Hay un movimiento de científicos que empezó hace unos años y se decidió a dar pelea. Para mí es algo novedoso en el Conicet, porque en los 90 cuando también hubo intentos de desmantelarlo, la actitud de los investigadores fue muy pasiva. Fue muy difícil mover a los investigadores que habían estado cómodos en sus laboratorios haciendo sus experimentos que salieran a pelear por sus derechos.

—¿Esa actitud cambió?

—Cavallo nos mando a lavar los platos y no hubo demasiada protesta. Hoy en día nosotros podemos ver los becarios, los científicos jóvenes organizados frente al Conicet haciendo propuestas, pero también a los directores de las unidades ejecutoras movilizándonos.

—¿Cree que hay un intento de desmantelar el Conicet?

—La situación es asfixiante: en el 2015 terminamos con mil millones de dólares de presupuesto hoy en día tenemos 350 millones para hacer lo mismo que antes. Va a llevar un tiempo levantar los escombros que ha dejado esta gestión. Y me refiero a la gestión del gobierno central, pero también del secretario de Ciencia y Técnica y del presidente del Conicet, porque quedándose en sus cargos de alguna manera avalaron esta destrucción.

—¿Los cupos al ingreso de investigadores que se conocieron esta semana son parte de esta política?

—Este año hubo un cupo de 450 ingresos, la mitad que en el 2015. Y hay que aclarar que esos 900 ingresos no eran una cosa que se sacaba de la galera, sino que había un plan estratégico que especificaba un determinado crecimiento en la masa de investigadores en un lapso de tiempo. Pero además era estratégico porque se especificaban las áreas que querían que se desarrollen. Eso era una política de Estado, eso se ha dejado de lado. Es muy triste.

—¿Cuáles son los costos de esto?

—A nivel personal para muchos jóvenes puede significar una tragedia porque son mucho años que pasan hasta el momento en el que uno se presenta a la carrera de investigador. Son jóvenes que tienen los méritos para entrar a la carrera y no entran por una cuestión de presupuesto. Entonces invertimos como país un montón de plata en su formación y ahora les decimos que se quedan afuera. Algunos terminarán haciendo carrera en el exterior, se llevan su tema de investigación con ellos, no lo van a desarrollar en el país, es un drenaje que nosotros como país pobre que somos no podemos permitirnos. En la temprana y hambrienta India, el dirigente Jawarlal Nehru dijo "somos demasiado pobres para darnos el lujo de no invertir en ciencia". Y hoy los hindúes han desarrollado de forma maravillosa su ciencia y su técnica, manejan todo el ciclo de la energía nuclear, tienen satélites, han mandado sondas a la luna. Todavía hay hambre, pero ellos están en el buen camino. Cuando miramos esos países, nos damos cuenta lo que perdemos cuando dejamos ir al 80 por ciento de los jóvenes que quieren hacer ciencia.


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