La ciudad

"Uno viene a Rosario a ver artistas locales y no un Picasso"

El director del Museo Castagnino, Raúl D'Amelio, anuncia una megamuestra en la que se expondrán unas 500 obras de la valiosa colección del organismo. Ocupará las dos sedes.

Sábado 17 de Marzo de 2018

Hay dos obras de Raúl D'Amelio que integran la colección del Museo Castagnino+macro. Son paisajes, según su propia definición. En ambas, la fotografía fue la herramienta de expresión. Una se llama Tierra plana, "un horizonte de colores, en seis partes". La otra se llama Hand, y es la foto de una mano de una mujer muerta. Plantean dos momentos personales y diferentes del autor e ingresaron hace más de 15 años. Hoy, D'Amelio es el director del museo y se enfrenta al desafío de imprimir otra dinámica a la gestión y lograr que comience el proceso de ampliación de su edificio. En ese marco, el museo, con sus dos sedes, albergará una megamuestra que busca representar 100 años de arte argentino. D'Amelio quiere que se reconozca al Castagnino dentro del desarrollo del arte del país. Unas 500 obras, todas de la colección, están en proceso de puesta a punto para exhibirse de la mano de seis curadores. "El Castagnino tiene y necesita mostrar su colección cada vez más, es a lo que apuesto y en lo que creo", afirma.

   D'Amelio asumió como director del museo a mediados del año pasado, luego de ganar un concurso. Desde entonces acompañó las muestras que venían en marcha. Ahora presentará lo que puede verse como la primera exposición de su gestión. A partir del lunes el Castagnino permanecerá cerrado al público hasta el 11 de mayo cuando inaugure la megamuestra. Entonces, el museo, ya en toda su superficie, será tomado por un trabajo de hormiga, que comenzó mínimamente hace algunas semanas: sacar de las reservas (depósitos) la obra disponible para que los curadores puedan diseñar y planear la exposición, que tendrá tres ejes, dos de ellos expuestos en la sede de Oroño y Pellegrini y el restante en el Macro (Oroño y el río).

   Pero ese trabajo no es sólo la mirada de los curadores sobre la colección sino que consiste además en sacar cada una de las obras de los depósitos y revisarlas. Esa revisión implica no sólo su recatalogación sino también el reconocimiento de su estado y la restauración en caso de que así lo amerite. Ese "trámite" es seguido de cerca por los curadores que eligen lo que les interesa para mostrar, investigan, guionan y diagraman montajes.

   La tarea sirve, a la vez, para reacondicionar las reservas, sellar sus techos vidriados para evitar el polvillo, poner a punto los carritos donde están guardadas las obras, entre otras tareas. Pero lo que más entusiasma es la sorpresa, dejarse sorprender por obra que nunca fue mostrada, autores menos conocidos que, quizá, esperaban este momento para salir a las galerías,

   "Esta pintura, por ejemplo, parece que tiene otro nombre, distinto con el que fue catalogada", señala una restauradora cuando La Capital se acerca a observar su tarea, durante una recorrida por el museo. La especialista rastrea cada rincón del cuadro para buscar pistas, huellas que ha dejado su autor.

La jugada

El director del museo está ansioso, dice que es su primer gran desafío en la gestión pero se muestra convencido sobre las razones de la exposición, que permanecerá en galerías por cuatro meses.

   En su concepto de lo que debe ser un museo aparecen distintas aristas. Dice que, a riesgo de ser tildado como conservador, un museo debe mostrar lo que tiene. Por eso la megamuestra, y en el caso del Castagnino esta exposición busca romper con la división Buenos Aires y el interior.

   "Esta muestra coloca al Museo Castagnino en un nuevo rol con respecto al arte argentino, suena pretencioso, pero la idea es discutir un nuevo foco sobre la historia del arte argentino que tiene que ver con el museo y su colección. Es un poco ponerlo en espejo con lo que pasa en el resto del país, sobre todo Buenos Aires", dice.

   Y si bien el Castagnino es reconocido por la abundancia de su colección, D'Amelio señala que "esto va más allá de la cantidad, tiene que ver con la calidad y con Rosario vista como polo de desarrollo artístico, independiente de Buenos Aires. Esa es la jugada", se entusiasma.

   Los cien años a los que hace referencia la exposición rememoran el inicio de lo que fue en los comienzos la idea de conformar una colección que luego, con el paso del tiempo, fue la piedra fundacional del museo.

   100 años de arte argentino, tal el nombre de la muestra, estará dividida en tres etapas. La primera va de 1918, cuando esa colección empizó a gestarse, hasta al 68. Sus curadores son curadores son Guillermo Fantoni y Adriana Armando. "El 68 es un año clave, está el ciclo de Arte Experimental, está Tucumán Arde; en el 69 ocurre el Rosariazo; o sea, es una época fuerte, contundente, es una marca", señala el director. Agrega que se mostrarán las obras denominadas "clásicas" ( (Berni, Fontana, Schiavoni, Fader, Musto, Schiavoni) pero serán exhibidas con sus contextos sociales, históricos. De hecho, dentro de la colección hay cuantiosa documentación que también se buscará exponer. A este universo se sumará obra que nunca fue mostrada. Esta etapa se montará en la planta baja.

   En el primer piso irá la segunda etapa, del 68 al 2000, y la curaduría estará en manos de Roberto Echen y Nancy Rojas. Del movimiento de fines de los 60 las escenas se trasladarán a la previa de 2001 pero también al inicio de lo que fue conformar desde el Castagnino una colección de arte contemporáneo que devino en la creación del Museo Macro. Justamente desde allí se extenderá la tercera parte de la muestra curada por Clarisa Appendino y Carlos Herrera.

   —¿Por qué es necesaria esta muestra?

   —Esa pregunta dispara la cuestión del marco conceptual que queremos darle a esta nueva etapa, es un nuevo punto de partida. Me parece que va abrir el abanico a un montón de situaciones. Es una muestra que enfoca muchísimo sobre el arte de Rosario. Y coloca al Museo Castagnino en un nuevo rol con respecto al arte argentino. Suena pretencioso, pero es discutir un nuevo foco sobre la historia del arte argentino, que tiene que ver con el museo y su colección. Un poco es ponerlo en espejo con lo que pasa en el resto del país, sobre todo Buenos Aires.

    —¿La muestra tendrá actividades extra?

   — El proyecto pretende en principio empezar a trabajar muy fuertemente con el área de educación del museo, unas de las áreas que más desarrollo estoy tratando de darle. Creo que el Castagnino tiene y necesita mostrar su colección cada vez más, es a lo que apuesto, y en lo que creo. La planta baja va a permanecer más tiempo, aunque con alguna rotación de obra, porque, ¿qué le brindamos al mundo nosotros? Lo propio, lo más auténtico que tiene, sus propios autores. Uno viene a Rosario a ver artistas locales, no un Picasso.

Los tiempos

La megamuestra inaugurará el 11 de mayo y el Castagnino permanecerá cerrado a partir del lunes hasta esa fecha, para poder trabajar sobre la colección. El Macro, que inaugurará en simultáneo, cerrará a partir de abril. D'Amelio advierte que necesita explicar las razones, la tareas a abordar son complejas y de una cuantía que, dice, es necesario evaluar.

—¿La muestra no se podía armar antes?

—No hay manera de hacerla si no cerramos el Castagnino porque tenemos que armar arriba y abajo y sacar la obra de la reserva, es una muestra muy grande, implica a unas 500 obras, hay mucha documentación, Tucumán Arde, Arte Experimental, todo el trabajo con el Di Tella. Hay muchos documentos de esa época, eso es difícil de trabajar. Eso también es parte de la colección y queremos mostrarlo. Estamos trabajando también en la gráfica, tratando de ver si podemos aplicar algo de multimedia. La visita 360 también. Queremos implementar pantallas táctiles para trabajar información complementaria, esa es la idea. Trabajar también sobre los autores. Además se está filmando una película sobre el museo. Se van a proyectar avances del filme. Y vamos a editar un libro papel y digital. Quiero que ese libro esté en todas las escuelas. La muestra también va a permitir relanzar el área educativa que ahora funcionará como un sistema dinámico. Todas las personas que trabajan en contacto con el público están incluidas en educación. Así, alguien que corta un ticket de entrada tendrá la información de lo que pasa adentro y después rotará como guía, Entonces habrá otro trato con el visitante, quiero otro vínculo con los visitantes.

—¿Por qué planteas que educación es uno de los ejes?

—Porque me parece que los museos tienen hoy un rol fundamental en la sociedad. Y los de arte tienen una llave que quizá no tienen otros, el arte es un comunicador por naturaleza. Tiene una llegada a diferentes públicos de distintas maneras. Tenemos un nuevo rol que está atado a la educación. Implica brindar herramientas para entender el mundo de otro modo, que el visitante se lleve algo siempre cuando lo recorra. Si podemos lograr que esa experiencia sea transformadora en el momento, sería lo mejor que le podemos brindar a ese visitante.

Lo que viene

La muestra 100 años de arte argentino abre el plan de trabajo de D'Amelio para el museo. Sin dudas si "la jugada", como él la llama, logra ubicar al Castagnino en su real dimensión en el mapa cultural del país, será clave en sus gestiones para la necesaria ampliación del edificio de Oroño y Pellegrini. Plan que fue concursado y tiene un proyecto ganador que espera recursos.

"Ese es otro gran foco de trabajo, que va en paralelo a lo anterior. Si concretamos el punto de partida de la ampliación, el Castagnino se transformará en un museo internacional", asegura.

—¿Hay avances sobre el tema, qué pasa con la financiación?

—Se avanzó muchísimo, y sí hablamos de recursos. El proyecto ya está entregado a Planeamiento. Ahora empieza una conversación con distintos actores.

—¿Pero se van a inaugurar otras muestras en el año?

—Sí, claro. Después de la megamuestra, al Macro vendrá una muestra de Roberto Jacoby, sobre la que ya estamos trabajando. Después, será el turno del tradicional Salón Nacional y para febrero de 2019, por un convenio con el Teatro Cervantes, se va mostrar una obra de Sebastián Villar Rojas, el dramaturgo y artista, hermano de Adrián. En Castagnino después de esto viene una exposición que se llama Aquellos bárbaros, que implicará revisitar el comienzo de los 80, con obra de la colección y obra invitada de artistas que tuvieron que ver con ese momento, todos rosarinos.

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